8 de noviembre de 2010

Sutil melancolía

CLAUDIO RODRÍGUEZ MORALES -.
Sé que estás sumido en un período jodido que, aunque no sea dolor físico, de igual forma duele y vaya de que forma. No podría decirte que intentes vivir sin depresión, porque eso sería caer en la lógica del Padre Gatica… Sin embargo, te aconsejo darle vuelta a dos palabras que, hasta ahora, me han hecho maravillas: “sutil melancolía”. Efectivamente, una sutil melancolía como la contenida en ciertas películas europeas o en la ambientación de algunas novelas negras a la hora de enfrentar lo que la puta vida se trae entre manos para nosotros. Tanto para lo bueno -que siempre es efímero- como para lo malo -que parece eterno- la sutil melancolía evita caer en el nihilismo absoluto de no hacer nada, porque se trata de una amante comprensiva que deja la puerta abierta para hacer algo con los segundos que quedan y ponerse en movimiento, aunque sea unos centímetros… En el caso nuestro, como escritores, un movimiento que se traduce en darle otro poco al pasatiempo de juntar letritas y palabritas… Recuérdalo: sutil melancolía, que combate las depresiones, pero también le pone una cuota de distancia a la euforia, salvo que se trate de un orgasmo, porque eso es un derecho humano y no se le niega a nadie.

7 comentarios:

  1. Así es. En cierta ocasión, en un viaje, conocí a un peruano casado con española con la que llevaban varios años casados, como yo misma. Nos habíamos conocido en Cuenca, la Ciudad Encantada, con motivo de un seminario turístico del que el peruano era ponente.
    El caso es que en ese tipo de encuentros se hacen buenas amistades con la gente lo que propicia situaciones como la que voy a referir.
    En un momento dado me pregunta, yu tú ¿estás casada?, y antes de esperar mi respuesta me dijo que él sí lo estaba, "felizmente casado", añadió.
    No sabes cuánto me alegro le contesté, y ¿tú? volvió a preguntarme. Yo, como soy muy sincera y abierta, me quedé unos segundos pensando y le respondí, pues yo estoy "melancólicamente casada", lo que enlaza perfectamente con el tema de tu post. No sé si lo ves así, pero así lo veo yo.
    Saludos españoles.

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  2. Segunda parte sobre el comentario anterior.

    A los dos días de la anécdota que cuento, llegaba la mujer del peruano a pasar el fin de semana con el grupo. Acababa de llegar y una vez las presentaciones y saludos ellos dos se dirigieron a su coche creyendo que nadie les observaba. Nada más quedarse a solas comenzaron a discutir violentamente echando llamaradas por sus ojos. Parecía que se querían comer uno al otro. Me quedé bastante sorprendida y, cuando tuve oportunidad de encontrarme con el peruano sin su mujer le dije: ¿con que felizmente casados?
    Las risas de ambos fue la respuesta.

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  3. La anécdota con tus amigos, amiga Concham, confirma mis certezas de esta pseudo teoría científica - psquiátrica que me usurpara Muzam de un correo perdido... un gran abrazo...

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  4. Delicioso texto. Ha sido un placer leerlo.

    Elena Hernández

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  5. Gracias Elena, un placer...

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  6. Concha, me hizo mucha gracia la anécdota que cuentas porque yo he vivido algo semejante. No te creo cínica ni yo lo soy tampoco sino justa. Me refiero también a que es difícil dar, en casos como los de un matrimonio que casi no lo es (o que no lo es) con la palabra justa, la que ajusta al caso. "Melancólicamente" es un adverbio que parece pelearse con "casada", pero la realidad es que las peleas contínuas a través de las décadas (no años) suelen dejar como saldo una realidad de antagonismo pasivo, melancólico. Una melancolía en el alma, ese fluído negro y viscoso que la empoza.

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  7. Ah! A este post lo leí hace tiempo.. qué raro que no lo haya comentado siendo que ese en mi pasatiempo preferido y casi mi oficio -sin importar que lo haga bien o mal, guste o no. El caso es que esta noche lo recordé, incluida la anécdota que diera lugar al delicado consejo, porque me hace falta volver sutil a mi natural melancolía.

    Abrazos.

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