5 de enero de 2011

Nos aburren

JESÚS CHAMALI -.

En España estuvimos 41 años sin poder elegir democráticamente a nuestros dirigentes, desde 1936 hasta 1977. Luego, tras la transición, a todos nos dio un furor democrático y participativo que se ha ido diluyendo a lo largo del tiempo y según nos vamos alejando de aquella época oscura de la historia española. 

Y es que nos aburren. Fíjense si no en el siguiente calendario electoral para España en el espacio de cuatro años:

  • Elecciones autonómicas catalanas: noviembre de 2010. 
  • Elecciones municipales (en toda España) y autonómicas (excepto en Cataluya, Galicia y País Vasco): mayo de 2011. 
  • Elecciones Generales al Parlamento español: marzo de 2012. 
  • Elecciones autonómicas vascas y gallegas: marzo de 2013. 
  • Elecciones al Parlamento Europeo: junio de 2014. 
Y ahora, contéstenme a una pregunta: ¿Qué país se puede gobernar si siempre está en campaña electoral? Porque no nos engañemos, aunque la campaña "oficial" sólo dure 15 días, las precampañas son cada vez más largas y llegan a abarcar los seis meses previos. Y así, entre temores a tomar decisiones que pudieran ser impopulares -aunque fueran necesarias- por no perder votantes; componendas con este o aquel partido para con su apoyo -a cambio siempre de concesiones en temas peliagudos, claro- mantenerse todo el tiempo posible en el poder; o por el tiempo que emplean los políticos en hacer campañas y precampañas en vez de en ocuparse de su trabajo que es legislar y gestionar el país, España no avanza sino a trompicones.

Un calendario así es, cuanto menos, absurdo. 

Y eso sin contar con el inmenso gasto económico que cada nueva votación conlleva. Los mítines, los viajes, la cartelería, las cuñas en radio, prensa y televisión, los mailings, las urnas, horas extras de policías, etc.

¿No sería más lógico un sistema donde hubieran elecciones general al parlamento un año y todas las municipales y autonómicas dos años más tarde? Las europeas deberán ser cuando toque, puesto que en España las elecciones son por periodos de 4 años y en Europa, de 5. 

De esa manera, no tendríamos que ir a votar sino cada dos años en vez de una vez por año, como ahora. El gasto se reduciría en la mitad al menos y los políticos podría -que lo hicieran es harina de otro costal- dedicarse a trabajar para el país en vez de hacerlo para salir reelegidos, es decir, en cumplir algunas de sus promesas en vez de en idear otras nuevas para la siguiente campaña.

Lo dicho, nos aburren.

7 comentarios:

  1. La política como una permanente consulta y nula efectivdad, Jesús. Por lo que tan bien comentas algo le pasa a nuestras democracias que se encuentran estancadas. Algunos sostienen que es síntoma de normalidad. Sin duda que este diagnóstico es un caldo de cultivo para locos temerarios peligrosos por su labia populista y,en el peor de los casos, por las armas. No hay que dormirse, amigo.

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  2. Yo creo que Pinochet tenía razón... no es el problema las elecciones, ni el calendario... son los señores políticos...

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  3. A eso me refería, Jesús, justo me refería a comentarios como el de más arriba... ¡qué buen ejemplo!

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  4. Caro nos sale mantener a esta casta de holgazanes narcisos, que se especializan toda la vida en el mal arte de convencer a otros de que ellos son imprescindibles. No les llamaría políticos, porque todos somos políticos, sino más bien vagos aprovechadores.

    Sabemos que con votar no solucionaremos nada, y más bien les daremos una coartada legitimadora. Mi espíritu anarquista no siente hacia ellos más que desprecio, amigo Chamali.

