16 de mayo de 2011

Julieta es "Otra cosa"


Por Juan Pablo Jiménez




“Cuando ella llegaba

dejaba una parte más

hermosa muy lejos

Cuando ella se iba

algo se formaba en

el horizonte para esperarla”

(Vicente Huidobro)


Si miro dentro de mí en realidad siempre he esperado que mi mujer me escriba un poema. Ahora, si me escribe una canción, olvídenme: ya puedo morir tranquilo. Y ahora, si esa mujer tiene sonrisa de niña y mirada de cristal –u ojos de papel, que es como lo mismo–, tanto mejor. Si habla suave como si a ratos le faltara un poquito el aire para terminar las palabras antes de presentar una canción, aún mejor. Julieta Venegas es así. Como que hubiera nacido así de etérea. Uno la ve en vivo y esas teclas son la prolongación de sus dedos, de todo aquello que se revuelve en su sentir. Los amores posibles, los imposibles por supuesto; las sutilezas feroces de mujer, los recuerdos simples, el corazón repleto de dudas. Uno la ve presentando en vivo “Otra Cosa”, su último disco, y vuelve a sentir en ella esa tristeza que dibuja con una sonrisa, de cristal, ya saben. La veo en vivo y me dan ganas de subir al escenario. No como un fan, sino como un tipo simple que camina por la calle hace tiempo pensando en alguien tan dulce y a la vez tan power como ella. Para decirle gracias, para abrazarla unos seis o siete segundos. Para decirle que es bella como hace tanto tiempo he querido decirle. “Es tan bueno despedirnos, como habernos conocido. Por lo que tuvimos tú y yo y se acabó; por eso brindemos hoy”, dice Julieta embarazada en el video de “Despedida”. Embarazada de Simona, un trozo de vida que vino a transformarle la vida. Despertarse una mañana de sábado y encontrarse con tu mujer de belleza simple mirándote desde el sillón de la habitación. Ella con una guitarra disparándote palabras flotando en melodías. Para ti… Para mí. Descalza y en pijama. “Lo que a tu lado fui, me lo guardaré. Solo pido que deje de doler”, confesión en “Ya Conocerán”. La misma Julieta de los dedos sobre su acordeón, su guitarra, su teclado, que le pide a su muchacho que la espere, que vayan lento, que se reinventen, que la reencante, que él es para ella porque se lo ha dicho el viento. “A veces no sabemos a quién dejar que nos mande, si al corazón o la razón. Tal vez lo mejor sea dejarnos llevar por el corazón, se pasa peor a veces pero al final de cuentas es el más sabio”. Palabras de Julieta en vivo y de nuevo esa sonrisa indefinible, cuando se le achican los ojos, cuando los dientes le brillan. Baila como niña, no importa que ya sea madre. Eso no tiene nada que ver. “Un lugar para los dos. Para los dos un lugar; para empezar algo nuevo… solo nuestro”, deseos simples en “Un Lugar”. Deseos simples en una vida simple. Porque en lo simple generalmente se esconde la grandeza que nos transforma. Julieta siempre está hablando de ello: de lo que la ha transformado, de las tristezas que han dibujado capítulos en su vida. Por eso los ojos de melancolía tal vez en la Julieta Venegas de los primeros tiempos, la de vestido largo y bototos. Y hoy, claro, ha pasado el tiempo. Ella vino a Chile con seis discos bajo el brazo, muchos premios y reconocimiento, una pequeña que llena sus días: Simona. Es otra cosa, pero al final la misma de siempre. Y eso es lo importante en un artista, que no olvide su condición de mortal. En ese pelo largo y liso; en ese vestido largo hasta el suelo; en esos zapatos blancos está la Julieta que sentada al piano habla de las cosas que le suceden, como a nosotros nos suceden cosas. En sus canciones podemos sentir esa comezón que trabaja dentro de nosotros como una hormiga, en silencio y disciplinadamente, conformando todo lo que se quedará en nosotros como un recuerdo, como una historia. Ver a Julieta caminando por el escenario como en su estudio, es como acompañarla en sus procesos de creación o cuando alimenta a Simona, que también es un proceso de creación, de creación de vida.

16 comentarios:

  1. Anónimo16/5/11

    Es evidente la idealización de la figura femenina a través del personaje. Me pregunto porqué algunos hombres tienden a desear la imagen idealizada de figuras femeninas inalcanzables, lejanas a su cotidianeidad y a subvalorar a las cercanas, a las que se la juegan en el día a día por ellos, que les aceptan y aman con sus grandezas y bajezas.
    Me gustaría saber la opinió masculina al respecto.

    Caroline

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  2. Anónimo16/5/11

    Te respondo Caroline, porque la vida no es justa y los hombres son ingratos... Dicho esto en una noche en que amo mi soledad!!!

    Lila

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  3. Los hombres solemos tener esta extraña tendencia a obnubilarnos por frivolidades, por fantasías eróticas, y confundimos todas las cosas. La amistad e incluso las relaciones laborales no pueden estar completamente exentas de obsesivos deseos carnales.
    Estamos mal hechos, sin duda.
    Somos tan sólo unos atolondrados aspirantes a la perfección femenina.

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  4. Anónimo16/5/11

    Pero no siempre se idealiza desde lo erotico, también desde lo que esperamos de nuestra compañera como cariño, dulzura. Las mujeres sueñan con principes y nosotros con princesas.

