16 de noviembre de 2010

Cigarras en la solapa

JORGE MUZAM -.

Normalmente siento poco aprecio por las teorizaciones literarias. Usualmente no aportan nada relevante. A los buenos lectores nos basta y sobra con leer la obra de un autor, no los comentarios y disquisiciones que ella origina.

Hago la salvedad de los escritos de Harold Bloom, Umberto Eco e Italo Calvino, que, partiendo del análisis de obras clásicas, pasan a ser nuevas e importantes obras en sí mismas.

Hace poco conocí a Manuel Gayol, un escritor y teórico literario cubano avecindado en Estados Unidos. Es el editor de la prestigiosa revista literaria virtual Palabra Abierta. Una persona amable, erudita y muy crítica de la situación política de su país. He tenido el privilegio de leer varios de sus sólidos escritos sobre diferentes autores. Sin embargo, no he opinado públicamente nada, porque estimo que ni una palabra mía significaría un aporte al acabado trabajo expuesto. Al igual que lo sucedido con Bloom, Eco o Calvino, sus textos pasan a ser nuevas obras artísticas cerradas.


Reflexionando sobre este punto, me asomé de pronto hacia una ventana de mi infancia. Un caluroso verano de comienzos de los ochenta, con cigarras en los encinos y carpinteros picoteando los manzanos, y en mis manos, un arrugado libro de Charles Dickens. Fue el verano que conocí la miseria y la grandeza de Oliver Twist. Un verano inolvidable, donde las cigarras y carpinteros quedaron adosadas para siempre a la solapa del escritor inglés.

4 comentarios:

  1. Esa ventana de tu infancia debe permanecer abierta. Por más análisis que se hagan al estilo de tal o cual escritor, de esta o aquella obra, cada uno es diferente, personal, intimo. Eso lo convierte en nuevo para nuestros ojos y los del mundo. Y como bien dices, cada analisis es una obra nueva en si misma.
    Indiscutiblemente cada libro leído se va acomodando en nuestra memoria, tener presente el momento en el que lo tuvimos en nuestras manos, el ambiente, los sonidos. Es como una maquina del tiempo.

    ResponderEliminar
  2. De la misma forma, Julio Verne tiene sabor a cereza y García Márquez sabe a queque con esencias de limón.

    Los temporales y nevazones del invierno de mi infancia azotaban también a Chéjov y a Dumas hijo.

    La máquina del tiempo sigue encendida, querida Lulymeth.

    ResponderEliminar
  3. El libro que más me ha gustado de Charles Dickens es Grandes Esperanzas, aunque es muy triste. Me lo lloré todo.

    ResponderEliminar
  4. Yo me quedaría callada ante todos los que leo y sigo si tuviera que discutir sus teorías, por eso al comentar opto por contar alguna intimidad o experiencia... No sé si sirve o si vale... Del leer en blogs o sitios similares disfruto que me hagan evocar cuando no refexionar intimamente sobre algún tema... como suele decirse, que te dejen pensando/soñando o bien colgado.

    ResponderEliminar

*