18 de abril de 2011

Dos vidas para Rodríguez Vianco

CLAUDIO RODRÍGUEZ MORALES -.
Lo conocí en mis tiempos de reportero pobretón y desorientado (hoy dejé el reporteo y mantengo las otras dos virtudes). Pensando en la manera de reconciliarme con una mujer ojos de ardilla, había olvidado apretar el botón de la grabadora en una de las tantas conferencias de prensa que me tocaba cubrir en oficinas públicas del barrio cívico. Como si eso fuera poco, no presté la más mínima atención al discurso de los conferencistas al no poder borrar de mi cabeza el recuerdo de unas lágrimas rabiosas, provocadas por mis frecuentes torpezas de amante atarantado.
Tarde me percaté de esta grave omisión, ya sentado en mi escritorio, cuando la monserga del editor de turno era tan apabullante como el calor de Talca a las cuatro de la tarde: “Es tu responsabilidad sacar esta crónica, así que tú verás cómo obtienes la información. Pero de aquí no te vas sin escribir los tres mil quinientos caracteres”.
La amenaza gatilló el recuerdo de mi conversación con Paolo Rodríguez Vianco, el periodista del diario competidor, quien hacía más amena la espera de la conferencia de prensa con una de sus innumerables anécdotas, semejantes a las zarzamoras que crecen a la orilla del río: una conduce a otra y a otra y otra en un sendero interminable, con decenas de caminos posibles.
Siempre vi a Rodríguez Vianco como un tipo relajado y bonachón, que hacía su trabajo sin la histeria propia del gremio. Pero de ahí a solucionarme un problema de este calibre, había una distancia considerable.
Lleno de nerviosismo, me armé de valor y marqué el teléfono de la trinchera contraria. Tras una versión estilizada de una sinfonía de Wolfgang Amadeus Mozart, tuve al otro lado la voz amable de Rodríguez Vianco. Antes que terminara mi relato, mi colega ya ponía su grabadora en el auricular para que yo pudiera tomar nota de lo que la autoridad de turno había dicho sobre el Maule y su futuro. Nunca tuve hasta hoy la oportunidad de agradecerle el noble gesto que me permitió abandonar la sala de redacción antes de la medianoche y compartir la cena y la cama, más unos ojos de ardilla reconciliados con mi torpeza.
Periodista, locutor radial, bombero, cantante, melómano, fans de Neil Diamond, actor, músico, sibarita, galán, padre prolífico, abuelo incipiente, suegro dedicado, Rodríguez Vianco es un sobreviviente de los últimos veinte años en este pedazo de tierra llamado Maule. Reemplazando la desesperanza por dosis de humor espontáneo, ha sido capaz de saltar de una etapa a otra de la vida guardando en sus infinitos bolsillos anécdotas y seguir adelante entre palmoteos, risotadas, complicidades, tabaco, brindis, comilonas y trasnochadas.
Rodríguez Vianco encaró a la muerte en pleno toque de queda después de una jerga de bromas y alcohol en las afueras de Talca. Tuvo que caminar esposado con uno de sus compinches sobre el puente Panguilemo, como siguiendo el ritmo de un bolero a la luz de la luna, mientras una bayoneta picaneaba sus costillas y le pronosticaban las penas del infierno por desacato y proselitismo marxista etílico.
También recuerda con carcajadas aquel descuido que lo llevó a las profundidades del agua clorada, con su libreta de apuntes, grabadora y bolso flotando en la superficie. Llegó a pensar que las miradas de las promotoras se debían a sus encantos personales y no a su errático caminar por el borde de la piscina del centro de eventos, sin luz y un tanto cansado.
Bolzano
Paolo Rodríguez Vianco nació dos veces. Primero, por el amor de sus padres, bajo el nombre de Pablo Daniel Agustín Rodríguez Rodríguez. La segunda oportunidad por obra y gracia del director del diario talquino donde entonces trabajaba, Daniel Ortiz Alfaro, en los momentos en que preparaban una edición especial para el Mundial de Fútbol de Italia.
“No podemos sacar esta cuestión con los mismos nombres de siempre –reflexionó el director, acariciándose el mentón y arrugando los ojos-. Esto tiene que ser con corresponsales extranjeros y con nombres más vendedores”.
Ortiz Alfaro obtuvo la necesaria inspiración tras contemplar por unos minutos la geografía italiana de un mapa clavado con alfileres en mitad de la sala de prensa.
“¡Aquí, Pablito! –exclamó Ortiz Alfaro, mientras apuntaba con el índice hacia el norte de la bota y con su rostro iluminado por el chispazo del acierto-. Aquí están tus raíces, en el norte italiano próspero e industrial. No en el sur, porque está lleno de pobretones y mafiosos. Desde hoy serás nuestro corresponsal de la provincia de Bolzano”.
Ni siquiera las quejas de su madre impidieron que nuestro amigo pasara a la historia del periodismo talquino con su firma de reportero del calcio, Paolo Rodríguez Vianco: “¡Acaso eres huacho que andas escondiendo tu segundo apellido, cabro de porquería!”.

10 comentarios:

  1. Anónimo19/4/11

    jajajajajaja... ¡Notable! Puro realismo mágico 2.0

    Lulo

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  2. Querido Claudio.. Fuiste mi grata compañía en esta tarde lluviosa y fresca por este lado de la cordillera. Casi me atraganto con los mates dulces mientras leía, pero sobreviví para comentarte cuánto disfruto de tus relatos.. GRACIAS!!!!!!!!
    Ahora vuelvo al trabajo que me amarga la vida y me enfría los mates pero me da de comer.

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  3. Pa' lo que se le ofrezca a su mercé Lorena... aquí estamos pa' servirla...

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  4. En Buenos Aires también hay mates dulces que contrarrestan el fresquete que se vino pero aka tubimos mas suerte porque hubo sol. Entretenido relato, lo felicito sr. Claudio.

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  5. Un texto escrito con maestría, estimado Claudio. Técnicamente perfecto e hilarante a más no poder. La realidad de nuestro periodismo también tiene su lado jocoso. Me recordó el mejor estilo de Jenaro Prieto y Gogol, pero sin duda creo que los superaste.

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  6. Bajo ese predicamento, yo debería haberme llamado Jorge Corleone, Jorge Nebraska o Jorge Montana, pero me habrían confundido con un tío de Hanna Montana.

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  7. Con relatos como este, querido Claudio, haces que me reconcilies con el resto del mundo.
    Gracias por este rato de sátira y humor perfilados con la maestría de tu pluma.

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  8. Gracias a todos por sus comentarios y aportes; Jorge, Lulo, Lorena, Alejandrita. Jesús, un gusto ayudarte a la reconciliación. No te píerdas.

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  9. Se enumeraron varias cualidades de Paolo, pero faltó una muy importante. Es un hombre extremadamente leal, a toda prueba. Un excelente reportero, con gran creatividad e imaginación para escribir.
    Trabajé con Paolo y fui testigo de su segundo bautizo, como ocurrió con Oscar Catillo Fong; Williams Trebor Schultz y Darío Zúñiga Chavarri

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  10. Y según sabemos, estimada Sonia, se agrega un cuarto personaje: Alex Beltran Varoli. Una gran galería de personajes para una tremenda historia de nuestro terruño. Comparto la cualidad que agregas de Paolo, Sonia.

    Gracias.

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