9 de noviembre de 2010

Historietas del silencio

LORENA LEDESMA -.

Cuando empecé a perder la esperanza me aferré a un lápiz y un papel. En un cajón de mi escritorio tenía siempre una resma de hojas blancas esperando que le diera un uso digno que justificara el deterioro a la ecología que conllevaba su elaboración. No sé cuál podría ser el uso digno de una hoja de papel, pero a mí me servía para canalizar mis frustraciones. Dibujaba durante horas en una habitación semi oscura. Imaginaba mundos imposibles y situaciones surreales en las que no faltaba el sexo y la violencia. Hice extrañas historietas durante cinco años llegando a la increíble suma de 1000 páginas ordenadas y perfectamente diagramadas. Las presenté a unas pocas personas de mi confianza. La mayoría coincidió en que estaban bien hechas y la trama era sólida. Compré entonces lapiceras estilográficas y pasé una por una esas hojas hechas a mano alzada. Remarqué ojos tristes, cuerpos estilizados, pétalos de rosas, alas de palomas, edificios y automóviles. Con la computadora rellené fondos y corregí líneas.

Me sentí muy contenta cuando lo terminé, pero pronto me arrepentí y pensé que no estaba bien hecho. Todas esas hojas, todo ese conjunto de papel malgastado y tanto tiempo perdido me pareció un esfuerzo inútil y sin sentido. Lo guardé en una bolsa y puse los archivos en un cd. Una semana antes de decidir mi regreso a Corrientes rompí hoja por hoja y destruí el cd.

Esta tarde aburrida recordé cuántas tardes aburridas perdí el tiempo inventando un escape de la realidad.

2 comentarios:

  1. Debo reconocer que cuando leí este correo quedé tristemente perplejo. Tal como lo he hecho otras veces, lo sustraje y lo convertí en un texto independiente. La creación tiene un valor difícil de describir en palabras. Imaginé lo que había en esas mil páginas, repasé episodios, diálogos y rostros. Di vuelta hoja tras hoja y me encontré con historias humanas profundas y divertidas, personajes extravagantes, mariposas parlantes y plantas que recitaban de memoria a Nietzsche.
    Sé que nunca lo volverás a hacer, y aunque intentaras rehacerlo, no sería exactamente igual. Como si Da Vinci hubiese quemado la Mona Lisa para calentarse en un frío invierno.

    Un abrazo grandote mi querida Lorena.

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  2. Desgraciadamente no puedo dar garantías de que eso no vuelva a suceder... Es posible que ese exterminio sea una forma peculiar de volver a empezar y retornar a la alegría del día a día.

    Un gran abrazo Jorge.

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