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  5. Ante todo bienvenido!

    Me enternece leer a un hombre hablar con tanto romanticismo. Sin dudas hay en esa menuda figura femenina una proyección de idealizaciones que a la mujer de vida que trajina con jornadas laborales extenuantes, con las labores hogareñas y la crianza de sus niños le choca.. Esa mujer eterea con la que los hombres sueñan y le prodigan palabras de amor es una fantasía inaplicable.. Estoy segura que esa a la que besan con los ojos y acarician con las palabras está lejos de ser perfecta, seguramente sufre y tienen defectos que no son siquiera imaginados..

    Saludos

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  6. Anónimo17/5/11

    ¡Cada día me sorprenden más con su blog! ¡Que buenos escritores tienen!
    Qué enamoradizo este Jiménez, eso sí. Seguro que eso se lo dice a todas

    Sole

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  7. MSuper tiernoooo pero cierto es que las casadas tenemos poco tiempo para parecer almitas etereas pero comprendo sinceramente la propensión de los hombres a adorar a estas personalidades. Mi forma de hacer la guerra y que me valore es cocinar un buen estofado con mucho amor real.

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  8. Anónimo17/5/11

    Hazte ver Jiménez.

    Un abrazo de lejitos, que la temperatura por estos lados está rompiendo los termómetros.

    Janice

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  9. Se lo hemos dicho muchas veces, Janice. Pero prefiere hacer terapia con sus amigos y lectores.

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  10. Personalmente, creo haber tenido obsesiones parecidas, aunque no de esa envergadura. Principalmente por mujeres japonesas jóvenes, con piel de porcelana y rostro de muñeca, por la desnudez difusa de la Alanis Morissette en su video Thank You, por los gritos destemplados en la cancha de María Sharapova y las notas imposibles de la soprano Verónica Villarroel.

    Hoy creo estar mejorándome de todas las obsesiones, salvo de la ópera.

    Interesante escrito.

    Saludos de bienvenida, amigo Jiménez.

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  11. Anónimo17/5/11

    Es sobre Julieta Venegas??? Qué genial!! Me encantó. A ella la adoro.

    Besos para todos
    Alicia

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  12. Anónimo17/5/11

    Buena JP, súper lindo lo que escribiste.... hasta terminé media enamorá de la julieta...jejejeje
    Cariños
    Fran

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  13. Los hombres tenemos nuestro lado romántico. Personalmente me gustan las alegres y risueñas así es mi sra aunque es bastante vaga para los quehaceres en casa y la tenemos caotica por no desir desastroza. Cuando me enamoré la veía parecido a como este ve ala que canta luego cambio pero la amo con la misma fuerza a mi bruja.

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  14. Anónimo17/5/11

    Recordando las obsesiones de amigos pasados (y lo cuento porque tuve que sufrírmelas toditas, porque a los amigos hay que aguantarlos la mayoría del tiempo)la que más me llamó la atención fue la de Tito Cartagena, compañero de universidad en la Chile, cuyo máximo delirio era hablar durante días, meses y años sobre las perfectas proporciones del culo de Shakira. Ni siquiera eran sus canciones, ni sus movimientos pélvicos, sino su culo. Sólo dios sabe todo lo que tuve que escuchar sobre ese tema.
    Luego Tito Cartagena, (que adornaba su propia leyenda personal con haber sido el único hombre que ha bebido 40 cervezas de un tirón) le dio por coleccionar imágenes y películas de Mónica Belluci, y por supuesto habló día y noche sólo de ella durante al menos dos años.
    Lo peor fue cuando le dio con la obsesión por Britney Spears. Ahí ya adquirió la apariencia y la mirada de un psicótico sexual, a la par que adornó su cabaña con cuanto póster encontró de la adolescente estrella, y de películas pornos con dobles casi exactas de la muchacha.

    Muchos años atrás, cuando aún vivía en Santiago, tuve que soportar la obsesión de mi amigo escritor Manuelito Capote, por la actriz Brooke Shields, aunque ciertamente su pasión tenía rasgos más románticos que los del tristemente célebre Tito Cartagena.

    Por mi parte, y haciendo un esfuerzo en mi deteriorada memoria, recordé una escena que me dejó eróticamente pegado largo tiempo, y la protagonizaba la actriz Emmanuelle Beart en la película Manon de Sources. Allí aparecía solitaria y desnuda danzando junto a un manantial perdido en un bosque. Una diosa terrenal. Más tarde comprobé que su esposo, Daniel Auteuil era muy feo, pero extraordinario actor (lo que no viene a lugar y sólo lo digo de picado), pero madame Beart fue y sigue siendo una de las más geniales actrices francesas.

    Como decía en mi anterior comentario, hoy, por salud mental, me convenzo a mi mismo de estar recuperado de tan funestos deseos jimenísticos.

    Muzam

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  15. Anónimo18/5/11

    Muchas gracias Lorena y Muzam, por su cordial bienvenida. Un placer sumarme a este valioso equipo que ustedes encabezan. Gracias también a todos los lectores y comentarios.

    Se vienen más sopresas.

    Un abrazo, Juan Pablo

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  16. Qué linda es esta Julieta. Me enamoré de ese lindo sueño. No le cuenten a mi jermu.

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