5 de marzo de 2011

El Patriarca Maronita

Por Concha Pelayo

La noticia es de ayer mismo. Su Santidad Benedicto XVI, ha aceptado la dimisión del Patriarca maronita del Líbano, Su Beatitud, Nasrallh Boutros Steir. A veces las casualidades se encadenan como se encadenan las tormentas y así ha ocurrido con esta noticia. Por un lado, hace algún tiempo que mi amiga libanesa Amale, apareció un día, de pronto, en mi facebook y desde entonces nos comunicamos y recordamos aquel maravilloso viaje a El Líbano. Amale fue nuestra acompañante y guía durante el tiempo que estuvimos allí. Amale es una de esas mujeres que aunque la traté muy poco, dejó en mí una huella imborrable. Era abierta y comunicativa, moderna, expansiva, incansable. Bailaba de maravilla danzas libanesas mientras intentábamos seguir sus pasos, al principio, torpemente y después aportando, por mi parte, a sus danzas autóctonas, el flamenco que llevo en la sangre, aunque no haya nacido en Andalucía. Por otra parte, hace más de un mes, rebuscando entre miles de fotografías en papel que guardo en cajas y cajones, di con esa fotografía del Patriarca maronita en uno de los salones de su residencia. No sé si quiso que nos fotografiáramos junto a él o fuimos nosotros los que se lo pedimos. Ahi está el momento para el recuerdo. Pero la foto la rescaté y la metí entre las hojas del libro que estaba leyendo en esos momentos. Lo terminé y han seguido otros dos y la foto ha continuado señalando la última página de lectura. 

Fue aquel Congreso de FEPET, auspiciado por el entonces presidente, Miguel Ángel García Brera, uno de los más notables que se habían desarrollado hasta entonces, por el amplio programa desarrollado, por los lugares que se visitaron, por el lema del mismo "La comunicación turística en momentos de crisis", donde tuve el honor de exponer una ponencia, y por las personalidades que nos recibieron, como el propio Patriarca maronita. 

Fueron muchos los lugares que recorrimos de la mano de Amale y de Georg Kahi, el que era entonces presidente de la federación libanesa y, al parecer, hoy residente en Canadá. George era un hombre de unos cuarenta años, muy atractivo. Nos hizo pasar gratos y sorprendentes momentos, como la noche en que llevó a una cena a sus dos mujeres. Era bígamo y a las dos las sentó a la misma mesa, no juntas, pero en la misma mesa. Una era musulmana y la otra cristiana. Recuerdo que mirábamos extasiados los gestos de George, las atenciones que propiciaba a una y a la otra. Ellas no se miraron en ningún momento. Fue muy interesante. Era un hombre muy sensual al que le gustaban las mujeres y que no escatimaba ni elogios ni atenciones para las que tenía cerca. 

Recorrimos lugares como Baalbeck, la imponente Acrópolis y la inevitable evocación para el Partenón de Atenas, para Efesso. Ruinas sí, pero llenas de historia y de recuerdos. Según la leyenda, allí vivieron el mismo Abraham e incluso Adán.

En Byblos, conocimos a la Doctora Bahia Hariri, hermana del que fue primer ministro Rafij Hariri que fue asesinado pocos años después de nuestra visita a El Líbano. Nos obsequió con un típico desayuno. También conocimos Tiro y Sidón y CANA, ese lugar perdido en el tiempo donde murieron 51 personas, entre ellas 22 niños, un domingo de madrugada en un bombardeo israelí al sur de Líbano. Las víctimas se habían refugidado en un edificio que albergaba a familias desplazadas y las bombas cayeron sin piedad. Todo permanecía igual, el recinto destrozado, trozos de telas de las víctimas entre el polvo, cascotes de cemento, todo permanece para que no se olvide. Varias fotografías de las víctimas ensangrentadas ilustraban el caótico lugar. Al lado un tanque de la OTAN, los soldados nos miraban indiferentes. Y un poco más abajo, en un barranco inhóspito, el lugar donde, dicen, Jesús asistió a las bodas de Caná. Hay muchas dudas al respecto, pero pisar aquellos lugares fue simplemente emotivo y desgarrador. 

Escribe Haikal Reaide en una traducción sobre Baalbeck que, "el turista sale de Beirut por la carretera internacional que va a Damasco, sube cuestas empinadas de la cadena montañosa de El Líbano..." y sigue describiendo el paisaje. Se entretiene en contemplar la maravillosa panorámica a uno y otro lado de la carretera, por la que se van dejando olivares, viñedos, vergeles de manzanos, perales, albaricoques. Hasta el trigo trepa incansable por todas partes hasta llegar al valle de la Bekaa. Y yo podría entretenerme horas y horas en escribir sobre este país azotado por las guerras donde sus habitantes no tienen pereza ni carecen de voluntad para sacarlo adelante una y otra vez.

3 comentarios:

  1. Cada sensación que estremezca nuestros sentidos, cada aroma, cada palabra, cada noticia, cada roce, nos abre instantáneamente un sinnúmero de ventanas hacia nuestro pasado, permitiéndonos contemplar a todos los personajes que, vívidamente, se siguen moviendo a través de ellas.
    De esta forma, tus ojos vuelven a sentirse seducidas por un árabe galante, a conmoverse por la desolación dejada por un bombardeo o a deleitarse con los albaricoques y viñedos que saludan el paso en un camino milenario.

    Poesía viajera.

    Un fuerte abrazo mi querida Concha.

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  2. Anónimo6/3/11

    Maravillosa descripción.
    ¿Sabe usted que en Chile viven más de medio millón de descendientes de palestinos y libaneses? Mi propio bisabuelo libanés ingresó a Chile en 1923 con pasaporte turco. Hoy nos sigue golpeando muy duramente todo lo que sucede con nuestro amado pueblo.
    Agradezco mucho su generoso recuerdo.
    Abrazos
    Eugenio Ale

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  3. El encadenamiento de sucesos y recuerdos me hizo a su vez recordar la novela "Manuscrito encontrado en Zaragoza" del polaco Jan Potocki. En el cine lo dirigió el también polaco Wojciech Has, en 1965.

    Paraticularmente atractivo resulta el pasaje del árabe con sus dos mujeres. Los árabes tienen fama de seductores y polígamos en todos lados. Muy bien narrado.

    Un abrazo.

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