7 de diciembre de 2010

Cíclopes


JORGE MUZAM -.

Cíclope fue el título que Claudio Rodríguez le dio a una de sus novelas. Al leerla, es posible percibir en el protagonista de la novela una mirada política muy similar a la que ha manifestado el autor a lo largo de su vida. Sin embargo, Rodríguez tuvo la suficiente honestidad y perspicacia de explicitar narrativamente lo que él estima sólo como una mirada más, como un anhelo de enrielar la vida de las personas de cierta forma, como un feroz enristre contra el punto exacto donde percibe el origen de la injusticia y los baches que perpetúan y agrandan los privilegios de los ricos y el despojo de los pobres. Es un ojo que ve lo que puede más allá de la nubosidad densa de las emociones.

Un obrero dificilmente se pondrá en el lugar del empresario que ha capitalizado con esfuerzo, honestidad, imaginación y actitud temeraria. Para el obrero, sin importar la actitud rastrera que exteriorice, el empresario es un ladrón, un aprovechador , un usurpador de la riqueza común.


Para el empresario, el obrero es un mal inevitable, un mal necesario, un flojo que nunca trabajará lo suficiente para justificar su salario y un peligro pues es un tosco ladrón oportunista y un saboteador que arrasaría con su empleador y lo colgaría de los testículos si pudiera.

La mirada hacia los políticos profesionalizados es transversalmente peyorativa. Para el rico, un político es una especie de pared que le impide acelerar sus beneficios, una pared que intentará ganarse con favores y palmoteos. Para el pobre, un político es un gran holgazán, un adulador, un sinvergüenza y un mentiroso que no se ensucia las manos y que se llena los bolsillos con los impuestos de quienes realmente trabajan.

Es casi imposible encontrar puntos de confluencia en esta guerrilla silenciosa impregnada de clasismo y desconfianza. Darle la razón y el poder a uno es quitarle el pan al otro. Darle la razón a todos es encender todas las mechas del desquite.
Quien participa de este vaivén de fuerzas le confiere inevitablemente legitimidad a todas las bombas.

No es posible hacerse completamente a un lado, porque los roces salpican y el pan sabe a pólvora, sudor y sangre.

¿Están todos equivocados? No me cabe duda en mi mirada tuerta. No debe haber sociedad, no debe haber privilegiados ni sirvientes, nadie debe escalar ni descender, nadie debe arrancarle el pan de la boca a otro, nadie debe cortar nuevos árboles ni cazar ni deglutir la carne arrasada. El mundo es suficientemente extenso y aún respira. Mientras prosigue la contienda mi rostro prefiere sumirse en la hierba, respirando el aroma de la vida minúscula, a la espera que terminan de despedazarse allá arriba. Probablemente las salpicaduras también me maten pero lo que protegí bajo mi cuerpo regenerará la vida.

4 comentarios:

  1. Es verdad, de miradas y opiniones esta sostenido el sistema en que vivimos. La sociedad en la que coexistimos, o al menos intentamos. No se puede dar la razon a todos, ni se puede dar gusto a todos. La mirada tuerta la compartimos muchos, otros se mienten pensando que miran con ambos ojos, y el resto de plano estan re ciegos.

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  2. Cuando no estoy de buenas, tiendo a adjudicarle a la mayoría la calidad de re ciegos, estimada Lilymeth.

    Mi teoría personal es que nadie tiene completamente la razón ni nadie está completamente equivocado. Tampoco nadie está tocado por alguna vara divina para dirigir al resto. Veo al mundo horizontamente, y lo mismo me daría ver al papa barrer una calle de Puerto Príncipe, que ver a un barrendero somalí declamando irrefutabilidades en la Plaza de San Pedro.

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  3. Como profesora de lenguaje siempre me ha obsesionado la escritura perfecta y una vez más me he encontrado con mi obsesión satisfecha. No hay ni siquiera un ínfimo detalle de imperfección en tu escrito Jorgito.
    Más tarde volveré a comentar sobre el trasfondo. Felicitaciones y besitos.

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  4. Amigo, Muzam, yo tengo la absoluta certeza de que todas y cada una de mis decisiones están completamente equivocadas... y pobre del que me contradiga...

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