9 de abril de 2011

Conciencia


Por Concha Pelayo

No me importa el juicio de la gente, no,
pero me importa el juez de mi conciencia
que araña sin piedad mis sentimientos
con implacable afán de propia enmienda.

Y pienso, Dios, que aún siendo yo inocente,
mi alma torturada y abatida
ya lucha con mi carne impenitente
en batalla cruel y a la deriva.


Y no pudo aguantar la carne mía
el susurro de amor que me acosaba
y así fui pecadora atormentada.

Y me alejé de Tí, sin meditarlo
y aquel remordimiento, en mi naufragio,
me volvió Dios, a Tí, en aquel barco.

8 comentarios:

  1. Este soneto obtuvo un premio nacional en 1978.
    La fotografía la tomé en una primavera en el Río Duero de Zamora.

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  2. Anónimo9/4/11

    Buenísimo, me gustó mucho también la fotografía.

    Gladys

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  3. Muy merecido premio.. Bello soneto y magnífica fotografía. Me encantó!
    Saludos!!!

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  4. Anónimo10/4/11

    La culpa parece que nos acompaña siempre, señora Concha. Cuando nos contenemos o nos dejamos arrastrar por una pasión, cuando somos demasiado sinceros o cuando mentimos, cuando resaltamos algo u omitimos. Vivimos culposos hasta de morir, porque otros sentirán nuestra partida.
    Un bello soneto existencialista. Siento que Dios se aleja de usted agregándole otra culpa a su alma.
    Un abrazo muy sentido desde Chile.

    Alicia Alarcón

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  5. Muchas gracias por vuestros comentarios.

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  6. Un soneto sublime, mi querida Concha.

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  7. Anónimo23/4/11

    Bellísimo *´¨)
    ¸.•´¸.•*´¨) ¸.•*¨)
    (¸.•´ (¸.•` Lila

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