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  5. Yo creo que al igual que hacen falta carpinteros, pintores, novelistas, carniceros o pilotos de avión, necesitamos de unos gestores de la cosa pública. Y al igual que elegimos si queremos que este o aquel carpintero nos hace las puertas de la casa o si compramos en esta o aquella carnicería, debemos elegir qué gestor es el más adecuado para llevar esos asuntos que nos afectan a todos.
    ¿Dónde falla entonces el sistema?
    Es sencillo, creo. Falla cuando ese gestor, en vez de mirar por el bien común, comunmente mira por su propio bien. Cuando su escala de prioridades no la encabeza el gestionar con coherencia y raciocinio, de manera sensata, los asuntos públicos. Es como si el carpintero, en vez de hacernos una puerta, nos hiciera una ventana -y además, pequeña- porque así se queda con la madera sobrante y además el albañil le pasa una comisión por encargarle el trabajo de empequeñecer el hueco.
    No creo que sea un problema de votación sino de elección. Creo que debemos elegir mejor a quien votamos. Es más, creo que llegados a este punto, lo que debemos hacer es cambiar; cambiarlo todo.
    Dotarnos de leyes que exigan responsabilidad penal a cualquier gestor (tienes razón, Jorge, políticos somos todos) que debido a su pésima gestión arruine a el país o le cause algún perjuicio. Tal vez, de esa manera, si acabamos con ese sentimiento de impunidad reinante, a los cargos se presenten profesionales de la gestión en vez de profesionales del engaño o de la apariencia.
    Claudio, ¡cuánta razón tienes!
    Aprovechar cualquier circunstancia para enarbolar la bandera del autoritarismo, del mando único, de la tutela paternal porque "ustedes no saben como yo lo que les conviene", es una práctica tan habitual en las personas de mente totalitarias, que son extremadamente previsibles.
    Yo no quiero que nadie me tutele. Lo que quiero es que no me roben y encima, pagarles por ello.
    Los politiquillos actuales (salvo rarísimas excepciones) son seres abyectos y despreciables, y es culpa nuestra -sí, NUESTRA- que sigan siendo una casta superior. Si el actual sistema electoral no funciona, dotémonos de otro. Por una u otra vía, a la fuerza si hace falta, pero no creo que robarle a las personas su capacidad para elegir, aunque sea equivocándose, sea la solución.

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  6. Aquí en México no es muy distinta la cosa. Cada estado hace elecciones a destiempo, así que en unos se va eligiendo gobernador, en otros diputados y senadores. Total que la republica mexicana se la vive con campañas. Ahora que para la mayor de todas que nos viene pronto como que aun no estamos listos. Vienen las elecciones para votar por el presidente, aunque ya muchos sabemos a quien nos van a imponer. Por que aquí las elecciones son de juguete.
    El IFE acaba de dar a conocer que los partidos políticos le cuestan al estados dos millones de dólares anualmente.
    Algo que avergüenza a los que sabemos que solo en México existe pobreza extrema, y no en países de más bajo nivel de vida como Perú o Colombia. Aquí tenemos tres millones de gentes en pobreza extrema pero seguimos gastando dos millones de dólares al año en las campañas, y entiendase que ese es el presupuesto por partido y no son solo dos o tres.

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  7. Hace poco una señora en Chile, política ella, señaló que su sueldo era reguleque... bajo, escazo. Se le vino el mundo encima y con razón, eran 4 millones mensuales (divida por 500 y lo tiene en dólares). Obama, la semana pasada hizo lo mismo, al despedir a un funcionario, dijo que era mucho sacrificio para un sueldo tan bajo...
    Los chilenos cuando compran el pan, ponen de su bolsillo no solo para pagar la dieta de los congresales, sino sus campañas, bencina para el auto, secretaria(s) (un diputado comunista tiene 7), sede distrital, etc. etc.
    Los fines de semana, la expresidenta Bachelet solía invitar a sus amigos a Cero Castillo residencia veraniega de los presidentes... tal sana costumbre ha sido mantenida por el actual gobernante, solo que en plan de austeridad; ya no se come a lo gourmet sino que platos más sencillos como le gusta al presidente con un buen vino, pues no toma otra cosa.
    Les pagamos el sueldo, la secretaria, los vicios, las campañas... las camionetas para que retocen en ellas como lo hiciera un diputado del partido PRO...
    Como soy demócrata, debo aguantar que me pongan un dick en el eye y no debo decir como pinochet decía... los señores políticos... ¡anda!

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