13 de julio de 2012

Hombre radio

CLAUDIO RODRÍGUEZ MORALES -.

Durante años sintiendo lo mismo y jamás lo había intelectualizado hasta ahora. Creo haber dado con la madre del cordero, con el origen del problema, pero sin que esto sirva de mucho. Las soluciones me duran menos que un suspiro. El descubrimiento es el siguiente: funciono como las antiguas radios con perillas, esas donde el éxito de la audición se relacionaba con la destreza del dedo índice para ubicar en el espacio justo. Ni un milímetro a la izquierda ni a la derecha. Cualquier desviación traería un ruido ensordecedor, como las tempestades del fin del mundo. Más aún cuando se trataba de una emisora en onda corta como la Radio Moscú o como cuando intentaba escapar de la sequedad de Puente Alto hacia el sonido marítimo de las radios de Valparaíso. El trabajo lo debía hacer uno mismo, el dedo índice, a lo más el pulgar, a veces con acierto y otras con esfuerzo.

Con la llegada del control (cuando hablé del control remoto mi hija me hizo blanco de sus burlas), las cosas cambiaron y la sintonía llegó sola. Claro, si es que había tal sintonía. Aquella radio que no está disponible, simplemente no existe. Algo así como la lógica del capitalismo.

Pero yo sigo siendo un hombre radio. Los días en que logro sintonizarme adecuadamente todo andará sino bien al menos fluido. El orgasmo mañanero, el desayuno, las micros vacías, el flirteo correspondido, sonrisas generosas de mujeres en flor, trabajo automático y sin presiones, el orgasmo nocturno reparador y un buen sueño. En caso contrario, si ando desintonizado, todo saldrá mal, como hoy día, en que intento sintonizarme escribiendo estas líneas para escuchar la onda corta de mi vida o la brisa marina de las últimas vacaciones. Pero sólo hay un ruido ensordecedor.

14 comentarios:

  1. Hoy estoy con mis sentidos hambrientos de narrativas de cuentos del vivir, recuerdo las radios, sintonizar buscar la perfección del audio y lograr ese triunfo un éxtasis. Las Radio aún existen... botadas por el camino es solo recoger y darle vida, en cada viaje llego con varios cómo le dicen cachureos y hoy me llego la sintonía de onda corta con un pequeño chillido de la radio am.1972 de Talca.

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  2. Recuerdo la contrariedad que sentía cuando iba yo a la secundaria y quería sintonizar aquella estación donde transmitían los hits poperos del momento. El Marantz de la casa tenia una perilla grande para sintonizar, o al menos para intentarlo. La aguja subía y bajaba por los números marcados en el display, pero mi estación no aparecía.
    Cuando al fin escuchaba: Son las doce y media en la ciudad de México, veintiocho grados centígrados.
    Nadie era más feliz que yo.
    A veces querido Claudio, solo hay que cambiar las pilas o sacar la antena. Y aunque los megahertz son ladinos y escurridizos, a veces, escuchar algo de estática, no es tan malo.

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  3. Los cachureos talquinos agradecen la atención dispensada, amiga M... vamos a seguir tu consejo, Lilymeth, y sacar la pilas y antenas oxidadas, a ver que resulta...

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  4. Estuve pensando, igual y solo necesitas moverte de lugar, quiza tu radio tenga mejor señal dependiendo del sitio en que te encuentres.

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  5. Fui fanático de la onda corta... hoy prefiero www.shoutcast.com

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  6. Entonces escuchabas a Volodia Teitelboim en el programa "Escucha Chile"... somos dos, amigo Alex...

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  7. Somos tres entonces. Después de terminada La Bandita de Firulete en radio Portales, se movía la perilla hacia la onda corta y nos disponíamos a escuchar extasiados y a oscuras esa voz prohibida desde Moscú.

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  8. En casa la radio como la tele la maneja la jefa, digo mi madre. Mucho no me importa porque no encuentro ni en su deambular por las diversas emisoras una que me gusta. Las radios dicen al ritmo que se escribe en la prensa, que sí leo. Sucede que hay una "legal" asociación ilícita multimedial que está en vigencia desde que nací. Además la música que me gusta la tengo recopilada en cds que antes fueron cassettes.
    Sin embargo hay un sólo programa que me hace parar sobre la mesa en busca de la sintonía perfecta. Cada medianoche busco el programa que una vez escuchara con mi papá y que le acompañó en sus largos viajes por el país. En él escucho tango, me río con los delirios de un porteño existencialista y enamorado del amor, oigo historias escabrosas de la monarquía europea. Durante años ese fue mi momento de mujer de radio. Ahora que vivo tan lejos que la señal nacional no llega y las emisoras locales morirían antes de pasar un programa con tanto arraigo rioplatense, me conformo con descargar sus programas por internet. Me modernicé y lo puedo escuchar a cualquier hora y sentada en la silla.
    Sintonizo sólo con ese programa, en general sintonizo poco no sólo con la radio sino con la vida y la gente que me cruzo a diario.. ¿seré yo? Me parece que tengo la antena rota.

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  9. Por lo visto, las mujeres y hombres radio se dan por legión... no estoy solo en el universo...

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  10. Trasnochando me acerqué a comentar.. o contestar.. que NO estás solo!! Pero mi pensamiento se había desviado de la cuestión y en realidad pensaba al gritar eso que yo me siento menos sola al leer esto como reflejo de lo que me sucede a diario, pero también que me siento menos sola desde que cuento con tu sincera amistad- Eso es irse por las ramas :) Pienso y actúo condicionada por la interferencia de mis propios sentimientos.. Good night.

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  11. Requeteloco10/8/11

    si radio no funka mejor es tirarla al tarro y comprar un plasma tv. la tv people es lo que abunda en estos tiempos.

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  12. La frase estamos en la misma sintonía como curtimos la misma onda tienen mucho más sentido pensándolo desde esta perspectiva. Breve joyita su relato.

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  13. Muy buen texto... me ha encantado. Creo que sí... hay que ser claros y precisos. También a la hora de definir. El muy rico idioma que manejamos nos permite decir de mil maneras, todas ellas adecuadas, sugerentes y directas, lo que pensamos o sentimos.

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  14. Muy buen texto... me ha encantado. Creo que sí... hay que ser claros y precisos. También a la hora de definir. El muy rico idioma que manejamos nos permite decir de mil maneras, todas ellas adecuadas, sugerentes y directas, lo que pensamos o sentimos.

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