9 de mayo de 2011

Los ecos del Chico Mendes


PABLO CINGOLANI -.

Cobija, la capital de Pando, en Bolivia, está situada a orillas del Río Acre, frente a la ciudad brasileña de Brasiléia, un municipio que forma parte del Estado de Acre. El moderno puente que une a las dos poblaciones fue bautizado con el nombre de Wilson Pinheiro. Y así la memoria de Pinheiro devino un símbolo paradojal, para unos y para otros, para los que quieren preservar la selva y aprovecharla de manera
sostenible a través de un modelo de desarrollo no destructivo, y para aquellos que buscan erradicarla, en nombre del progreso, para plantar soya y criar más vacas.

Cuando Lula Da Silva –que regaló el puente a Bolivia, ya que el costo de la obra (7.3 mm de reales) fue pagado íntegramente por Brasil–, lo inauguró, invitó a Carlos Mesa y a Alejandro Toledo, entonces presidentes de Bolivia y Perú, a la fiesta. Fue el 11 de agosto de 2004. “Brasil tiene más responsabilidad, tiene que tener mas solidaridad, tiene que ser más compañero y ser más generoso en su política de integración”, dijo en su discurso (que extractado puede leerse en la versión on line del periódico Página 20 de Río Branco) el ex obrero metalúrgico que hoy lidera el proceso empresarial-estatal más ambicioso de incorporación forzada de la selva amazónica a la economía mundial.

La inauguración de los puentes sobre el Acre y el que ya vincula Iñapari- Perú con Assis Brasil (ese mismo día, se puso su piedra fundamental) era la evidencia de que el iirsa, el proyecto de infraestructura masiva que soporta la estrategia de negocios más formidable que acecha a la Amazonía en toda su historia, no sólo era deseable, sino que era posible.

¿Qué diría Wilson Pinheiro si no hubiera sido asesinado el 21 de julio de 1980 por su lucha en defensa del derecho a la tierra en el propio local del sindicato agrario de la mismísima Brasiléia? No lo sabremos nunca, pero Marina Silva, la ministra del medio ambiente que acompañó a Lula desde el primer día de su gestión, renunció a su cargo por las presiones que sufrió para que su despacho apruebe las licencias ambientales de las represas del Río Madera, el verdadero rostro de esa clase de
integración proclamada por el mandatario brasileño y que son la punta de lanza de todo el nuevo andamiaje productivo empresarial privado que se busca imponer a la selva.

Marina es acreana y sus primeros pasos en las luchas campesinas reivindicativas y en defensa de los derechos humanos los había hecho precisamente con Wilson y con Chico Mendes, el otro mártir brasileño en la lucha por la preservación de los bosques.

Juntos, el 12 de diciembre de 1975, habían fundado la primera organización local para su defensa y la de los trabajadores extractivistas que dependían de ellos para su sobrevivencia: el Sindicato de Trabajadores Rurales de Brasiléia. Pinheiro fue elegido presidente; Chico era su segundo. Fue un día histórico: miles de seringueiros, por primera vez, salían de las entrañas de la selva, se movilizaban y se organizaban para enfrentar el avance de los ganaderos que estaban arrasando el monte y convirtiendo la selva en pastizal. Wilson moriría acribillado cinco años después; Chico, el 22 de diciembre de 1988 en Xapurí, su cuna, otra pequeña ciudad, la próxima en el camino que une Brasiléia con Río Branco, la capital del Estado.
Desde allí, se diseñaba y se operaba la política represiva en contra de los campesinos.

La década de los ochenta del siglo xx en Acre estuvo dominada por el surgimiento de grupos armados irregulares que fueron conocidos, también allí, como “escuadrones de la muerte”, financiados por los miembros de la Unión Democrática Ruralista (udr), un ente corporativo de los terratenientes, cuyo nombre era sinónimo de terror en toda la Amazonía brasileña. Hasta hoy, la udr sigue siendo denunciada por el mst.

Los ataques al movimiento campesino no sólo incluyeron ejecuciones selectivas de dirigentes, sino hasta bombardeos de casas de campesinos que se negaban a vender sus parcelas a los latifundistas.

Enoch Pessoa, un policía que fue comisario de Xapurí entre 1978 y 1983, luego delegado de la Policía Federal en Río Branco, fue acusado innumerables veces por sus sistemáticas violaciones a los derechos humanos y por armar grupos de represión parapoliciales, al estilo de la Triple A argentina.

En Bolivia, los campesinos conocen bien la historia del movimiento seringueiro y de Chico Mendes. Para empezar, porque, tanto unos como otros, campesinos que huían de la brutalidad de los terratenientes y sicarios y otros delincuentes (como la propia familia Alves, ejecutores de Mendes), para refugiarse o escaparse de la justicia, cruzaban la frontera y se internaban en Bolivia. Pero no quieren que la misma historia se repita, no quieren otros Chico Mendes en Bolivia: la masacre de
Porvenir no debería repetirse nunca más.

Según Manuel Lima, el movimiento campesino de Pando, “defiende el derecho a la vida de la humanidad. Y no sólo de quienes viven en la Amazonía, sino de toda la humanidad en el planeta entero. Y esa es la fuerza del movimiento campesino amazónico”.

Es inevitable volver a oír el eco de las palabras pronunciadas en el auditorio central de la Universidad de San Pablo por Chico Mendes, quince días antes de su asesinato: “No quiero flores en mi tumba porque se que irán a arrancarlas a la selva. Sólo quiero que mi muerte sirva para acabar con la impunidad de los matones que cuentan con la protección de la policía de Acre y que desde 1975 han matado en la zona rural a más de cincuenta personas como yo, líderes seringuieros empeñados en
salvar la selva amazónica y en demostrar que el progreso sin destrucción es posible. Adiós, fue un placer. Vuelvo a Xapurí al encuentro de la muerte, porque de ella nadie me libra, estoy seguro. (…)”. Cualquier semejanza con la realidad que hoy se vive en Pando, Acre y Rondônia no es casualidad.



Capítulo del libro Amazonía final, de Pablo Cingolani.

3 comentarios:

  1. Anónimo11/5/11

    Un tremendo relato, Pablo. Muy bueno lo suyo. Lo felicito.

    Sole

    Gracias.

    ResponderEliminar
  2. Anónimo11/5/11

    Necesitamos muchos Chico Mendes y menos, ojalá ningún Carlos Slim.

    ResponderEliminar
  3. Bravo! Un realto increible. Grata compañía para un sábado por la noche con mucho frío y mates bien calientes.
    Saludos.

    ResponderEliminar

*