4 de marzo de 2011

Debilidad visual

LILYMETH MENA -.

Alcanzo a escuchar el crujir de la puerta y la voz de mi hija despidiéndose. Me tallo los ojos pero la mala visión es la misma. Una especie de bruma me opaca todas las cosas. Estiro mi brazo izquierdo sobre la cama para tomar el celular. Casi tengo que pegármelo al rostro para saber la hora exacta. Me resulta harto difícil saber con certeza que tan alejados o cercanos se encuentran los objetos. En mi extraño mundo no existen los bordes. Cosas como la percepción de la profundidad y el horizonte son como almas en pena que escucho lamentarse a lo lejos pero que nunca logro ver. Una suerte de “Lloronas” pegando de gemidos por los hijos que ellas mismas asesinaron.

Seis cuarenta y cinco. El gato se estira sobre mis pies formando un arco perfecto para cualquier flecha. Mi perro ya brinca alegremente para darme los buenos días. Me enternece siempre la animosidad que imprime por llamar mi atención a pesar de su edad. “Buenos días, guagua picioso” le digo con tono mimoso para que se sienta atendido y permito que me lama el codo.

Me siento sobre la cama y me meto las pantuflas. Antes de llegar al refrigerador mis mascotas ya están ahí esperándome con los rabitos ansiosos. Les sirvo un poco de jamón mientras me bebo un vaso de té frio junto con mi píldora matutina. Esa que me mantiene de buen humor y estable.

Hace mucho dejé de ver la televisión. Ahora la miro mucho menos, y cuando lo hago debo dedicarme casi por entero a escuchar. Cosa que debo tal vez agradecer porque mi inglés ha mejorado bastante. Otra cosa es que debo estar muy cerca de la gente para distinguir su rostro, algo por demás preciado cuando se trata de la gente que me gusta y la gente que quiero.

He perdido la vista tan paulatinamente (del mismo modo que he perdido tantas cosas), que me ha dado tiempo de adecuarme a mi condición actual. El último libro que leí fue uno de cuentos de Horacio Quiroga que me regalaron el verano pasado. La mayoría ya los había leído pero me gusto darles una repasadita. Era simpático ese Quiroga, otro escritor desquiciado como los habemos muchos en este mundo.

Tener una visión cada vez mas pobre fue la verdadera causa de que vendiera mi auto, en diez años jamás tuve un accidente y no pensaba empezar atropellando a nadie. Me bastó con subirme a una banqueta arruinando por completo una llanta y el rin. 

También tuve que dejar de dar clases de artes plásticas, labor que sobra decir ha sido una de las cosas que me ha hecho más feliz. Extraño las figuritas tiernas que creaba para mis cursos, con sus ojitos redondos y sus colores alegres. 

Dicen que aquello que disfrutamos más, es de lo que se nos priva primero. Perder la visión no es gran cosa. Ayer me decían que parece que a mi nada me importa, pero la verdad es que si yo sufriera o me tomara todo tan a pecho estaría mucho muy jodida (posiblemente más loca). Si sufriera por todo aquello que no he tenido, por lo que he perdido, por lo que nunca recibí, por todo lo que he dado y jamás me fue retribuido, por haber hecho bien las cosas durante tanto tiempo y que a cambio me fuera tan mal. La verdad es que nada de todo eso tiene realmente importancia, lo que ya fue, ya fue. Y ya casi ni me acuerdo.




Ahora sigo haciendo mis cosas me queden mal hechas o no, me sigo pintando estas cejas de María Félix que cada vez me quedan más disparejas y no suelo permitirme pedir ayuda. Aquí en casa todo está en un sitio donde me resulte fácil encontrarlo. Todo está revuelto pero en su lugar y siempre hay modos de facilitarnos las cosas.






Voy viviendo cada día intentando hacer lo mejor que puedo. Aunque en realidad es lo que hacemos todos, tengamos alguna discapacidad o no. Eso es seguramente la primera cosa que le da sentido a la vida, las ganas que tengamos de hacer o no las cosas.


8 comentarios:

  1. Vitalista al fin y al cabo. Hacemos las cosas lo mejor que podemos. La sombra borgeana que acomete tus ojos dará paso a la afinación de tus otros sentidos. Los relatos de Quiroga siempre vuelven a leerse. Nadie más pudo haber escrito la historia de una gamita ciega como él.

    Un fuerte abrazo mi querida Lylimeth.

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  2. Hola amiga. La visión es una más de nuestras percepciones, pero no la más importante aunque sea importante.
    Tal y como relatas lo que te ocurre, compruebo que tienes una sensibilidad asombrosa para relacionarte con tus cosas, con todo lo que te rodea, con tus animalitos.
    Si no te importa, ¿puedes decirme lo que te ocurre? Sólo si no te importa.

    Te mando un gran abrazo amiga Lylimeth.

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  3. No sólo vemos con los ojos de la cara. De hecho, muchos los tienen en perfecto estado y no les sirven para nada; son incapaces de ver lo hermoso de la vida a través de ellos Son otros ojos, los del alma, los del espíritu, esos que ni precisan gafas ni duermen ni se cansan los que hacen que se sea capaz de ver lo que tu vez, Lilymeth y que te lleve a expresarte con esa sensibilidad tan sublime, tan, hermosa, tan tierna, tan dura a veces...
    ¡Que envidia poder expresarse así!
    Un gran abrazo muy apretado

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  4. Tu visión del mundo supera ampliamente tu capacidad de ver los objetos con claridad. Una actitud que lo supera todo desborda cuando te leo y me hace sentir fuerte por un momento, creyéndo que me contagié de toda esa vitalidad.
    Divertido y certero. Qué gusto volverte a leer.
    Un gran abrazo.

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  5. Anónimo4/3/11

    La religión y la codicia son mucho más enceguecedoras que la pérdida paulatina de la vista. Por fortuna hoy existen los audio libros. Me gustó mucho.
    Un abrazo Lylimeth.
    Mónica

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  6. Cada día se hace un borrón y cuenta nueva para seguir sobreviviendo. Admiro tu fortaleza y la claridad con la que desnudas tu alma, Lilymeth.
    De alguna forma siento que expresas con insuperable maestría las desdichas que nos corroen a muchos, tanto como el afán por seguir viviendo, por vivir de la mejor forma posible, por disfrutar de todo lo que podemos seguir disfrutando.
    Un sentido abrazo.

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  7. Hola Lilymeth, un agrado volver a leer en plumas tus excelente crónicas... se extrañaban...

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  8. Anónimo6/3/11

    La autonomía con la que enfrenta su vida habla muy bien de usted, Lilymeth (qué bello y original es su nombre). Espero de corazón que su debilidad visual sea reversible.
    Un abrazo.

    Rosa

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