17 de diciembre de 2010

Mis semillas

CLAUDIO RODRÍGUEZ MORALES -.
Hace unos días recibí la llamada de un joven que tenía la esperanza de que yo fuera su padre. Me dijo que tras haber encontrado mi nombre en la guía telefónica decidió marcar el número para ponerse en contacto con un ser desconocido para él hasta ese minuto. Imaginé la ansiedad y expectación que lo embargaba; su voz lo ponía en evidencia con sucesivos titubeos. Dado que he tenido la compañía de mi padre desde que nací, me resulta complejo comprender la búsqueda de individuos que sucumbieron ante la más primaria de las obligaciones.
Descarté de plano que se tratara de una broma y me esmeré en escuchar las frases que venían del otro lado de la línea. El problema estaba en que, según nuestras edades, debí haber concebido al muchacho a los catorce años en la comuna de Longaví, hecho improbable bajo cualquier circunstancia. Por esos años sólo me vinculaba con novias platónicas, pudorosas y esquivas -quien más que yo puede saber este detalle- y sólo conocía las ciudades de Santiago y Valparaíso. Antes de colgar el auricular le deseé suerte en la búsqueda y le comenté que, al menos en Talca, le quedaban varios de mis tocayos a los cuales contactar. Era cosa de revisar un poco más la guía telefónica.
Por razones de civismo y capacidad he decidido ser el padre de una hija y detener para siempre la producción de vástagos. Tentaciones, ofertas y exigencias para modificar esta decisión he tenido muchas de parte de mi mujer, mas no he sucumbido a ninguna de ellas. Domar una adolescente que parece ser la conjunción entre Greta Garbo, Hanna Montana, Vanessa Hutgens y Simone de Beauvoir me significa una consagración, sino óptima, al menos de tiempo completo. Ni siquiera sus reproches y comentarios filosos sobre el drama de ser hija única han sido capaces de hacerme recapacitar. Nada me incentiva a traer otro ser humano a este mundo infesto y competitivo, sino sólo concentrar fuerzas para preparar a mi heredera en tácticas de sobrevivencia.

8 comentarios:

  1. Educar a una adolescente hoy en día se convierte en un trabajo tan arduo y agotador que pensar en que detrás de una viene otro a tomar el relevo en esa edad tan crítica y cruel es motivo más que suficiente para pensarse una segunda paternidad.
    Yo tengo una hija que acaba de salir de la adolescencia y otra en plena etapa, así que -créeme- sé de lo que hablo.

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  2. Fuerzas, Jesús, tú puedes, tú sí que puedes... yo no lo sé...

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  3. Conmovedora tu actitud inicial pero no me sorprende de vos... me parecés un tipo sensible y bueno por naturaleza.

    Lo que decís de la paternidad lo he manifestado desde la maternidad para mí. Yo no quiero ninguno. Me resisto y no dudo en decir que bendito sea el hijo que no naciendo de mi vientre tenga que aguantar el tipo de madre que creo que podria ser... No puedo querer de otra forma que no sea en demasía y con temor permanente por bienestar por el resto de mi vida. Sería una insoportable madre devota.

    Dicen que a medida que pase el tiempo me vendrán "ganas" pero descreo de esas teorías. Dicen que me arrepentiré, ya veremos. Dicen que se me pasa el tiempo, eso es cierto pero como no quiero no me importa.

    A conciencia digo que NO es para mí, le dije a él y se los digo a los otros que siempre tienen algo que decir. En definitiva sólo digo.

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  4. Compleja domadura, amigo Rodríguez. Mezclar a Vanessa y Hanna con Greta y Simone es explosivo. Aunque de seguro debes ser un experto desactivador de bombas conductuales.

    Por mi parte, he declarado mi domadura perdida y más bien me han domado a mí. Mi vástaga es un cóctel de Indira Gandhi, Margaret Thatcher, Lilliane Bettencourt, Paris Hilton y la energía de María Sharapova. No tengo por donde ganar.

    Un relato redondo amigo Rodríguez.

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  5. Sorprendente historia amigo Claudio. Deberías decir a ese chico que investigue por España, no siendo que nuestro Claudio Rodríguez, ya fallecido lamentablemente, tuviera que ver en el asunto.
    Tu relato y cómo lo cuentas me ha recordado a algo parecido que le ocurrió a un tío mío. Al cabo de los años, una hija que tuvo con una novia con la que no quiso casarse, buscó por la guía telefónica el apellido delator y dio con el de mi madre, su hermana. Le dijo quién era y como mi madre sabía de la novia abandonada y de la hija, le facilitó su teléfono. Le llamó e imagino cómo debió quedársele a mi tío el cuerpo. La chica no buscaba nada pues tiene una situación económica deshaogada pero quería conocer a su padre y tratarse con él. Quedaron un día para verse en Madrid, mi tío vive en Valencia y la joven en Burgos. Nos comentó la chica, pues desde aquél encuentro, tenemos cierta comunicación con ella, (es mi prima) que vuando vio a su padre, sin saber cómo era, supo que era él. Mi tío, por cobarde, ha roto la comunicación con ella, lo que ha producido en la chica un golpe psicológico muy duro pues ella, solamente quería tener alguna comunicación con su padre. Pero las razones del ser humano son inescrutables. Algún tiempo después, nos enteramos de que la mujer de mi tía y sus hijas estaban muy molestas con mi madre por haberles facilitado el telófono. Mi madre hizo lo que tenía que hacer.
    Hay muchas historias de este tipo que no se han escrito, pero que levantarían muchas ampollas.
    Con respecto a la rebeldía de las adolescentes, todos los padres las hemos sufrido. Ahora son ellas las que nos dominan, las que deciden. Es esta época la que nos toca sufrir.
    Un abrazo.

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  6. Es algo que me cuesta comprender querida Concha. Cómo un padre puede mirar para otro lado cuando un hijo o hija reclama su afecto y atención. Realmente no puedo comprenderlo ni aceptarlo. ¿Por qué la sangre, que cohesiona tan fuertemente a algunas familias, se muestra tan hostil o indiferente con otras?

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  7. Jorge, el caso de mi tio, no es tanto por falta de cariño como por prejuicio. Estoy segura de que mi tío quiere a esa hija pero ni su mujer ni sus otras dos hijas la aceptarìan y ese es el problema. Al respecto te diré que si yo supiera de la existencia de una hermana mía que no conozco correría en pos de ella para abrazarla y conocerla. Cree que eso serìa prioritario para mí, pero, como tú dices, hay personas que sienten una gran hostilidad por su propia sangre. Pero siempre, no lo dudes, siempre hay una causa que produce ese efecto. Nada es gratuíto. Los problemas emocionales que no se resuelven en la infancia afloran en la adultez con más frecuencia y problemática de lo que desearíamos. Habría mucho que decir, mucho que debatir.
    Un beso.

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  8. Toda la vida mi abuelo de parte de madre hizo gala de una gran promiscuidad amparado en la excusa de ser un hombre pasional al que las mujeres no podían resistir, de modo que en la familia se sospecha de la existencia de más de un familiar consanguineo desconocido e incluso no reconocido. La actitud general de las hijas directas es no aceptar bajo ningún punto de vista al que se hacerque a pedir un reconocimiento postmortem ni mucho menos afecto. En este caso que me toca de cerca observo que el orgullo puede más que la sangre.... al menos en la teoría.

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