18 de diciembre de 2010

En clave festiva


Por Concha Pelayo

Mientras limpio mi casita, tralaralarita, pues he estado ausente unos días y se acumula el polvo y hay que limpiarlo y la asistenta que viene de guindas a brevas mancha más que limpia, me dedico a pensar y organizar mi agenda para estos días. Hoy he de ir urgentemente a ver a mi madre para preparar la cena de Nochebuena que va a ser en mi casa. Hay que comprar y hay que organizar. Pienso en que el día 21 vamos a reunirnos en mi pueblo, literatos de la zona, así es como nos ha definido la responsables de la Biblioteca Pública: Literatos. Bien es verdad que literato es el que se dedica a escribir y yo, aunque no vivo de ello, aunque quisiera, no hago otra cosa desde que supe manejar mi primer bolígrafo o lapicero. Cada quisque, hemos de hablar de lo que supone para nosotros escribir: cómo surgió la vocación, qué aconsejamos a los que empiezan y cuál es el estilo literario que más nos va.


Voy trajinando en mi mente mil ideas que aportar. En mi caso, he cultivado todos los géneros, desde la novela, el ensayo, el drama, la poesía, la crítica literaria, los viajes, las entrevistas. He publicado seís libros de diferente temática, miles de artículos y, en general, de todo lo que se me ha ocurrido. Tengo mucho por publicar todavía y no sé si algún día verá la luz, pero lo que tengo inédito es bastante más extenso que lo publicado. Que ¿en qué género me encuentro más cómoda? Pues en todos. Cuando escribo me autoanestesio y al despertar, pasado un tiempo que no controlo, me siento feliz ante el nuevo alumbramiento. Otra cosa es que tenga o no calidad lo que escribo, pero yo me siento muy bien escribiendo de lo que sea.

Pienso en lo que me voy a poner el la Gala del periódico "El día de Zamora"donde escribo mis reportajes. Asistirá un montón de gente y hay que estar presentable. Al día siguiente tengo entrada para el concierto de Navidad. Me arrepiento de haberla comprado pues son valses de Strauss y ya están un poco vistos. Hubiera preferido otra cosas. Sigo limpiando mi casita, tralaralarita y me vienen a la cabeza los cuadros que estuve contemplando ayer en el Mueseo del PRADO. Una fantástica exposición de Renoir, venida a Madrid de la Colección de Francine Clark. Cuadros que no se habían visto en España. Me quedé maravillada de las figuras femeninas de Renoir, de su expresión, de sus miradas como ausentes, sin osar jamás mirar al pintor. Al contrario que las mujeres de Velázquez, como las Reinas y las Infantas que, por su rango, miraban directamente al pintor, (me miraban a mí también) porque su estatus se lo permitía. Cuántos matices se aprecian en los diferentes pintores, en las diferentes épocas y circunstancias. Pasé tres horas en el Prado sin enterarme. Después estuve comiendo con mi hija en un restaurante del centro de Madrid. Regresamos en metro a casa y por la noche, en tren, a Zamora. Mi hija siempre me recrimina ésto o aquéllo para, a continuación, disculparse. Parece que nadie me permitiera ser yo misma y es bastante frustante. Por supuesto, le digo que no se preocupe, que no pasa nada, que no voy a cambiar y que si pregunto algo es porque quiero entablar conversación, bastante imposible porque el ordenador ocupa todo su tiempo libre. Y aquí, como digo, limpiando mi casita tralaralarita. Pienso en que tengo que ir a Valladolid al oculista y también al dentista. Empiezo a estar hecha un cacharro. Los años no pasan en balde. Me manda la novia de un sobrino unas fotografías de hace cuatro años en verano donde estamos en casa de mi abuela. En la foto, mi madre, dos de mis hermanas y yo. Cada una parece que estemos a lo nuestro, a mí parece que me duele el cuello, mi madre mira hacia el peral que hay en el pequeño huerto y mis hermanas, cada una a su lado. Me encuentro muy bien en esa foto. El rojo favorece y el pelo a mi gusto. No siempre acierto. En cuatro años me veo muy cambiada. Ya lo dice mi madre: cuando se llega a cierta edad, los años no corren, vuelan. Ay de mí. 

8 comentarios:

  1. Divina y con mucha clase señora Concha. Su madre parece ser la única que realmente está mirando algo, o como usted dice, está mirando un peral. Ella debe entender que la mirada nos sirve para acariciar y dejarse acariciar por la belleza de lo auténticamente natural. Usted me ha permitido mirar con sus ojos y participar de su amor por la vida. Se lo agradezco mucho. Que tenga un buen día.

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  2. Decir "literatos" suena algo despectivo, Concha. No es despectivo pero suena despectivo, como si aguien quisiera juntar en un mismo saco a todos los que juntan letritas.
    Cuando nos dicen grafómanos, se subentiende que nos tratan también con cierto desdén como a todos los que hacen cosas compulsivamente.
    Cuando se habla de escritores, se entiende que se refiere fundamentalmente a los novelistas, dejando afuera a los poetas y ensayistas, para quienes se les designa una categoría especial, pero con rango inferior.
    Esto de los nombres tiene muchas lecturas encubiertas. Yo valoro todo lo que sea bueno.
    Acogedora historia Concha. Muchos saludos.

