29 de marzo de 2011

Morza, escándalo y uniforme

CLAUDIO RODRÍGUEZ MORALES -.
Un vecino denunció en un noticiero lo que llamó “conducta impropia” dentro de la Comisaría de Morza, además de ruidos molestos salidos del recinto policial y de una vivienda colindante destinada al uso de funcionarios. Todos estos hechos, agregaba el ciudadano, se suceden durante la mañana, la tarde y la noche, y lo vuelven una víctima permanente del escándalo, por cuanto su casa se ubica frente a la Comisaría. Para avalar su denuncia entregó un video casero donde se ve a un carabinero usando una frondosa peluca negra que desfila coquetamente por el patio del cuartel. Luego, unos metros más allá, se ve a otro uniformado en amena charla con unos civiles, mientras manipula un arma de fuego como si les explicara su funcionamiento y efectividad. De un momento a otro, el funcionario policial pone el arma en su sien y sigue conversando con sus interlocutores.
Más adelante se ven imágenes con música de fiesta de fondo y un televisor encendido a todo volumen. Si la vista no me falla parece que se trata de un movido videoclip de Dj Méndez y que dice así: “Lady, no puedo despegarte for my mind, me pongo crazy when I see you deside, es tu estilo, tu sonrisa you deside, ohh ohh (lo máximo cabros)”.
Revisando la noticia en Internet, es posible leer los comentarios de lectores reprobando al actuar de los Carabineros y reclamando una mejor selección de su personal. Sin embargo, saliéndose de este libreto, alguien con la firma de arqui2k posteó la falsa noticia de la aparición del cadáver del vecino denunciante. Más abajo se rumorea que este último sólo actuó movido por la sed de venganza ya que Carabineros no lo invitaba a las fiestas (que fomes no se veían, sobre todo cuando participaban señoritas simpáticas y nada de esquivas). Otro post decía que la motivación estaba en la negativa policial de ayudarlo a sacarse un parte de tránsito, pese a la cercanía física y espiritual de su vivienda. Por supuesto que esto último no es avalado por prueba alguna.
Durante mi paso por la entrañable ciudad de Curicó tuve la oportunidad de conocer Morza. Primero sólo de oídas por ser el pueblo de origen de un amigo camarógrafo del canal Televisión Regional donde los dos trabajábamos. Más tarde, al concurrir con Maribel y algunos de sus parientes a una inolvidable fonda de Fiestas Patrias.
Morza se encuentra a unos pocos kilómetros al norte Curicó, por lo que abordamos un minibús arrendado para la ocasión. A medida que se iba la tarde, atrás quedaba la ciudad y nos internarnos en una ruralidad plena. El grupo era numeroso, integrado por dos familias completas entre tíos, primos, sobrinos. Incluso me percaté de la presencia de dos pequeños lactantes que, a las pocas horas, se quedaron dormidos debajo de las sillas pese a todo el bullicio del entorno.
La fonda estaba levantada dentro de un enorme galpón que contaba con luces y amplificación suficiente para que cientos de parejas gritaran, saltaran, jadearan y patalearan, siguiendo los compases de las rancheras interpretadas por el grupo cuyo tecladista era hermano de Maribel. Tras haberme zafado de una tía demasiado danzarina, aproveché la clandestinidad que me daba la masa para disfrutar de un baile con Maribel, quien no paró de burlarse de mis toscos movimientos que inútilmente intentaban seguir el ritmo.
A medida que avanzaba la noche, los grupos se dispersaron. Nosotros quedamos junto a dos sobrinas adolescentes de Maribel. Decidimos ocupar una de las mesas vacías para descansar y servirnos algo para comer y beber. A los pocos minutos comencé a ser abordado por una serie de muchachos quienes me preguntaban, todos muy respetuosos, si autorizaba a las sobrinas –supuestamente a mi cuidado- a bailar con ellos. Yo me limité a mover los hombros, lo que fue tomado como una señal de asentimiento. Las muchachas no se mostraron incómodas; por el contrario, las vi salir encantadas, una y otra vez, a la pista de baile. Hasta allí llegaba mi responsabilidad, pensé.
Lo que no estuvo en mis planes fue que después de cada pieza musical, los muchachos me ofrecieran beber el combinado de su vaso a modo de agradecimiento. Pese a la cuestionable higiene de la cortesía, dada la insistencia y para evitar ofensas a la tradición, accedí a tragar decenas de sorbitos nacidos de un desfile de vasos. A medida que esto pasaba, sentía la silla que me sostenía cada más confortable, como si se tratara de una mullida cama. Sin embargo, la disputa de dos muchachos por bailar con una de las sobrinas –creí ver el brillo del arma blanca a menos que se haya tratado de una alucinación etílica-, hizo que saliésemos todos disparados del galpón, apelando a los restos de lucidez que aún nos quedaban, para abordar el minibús que nos condujo, antes del amanecer, a Curicó.
Por fortuna no fue necesario invocar a la fuerza pública. Tal vez habríamos interrumpido una divertida fiesta y, con ello, puesto fin a la molestia del vecino del frente.
A las Fiestas Patrias del año siguiente no pude regresar a Morza. La mezcla de vino, choricillo y la crema de torta durante una cena, me provoco una indigestión que me hizo delirar de fiebre con el recuerdo del ardor de los sorbos de combinados bajando por mi garganta. A esto pudieron haberlos acompañado las imágenes de un carabinero bailando con peluca, señoritas simpáticas y nada de esquivas jugando con esposas y más allá otro agente probando una pistola en su sien al son de: “Lady, no puedo despegarte for my mind, me pongo crazy when I see you deside, es tu estilo, tu sonrisa you deside, ohh ohh (lo máximo cabros)”.

6 comentarios:

  1. Los policías también tiene derecho a ser felices. Una Locademia de Policía buena para el sandungueo no será menos eficiente que un comisariato parco e introvertido.

    ¡Viva la jarana!

    ResponderEliminar
  2. Después de ver como la policia aeroportuaria que capturara al ciudadano Antonini Wilson por un caso de coima se transformara en una candorosa vedette considero que hoy en día se está libre de todo prejuicio si se trata de buscarse un futuro mejor. Qué va.. peco de inocente porque casos abundan y para comprobarlo basta con recorrer la red, pues a los polis se les ha dado por aladear publicamente a costa de verse sumariados o desafectados.. Y bueno, como decimos acá: quién te quita lo bailado!!
    ¿viva la jarana? Esa me gustó, la adoptaré.. para nosotros es ¡Viva la joda!

    ResponderEliminar
  3. Anónimo1/4/11

    Me dejaría atrapar por la captora de Wilson, es una belleza increible ¡¡ hay que dejar que las canas que están buenas se procuren un futuro mejor porque en la fuerza se mueren de ambre.

    Lauti

    ResponderEliminar
  4. OBA!Le echaré una mirada a youtube.. Divertidísimo.

    ResponderEliminar
  5. Aqui en Mèxico, se dice que da mas miedo toparte a la media noche en plena plaza con un policia que con un ladron.
    Por aquello de que te vayan a dejar limpio de dinero o de perdida a darte una golpiza.
    Asi que casi espero que por lo menos el de la pelula se viera muy guapo.
    Gracias, Claudio. Me he reido un rato :)

    ResponderEliminar
  6. Caray que quise decir peluca ¡¡

    ResponderEliminar

*