9 de noviembre de 2010

Los culebrones que no fueron

JORGE MUZAM -.


La voracidad comercial de los canales de televisión en Chile no tiene contemplado un margen de sentimentalismo ni deferencia para con sus espectadores cuando son muy pocos.

Costosos dramas fueron sacados del aire apenas empezaban a despegar en la audiencia. O se gana rotundamente o se elimina. Esa parece ser la consigna. De esa forma, sacaron del aire la teleserie "Santiago City", con la que la televisora privada Megavisión intentó competir con los otros canales grandes durante los primeros noventa. Se percibía que era una historia interesante, y entre sus guionistas estaba el talentoso cineasta Helvio Soto. No fue suficiente y la teleserie fue arrancada de cuajo de nuestra floja emocionalidad contemplativa vespertina.

Más tarde, el poderoso canal católico haría lo mismo cuando intentó incursionar con la exhibición de teleseries venezolanas. Hasta entonces era el único canal que no lo había hecho, pues, habituado a ser y a parecer el medio más clasista de Chile, había desdeñado el-para ellos- rasquerío venezolano. Pues igual se sumaron con "Toda una dama" y el resultado fue casi cero puntos de rating. Se exhibieron sólo cuatro capítulos.

El mismo canal le dio mucho bombo al estreno de la teleserie argentina "Don Juan y su bella dama", particularmente porque contaba con la actuación protagónica del chileno Benjamín Vicuña. El resultado fue otro fiasco de audiencia, y la teleserie fue borrada de la historia televisiva nacional.

Paralelo a ese incidente, TVN repuso la vieja versión de Martín Rivas, una joya para quienes nos gustan los clásicos apegados a las obras en que fueron basadas. Pero también lo sacó al segundo capítulo por bajo rating.

Esta falta de respeto total con el televidente se ha mantenido inalterable en el tiempo. Hoy no es posible confiar en la programación de ningún canal abierto. De ahí que estén proliferando en todos los horarios horrorosos y burdos pastiches que le rinden culto a la vulgaridad y la idiotez. ¿Será eso lo que quiere realmente el gran público o es eso lo que intencionadamente se les da por algún motivo sospechoso?

Por mi parte, tanteé la felicidad cuando Chilevisión exhibió en el horario nocturno de veranos pasados un conjunto de teleseries brasileñas de época como "Doña Beija", "Siete mujeres", "La esclava Isaura" y (a mi juicio la mejor de todas) "Chica Da Silva".

4 comentarios:

  1. Uff ¡ Un tema que da mucho para hablar. En cada país los monopolios televisivos van en corriente a la influencia política o religiosa. Como las hojas secas a la corriente del viento.
    Aquí afortunadamente, solo tenemos dos televisoras nacionales, y digo afortunadamente por que de ser mas, seria mas la basura que se le vende a la gente.
    Televisa y Tv Azteca son primos hermanos, lo que saca uno, el otro lo copia en su formato y lo transmite y viceversa. A la hora de la comida se transmiten programas de concursos. Donde te prometen miles de pesos, y al final eres afortunado si te llevas una cantidad minima. Mi hermana fue a un casting de un programa así, no le llamaron por que de las cuarenta preguntas, se las supo todas.
    Yo tampoco le hubiera llamado.
    Por la noche las telenovelas inundan los cerebros de las amas de casa y de sus proles, que tienen que fumarse lo que ve la señora dueña del palacio.
    México ha sido un gran exportador de basura telenovelera, de Chespirito, de Eugenio Derbez, pero, en fin, cada quien sus gustos.
    Que bonito seria que mi sueño de una televisora independiente con ideas frescas, se volviera realidad, pero es sueño de opio Lilymeth, ya te dije que dejes de fumar esa cochinada.

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  2. Es que la Chica Da Silva, es otra cosa! (La serie no la vi).
    Y en relación al tema, tan de acuerdo que ya no veo los culebrones. Ni el fútbol. Ni el faranduleo. Ni al Moai con mejor colita de Chile. Ni los combates. Ni etc.
    Ahora veo, los culebrones que a veces se arman en Facebook, en las entradas en discusión, a veces medio vanales, a veces recórcholis de atrayentes. Y todo va a dar a una espcie de contracrítica de la contracrítica contracrítica.
    Y entonces quién quiere culebrones?

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  3. Yo admito que si no estoy enganchada a algún teleculebrón será porque han bajado al nivel del betún y no porque haya subido mi nivel intelectual (de ama de casa y fodonga, jajaja, ojo Lilymeth). En mi pasado oscuro, confieso haber sido voyeur de más de una anaconda propia del Pleistoceno. Desde mi "más tierna infancia" me acostumbré a un desfile de mucamas llorosas preñadas por el señorito de la casa, abuelitos mudos que no terminan de morirse ni de decir quién fue el verdadero padre de Albertico Limonta, de negras con el alma blanca y blancos con el alma negra (Lucecita, La señorita Elena y varias otras cubanadas de Delia Fiallo). Formado ese primer paladar acridulzón mío, a base de lágrimas y caña, pasé a la telenovela mexicana para tragar más de lo mismo, sólo que ahora eran inditas enamoradas del niño mimado, algunas de ojos azules como Vero Castro, la de "Los ricos también lloran". Mi estómago se fue preparando para alimentos más serios a medida que empezaba a leer autores europeos y a escuchar rock alternado con salsa. Ya de universitaria y a punto de emanciparme de las teleculebras, salió la primera venezolana de contenido social, "La señora de Cárdenas", escrita con realismo por un gran dramaturgo venezolano, y de tema muy nuevo: la realidad poco glamorosa de una mujer que se divorcia a los cuarenta años porque el marido le es infiel y la trata mal. Fue un hito de los años 70; el continente latinoamericano estaba preparado para algo más consustancial. Los mexicanos salieron a competir con "El Maleficio", donde Ernesto Alonso encarnó a un rico hombre de negocios que tiene pacto con un diablo precolombino. Abrió el paso a varias telenovelas filmadas en lugares mágicos como Oaxaca o Chiapas, y de nuevo todos enganchados al televisor, hasta la intelligentsia de los respectivos países latinoamericanos que a escondidas las veía. Agotada esa veta, los peruanos nos entregaron a una Lolita limeña y pícara, precusora de cuanta ninfeta hoy puebla la tele mexicana. Para remate y ya como un desafío, ya que el género parecía agotado, entraron al ruedo los brasileños con esa sensualidad rotunda de su bella gente. Colombia nos trajo a la vuelta de siglo una serie de telenovelas inolvidables, como Café con aroma de mujer, donde gozamos del vallenato cantado por Carlos Vives, y paso a paso llegamos a Madre Luna, con la portentosa Amparo Grisales y un ramillete de hombres a cual más guapo, y entramos al mundo rural del narco colombiano. Y seguiremos la pista de la telenovela, cuando el género se recupere del impasse ocasionado por la intrusión del marketing gringo en la telenovela, cuando ésta vuelva a sus raíces como heredera del teatro siglodoresco, de las tradiciones orales indígenas y africanas, y de las celebraciones callejeras de los virreinatos.
    Mariaeu

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  4. Xica da silva no la dieron completa en argentina, se la dio dosificada y pronto la levantaron. Una pena.

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