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  3. "De guindas a breves". Qué bella expresión querida Concha. Espero tener el gran privilegio de acceder a tu obra completa en algún momento cercano. Siento una profunda admiración por todo lo que ya he conocido de tí a través de la obra que has hecho virtualmente visible.
    Tu texto es un maravilloso fresco vitalista enlazado hacia todos los tiempos.
    Un gran abrazo mi querida amiga.

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  4. Carolina. Realmente amo la vida porque es algo que merece la pena. Procuro renacer de mis propias cenizas siempre que me queman, pero sigo amándola.
    Marcelino, gracias por tu aclaración sobre literatos, novelistas o ensayista. Literato, creo yo, es cualquier autor literario. Fíjate, a mí me parece el ensayo lo más de lo más.
    Jorge, a mí me encanta eso de "Huevear". Me chifla.He empezado a utilizarlo yo también y, claro, tengo que aclararlo pues no lo entienden.
    Espero mostrarte mi obra, pero no te hagas ilusiones, es muy de andar por casa, sencillo y cotidiano. Cada cual tenemos un batiburrillo de experiencias, de situaciones que hemos visto, que nos han contado o que imaginamos. Y de todo ello se va fraguando nuestra pequeña obra literaria. No sabes cuánto agradezco tus palabras.
    Un gran abrazo.

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  5. He leído en tu texto que has escrito dramas, querida Concha. Es un género que me gusta mucho y siento ansias de que nos cuentes más sobre ese tema.
    Por otro lado, me agrada la forma en que intercalas palabras antiguas y modernas en un texto lleno de música. No te niegas a ninguna posibilidad expresiva y eso es fabuloso e inusual.
    Muchos abrazos.

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  6. Jorge, tuve la suerte de conocer a mis cuatro abuelos a la vez e incluso a una bisabuela. Me encantaba escucharlos y aprendí muchas palabras que utilizaban ellos y que están en desuso. Me gusta rescatarlas porque creo que es bueno para el idioma en un momento en que está tan vapuleado por todos.
    Mi madre, muy inteligente, habla muy bien y también utiliza expresiones que oyó de niña. Para mi fue enriquecedor vivir entre dos ambientes sociales: el rural y al mismo tiempo el refinado. Eso me hizo captar muchas cosas sobre las clases sociales. Creo que la gente que sólo conoce un ambiente urbano está muy limitada.
    En fin. Creo que me entiendes perfectamente.
    Ya te mandaré algún texto sobre una obra de teatro de corte rural que tengo escrita y sin publicar. Trata de historias del pueblo de mi madre, de amor, de crímenes, de la vida.
    Un beso.

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  7. En la sempinterna discusión sobre si hay literatura femenina o no, parece al menos que sí hay en las escritoras una capacidad retentiva cuasiuterina ligada a la creatividad, porque tejen de hilos muy distintos y del tejido sacan texto, o quipú. La idea es crear algo vital y entregárselo al mundo, comunicarlo. La escritura masculina suele ser más que de comunicar, una de dejar rastro, dejar marca propia, lapidaria, "YO soy escritor, yo soy muy importante, yo he dicho". Cervantes que practicó ambas, creía en una conciliación de las dos escrituras y por eso su Galatea, una novela pastoril que es más bien un diálogo de amor a dos voces que se interrumpen y no se comunican, un diálogo frustrado.

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  8. Maria Eugenia. Tienes razón en lo que dices, al menos en mi caso, que gusto de probar y meter la nariz en cualquier género literario. Te contaré una anécdota al respecto. Yo no he estudiado arte por tanto mis conocimientos sobre el arte se limitan a la curiosidad y a la fascinación que me produce mirar cualquier obra, ya sea un monumento, un cuadro, una escultura, etc. Yo escribía artículos de opinión en mi peródico y un día me dijo el director que si yo sería capaz de escribir crítica de arte. Tendría que ir a ver las exposiciones y escribir lo que se me ocurriera. Pues así lo hice. Comencé a escribir sobre todo lo que se exponía. A mi modo, desde mi perspectiva, desde mi sensibilidad. Creo que llegué a investigar sobre la psicología del artista para adivinar el estado de ánimo cuando creaba. Aquella experiencia me satisfizo muchísimo y tengo un gran archivo. Muchos de los artistas me felicitaron e incluso algunos me regalaron cuadros porque les gustaban mis reflexiones sobre sus obras. Decían que siempre descubrían algo de lo que, ni siquiera ellos, habían imaginado. Bastó un dossier para que ingresara en la Asociación Española de Críticos de Arte. Te cuento todo esto para corroborar lo que dices. Es verdad, las mujeres, a las que nos gusta escribir, probamos mil maneras porque somos conscientes de que hay un potencial interior que hay que darle salida. Como sabes, hemos oído decir en muchas ocasiones que sólo trabamos con un diez por ciento de nuestra capacidad mental. Y es verdad.
    Besos amiga.

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