27 de octubre de 2010

Néstor Kirchner, convicción y carácter

Por Lorena Ledesma

Temprano, mientras se desarrollaba el Censo Nacional en Argentina, nos sorprendió la noticia del fallecimiento del ex-presidente Néstor Kirchner. Tomábamos mate, a la espera de la visita del censista, cuando lo oímos por la radio. Rápidamente fui a encender la tv para informarme con más precisión. Hablaban allí de lo sorpresivo del deceso, pero en el fondo no es algo que nos haya tomado totalmente por sopresa, pues todos sabíamos que tenía su salud comprometida. Durante su mandato nos informamos de cada una de sus intervenciones y tratamientos y seguimos su evolución con preocupación.

Sorprende porque duele, incluso a los que no estábamos del todo de acuerdo con su forma de hacer política. No duele específicamente la muerte de un ex-mandatario, sino la figura pública que conocimos, que oimos reir, hablar y protestar en los medios.

Su muerte se produjo alrededor de las 9.30, producto de un ataque cardíaco. Se hallaba junto a su esposa y actual presidenta en su casa del Calafate, en el sur del país. En seguida empezamos a ver en los distintos medios una cadena de condolencias respetuosas por parte de adherentes y opositores. Los periodistas mostraron algo de prudencia al principio evitando la especulación política, pero luego intentaron tirar de esa cuerda. Me enorgullece la rotunda negativa a generar polémica. Me gustó ver tanto respeto desde los diversos medios, no inmiscuyéndose en el dolor de la familia y sus seguidores más fieles. Esa es una actitud a rescatar porque da cuenta que algo de humanidad queda en nosotros.

También se improvisaron biografías para repasar su trayectoria, de modo que en pocos minutos parecía que su vida pasaba por nuestros ojos y oídos. La muerte en general duele y conmociona. Las palabras de condolencia y las imágenes cotidianas, probablemente entregadas por algún compañero de la facultad, traspasan la tv y angustian. Veo a dos jóvenes abrazados en un centro de estudiantes. Cristina se deja abrazar por Néstor y sonríe muy alegre. Ver a un político en su vida cotidiana conmueve y hace olvidar por un rato sus obligaciones, sus culpas y responsabilidades públicas.

Néstor Kirchner asumió la presidencia de la República Argentina con poco más del 20% de los votos. Prácticamente era un desconocido en la arena política nacional, pero se supo ganar su lugar con gracia y carácter. Fue el que nos sacó de la profunda crisis económica y normalizó la democracia, tras la sucesión de interinatos que prosiguieron a la estrepitosa caída de Fernando De la Rúa. De momento, sobre su gobierno no pesan demasiadas críticas, por haberse ido sin usar la posibilidad de la reelección. Su relevancia para nuestra historia política es indiscutible, marcó un rumbo que a muchos disgustó y lo hizo a su más puro estilo. Kirchner fue un reconocido protagonista de nuestra historia que dedicó su vida a la política y murió haciendo política. Sus compañeros, con profundo dolor, hablan hoy de su fuerza, su férrea convicción y su ascenso desde los sectores humildes, como descendiente de una inmigración reciente de gente que venía por el sueño de una vida mejor.

La última declaración que oí en la televisión lo destacó como "un hombre que puso el corazón en lo que hacía, algo poco usual en estos tiempos en el que todos juegan livianito". Qué ironía de la vida.


2 comentarios:

  1. Aqui a los politicos con el perfil de Kirchner los asesinan antes de que puedan hacer algo. Aqui no se puede ser politico, honesto, comprometido e inovador,por que te dan un tiro en la cien. Y se escudan tras la hipotesis del asesino solitario enojado con el sistema. Algo que como la historias nos ha enseñado, siempre funciona. Que bueno que este hombre tuvo el coraje y la oportunidad de hacerlo. Una pena que haya muerto, pero no somos de hule. Bueno es que dejara algo para el futuro aunque el ya no este.

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  2. Sumando y restando, se percibe que Kirchner le hizo mucho más bien que mal a la Argentina. En el recuerdo quedará su estilo distendido, algo desdeñoso y sus clásicos atrasos. Podía dejar esperando a papas, reinas y primeros ministros.
    Valoro sobre todo su carácter. Templó a la Argentina en uno de sus momentos de mayor efervescencia social y tuvo el coraje para bajar de todos los pedestales y humillar a los dictadores militares argentinos.
    Un aspecto aparte y digno de admiración, es el afecto que en forma genuina y hasta tierna se expresaron durante toda su vida en pareja con Cristina Fernández.

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