10 de mayo de 2011

Instinto de supervivencia

LILYMETH MENA -.

Abres los ojos y estas en un lugar muy alto desde el cual puedes contemplar la escena que te voy a describir a continuación. Imagínate un enorme monstruo del cual la mitad de su cuerpo sobre sale por encima de los altos edificios, destruyendo una ciudad entera. Derribando a cada paso de sus enormes patas los postes de luz, los de teléfono, tirando con manotazos los grandes arboles, devorando con sus fauces automóviles y a las personitas dentro de ellos, también a los que caminan por la calle. 

Se escuchan gritos llenos de pánico de gente aterrada que corre sin saber bien a donde. El crujir de unos autos contra otros y la caída de construcciones enteras.

Al final del día, cuando no queda un solo poste que tirar, un gato que aplastar contra el pavimento, cuando no hay nada mas por destruir, y no vienen a ti ni siquiera esos recuerdos que te atacaban en otro tiempo al anochecer. Solo queda ahí parado sobre las ruinas de lo destruido, el pobre monstruo con las patas llenas de trozos de automóvil y vidrios rotos, entre los dientes se encuentra rascándose con una uña, el uniforme del bombero que se comió una tarde antes. 

No, yo no quería. Nunca lo quise. Me levantaba todas las mañanas poniendo especial cuidado de meter el pie correcto dentro de la pantufla adecuada, me lavaba los dientes, cepillaba mi enmarañado cabello, e iniciaba la rutina como si nada.

Intentaba poner mi mejor cara al salir el sol y sostenerla durante todo el día, aun si me atrapaba el trafico o si me tocaba una lenta fila al pagar; me decía que debía sostenerla tan solo un instante mas al llegar a casa, o mientras servía la cena y me lavaba los dientes, incluso un segundo antes de irme a la cama, me la dejaba puesta.

Pero en algún punto entre mis parpados y el techo oscuro, me inundaba de nuevo aquella enorme sensación de vacio. 

Siempre supe que todo era falso.

Es terrible no tener a que aferrarse en esos últimos momentos del día, cuando los segundos se estiran en interminables spaguettis que uno no puede tragar de una buena vez.

Y una, y otra, y cada pinche noche es lo mismo. Un cuerpo vacio sobre una cama igual de vacía que se ha quedado sin sueños, sin fe, incluso, me temo, sin imaginación. 

Y me toca seguir sacando al monstruo todos los días, y debo tener especial cuidado en que se coloque la pantufla correcta en cada pata peluda y que salga a destruir el mundo.

8 comentarios:

  1. Lo leí varias varias veces. Las que siguieron a mi primer lectura fueron acompañados de una sonrisa.. Me sonrío porque me divierte como lo expresás, porque me siento un poco identificada y porque por ambas cosas no puedo más que admirarte mucho. Divertido y profundo, qué difícil combinación y qué bien se te da Lilymeth.

    Saludos !!

    ResponderEliminar
  2. Demonios y monstruos infinitos dentro de breves líneas, una síntesis magistral... leerte se vuelve un vicio masoquista,querida Lilymeth...

    ResponderEliminar
  3. Anónimo10/5/11

    Ya estaba empezando a extrañar tu pluma Lilymeth, y aparece este nuevo relato. Como siempre, me mueve a actualizar reflexiones, y en este caso, miedos profundos. Pero, me quedo con el alma liviana gracias a la lúdica exposición que logras de tales profundidades existenciales.
    Saludos

    Gladys

    ResponderEliminar
  4. Anónimo11/5/11

    Debería programar al Godzylla que lleva dentro para que aplaste políticos y narcotraficantes, señorita Lilymeth.
    Lúcido y formidable escrito.

    ResponderEliminar
  5. Así es, mi querida lilymeth, somos como unos Bin Laden de la miseria del mundo (respetando la posibilidad de que Bin Laden no haya sido más que un simple chivo expiatorio)

    Hoy, más que nunca, las palabras de Macbeth recobran toda su fuerza:
    "íApágate, apágate, fugaz candela! / La vida sólo es una sombra que camina, un pobre actor / que se contonea y consume su turno en el escenario, / y luego no se le oye más. Es un cuento / contado por un idiota, lleno de sonido y furia, / que no significa nada".

    ResponderEliminar
  6. El espejo nos devuelve distintas coordenadas a lo largo de una jornada. Suele ser arbitrario, manipulador, obsesivo, rencoroso, iluso, lujurioso, nostálgico, desesperanzado. A veces, sólo a veces, nos devuelve incluso el primer plano de un temible exterminador de la raza humana.

    Soberbio escrito mi querida Lilymeth.

    ResponderEliminar
  7. jaja.. amanezco sintiendome godzilla y que ganas que tengo de aplastar todos mis problemas con una pata.

    ResponderEliminar
  8. Monstruos y fantasmas nos acechan desde las primeras horas del día. Creemos que los ocultamos mientras hacemos nuestras cosas pero basta con vernos al espejo y ¡sorpresa! están ahí. Qué cara que tenemos! Increible relato, encantador estilo srta. Lilymeth.
    Saludos a todos, me gustó su BloG. Volveré.

    ResponderEliminar

*