13 de noviembre de 2010

Te quiero sin la "i"

JORGE MUZAM -.

Hace pocos años sólo usaba una máquina Olivetti para escribir. Mi primera y única máquina. Pequeña. Barata. Llegué casi justo en el momento en que dejaron de fabricarla y expiraron para siempre. Pero la compré pese a todo. La pagué en 3 cuotas. Era celeste.

Fue poco antes de que Amparo huyera de su hogar para vivir conmigo en el gran Santiago. Arrendamos una habitación bastante fea al final del patio de una casa de Conchalí. Yo tenía algunos ahorros y pude comprar una cama, un velador, una cocinilla, un mueble de cocina y un closet. No necesitábamos más. Los primeros meses fueron sexualmente intensos. Amparo era una delgada y perfecta muñeca morena. Medía un metro 58, pesaba 48 kilos, tenía las piernas largas, los pechos precisos, el culo perfecto y la piel más limpia y delicada que nunca vi en otra mujer. Su cuerpo parecía haberse quedado detenido en los 18 años.

El tecleo de la máquina de escribir era el único ruido que inundaba la habitación en los momentos en que no nos estábamos amando. Amparo nunca reclamó y hasta se dormía sin problemas contemplando con cariño a su rudo escritor en plena labor creativa.

Pasaron algunos años, más felices que tristes, y nos separamos. Ella se quedó en ese lugar un tiempo más. Pronto me reemplazó. La máquina quedó allí y nunca más la volví a ver ni tampoco a Amparo. Antes de irme le di un golpe desesperado a la pequeña máquina y la dejé sin la letra "i".

El último mensaje que le dejé escrito parecía algo ñoño a causa de esa carencia vocal:

Te qu ero. Nunca podré olv darte.

7 comentarios:

  1. En esos momentos primeros, Jorge, cuando uno comienza una relación, con más sueños que realidades, con más ilusiones que concreciones, nos basta cualquier sitio, cualquier espacio por pequeño, feo o cutre que sea, porque la miopía del amor y su presencia lo cambia y lo llena todo. Es más, mientras más pequeño es el sitio y más dificultades pasamos, más fuerte e intensa es esa relación.
    Hoy escribir es diferente a esa época. Le falta el romanticismo del tac, tac, tac, de las teclas de la máquina golpeando contra el carro.
    Aunque a ésta le falte la I.

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  2. Qué poco importa la falta circunstancial de una letra, cuando el sentimiento se intuye con el alma a pesar de las circuntancias que dieron por terminada esa relación.
    Un amor inolvidable y tal vez por ello eterno. Eso ocurre contadas veces en la vida, tu recuerdo es un tesoro.

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  3. Que importatente es querer, aunque solo se tenga una cama y un mueble para la ropa, una mesa coja y un par de sillas.
    Quien no ha empezado sin tener nada, no sabra las mieles del querer en abundancia, sin condiciones, sin saber que nos depara el futuro, si volveremos a estar juntos mañana. Del sexo dulce que ilumina las madrugadas.
    Que importante es querer aun cuando anda uno pobre de vocales.
    Que importante es tener un recuerdo asi, aunque nos hayan remplazado y la casita se haya desocupado. El tiempo no existe.

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  4. Conmovedor. No hay que dejar escapar al amor. Ya vendrán otros, estoy segura.

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  5. Anónimo6/3/11

    Linda historia de amor, de las que no se olvidan nunca.

    María

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  6. Nunca podré olvidarte, lo leo y recuerdo tu post titulado Celos retrospectivos.. trazo un paralelismo entre ellos.. Qué complejo, cuántos sentimientos y sensaciones se entre cruzan. El olvido no es un acto volitivo..

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  7. Lo he leído con bastante retraso, sin embargo no deja de parecerme un texto perfecto, creíble, auténtico. Felicidades maestro de la palabra...

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