25 de mayo de 2011

Marquitos

JESÚS CHAMALI -.

Desde el pasado domingo 22 son muchos los amigos y conocidos que me han escrito o llamado diciéndome que para cuándo un post mío sobre los resultados de las elecciones autonómicas y municipales españolas explicando las razones de la debacle de los socialistas, del aparente auge imparable de la derecha, de cómo y por qué la gente vota a listas llenas de imputados por corruptos (¡huy, perdón, presuntos, corruptos, no vaya a ser...), de por qué esto, de las razones de lo otro...

¡Dios, qué aburrimiento!

¿Es que no tienen ya análisis sesudos de todo tipo y color, serios, menos serios y hasta en tono de humor que explican -o tratan de hacerlo- las razones evidentes o profundas de todo esto? ¿De verdad necesitan que yo explique lo evidente?

Yo creo que no, así que en vez de enredarme en una inútil maraña absurda que de verdad considero estéril, prefiero contarles la historia de Marquitos.

Marcos Méndez, Marquitos para todo el que habla con el más de diez minutos, llevaba 32 años trabajando para Baxter, una de las empresas que distribuyen material médico en el Hospital Universitario de Gran Canaria. Cuando cumplió 55 años, y con la excusa de la crisis, la empresa redujo plantilla a nivel nacional y a él le tocó la china, así que que desde el 2008 está sin trabajar. En enero se le acabó el seguro de desempleo y ahora sólo le quedan los 426.-€ de la ayuda social. Además, en la oficina de empleo ya le han dicho que con la edad que tiene, 58 años, no va a encontrar trabajo por mucho que lo intente, así que le recomendaron que se lo tome con calma, que cobre su ayuda y espere tranquilamente su jubilación.

Hoy fui al hospital para unas pruebas y ahí estaba Marquitos, sentado en una de las decenas de salas de espera. Va todos los días. Dice que no sabe a dónde ir, que su vida ha sido ir cada día a trabajar durante 32 años y que al menos allí puede saludar a los celadores y a sus antiguos compañeros. Todos lo tratan con respeto y cariño. Incluso lo invitan a café o a un sandwich que él acepta con agrado y dignidad, como lo más natural, como si en realidad aún fuera parte del sistema.

Hoy oí como un celador le preguntaba que a quién había votado. Marquitos, que estaba comiendo un sandwich de jamón se quedó con la mano a medio camino de la boca y muy serio dijo:

-Juanín, los socialistas lo han hecho tan mal que cómo les iba a volver a votar. Votar a uno de esos partidejos que sólo el que los creó y la madre que los parió conoce, me parece una broma. Con los comunistas no me llevo desde que forzaron a Carrillo a irse y luego a Anguita, para convertirse en una casa de locos donde todos quieren mandar como si Stalin aún viviera.

-¿Y al PP, Marquitos?

-¿Al PP? ¡Carajo, estaría bueno, toda la vida de obrero para ahora votarle al partido de los patronos! No mi hijito, no. Yo el 22 me agarre una botellita de ron, unas películas de vaqueros y me agarré fuerte tranca compañero.

Y todos estallamos en una sonora carcajada menos Marquitos que siguió comiéndose muy serio su sandwich de jamón.

6 comentarios:

  1. Marquitos entiende que no hay adónde ir, pues la mayoría de los caminos dicen "no pasar", "ocupado" o "ya te jodimos". También sabe que no importa a quién se vote, pues los pobres, los comunes, los honestos siempre pierden.
    Durísima y expresiva historia de nuestro tiempo, narrada con maestría por nuestro querido Jesús Chamali.

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  2. Sin dudas, un relato fantástico.
    Saludos!

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  3. Me había prometido no comentar más, pero me llamó la atención Marcos.
    En Chile tenemos un presidente derechista. Ganó porque los marquitos chilenos no votaron por el candidato de la señora presidenta socialista Bachelet. Se abstuvieron.
    En esa elección la derecha, no todos los derechistas le dieron su voto al actual presidente, ganó con menos votos. En porcentajes, quizás igual, pero en votos unos cuantos menos.
    Chile no estaba en crisis. Al contrario, nuestra economía estaba mejorando y buena parte de los resultados actuales tienen que ver con ello.
    Si no teníamos paro, no teníamos crisis. Por qué los marquitos chilenos no votaron por el candidato que proponía el partido de la señora Bachelet?
    No tengo una respuesta clara. Yo pienso que la gente se hartó de sentir que la izquierda no solo vendió rápidamente sus ideales sino que además fue eficiente dándole más plata a los ricos. La izquierda ha tenido la misma conducta donde llega. Se enamora del dinero y de ella misma.
    Hoy se están disfrazando de indignados, de outsiders y una vez más van a defraudar al pueblo. Ese pueblo, que como marquitos sueña con que vendrá un partido, un movimiento, un guerrillero a salvarlo de su miseria. Yo sé que muchos dirán que nos así, que los jóvenes acampados no quieren saber de partidos y que en Chile las protestas en la calle son legítimas expresiones de facebook y tuiter...
    Uno que ya es viejo, sabe que no.

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  4. Marquitos, cuando todos nos reímos de su ocurrencia, nos miró muy serio y y nos dijo: "si, claro, ustedes se ríen porque no tienen tiempo para pensar. Tiene trabajo, van al gimnasio -tú no Carlos, con esa tripota, ni por la puerta pasas-, al cine, de vacaciones...Pero cuando están como yo, con 426.-€ para vivir un mes, nada que hacer y se pasan el día sentado entre la gente oyendo sus cosas, no se reirían
    Todos los políticos son iguales, dime Luís, ¿si la tele no te pone debajo un cartelito diciendo el partido al que pertenece, tu sabrías por sus promesas o por cómo visten si son de derechas o de izquierda, si es del PP o del PSOE? No, seguro que no. Son todos la misma mierda, son como muñecos a pilas con el discursito grabado.
    Y se reía mientras se tomaba el café mientras esta vez, los callados eramos los demás.
    Amigos, yo no voté, soy apátrida en España. Pero no sé, de poder hacerlo, qué hubiera hecho. Estos días la ira me embarga...

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  5. Amigo Jesús, es evidente que sobrevivir con 426 euros conlleva una inevitable inmovilización contemplativa. El costo de la vida no guarda correspondencia con esa suma.
    El sistema político, aliado con el gran capital, tira los dados sobre la mesa, para que cada persona tenga que obligatoriamente sobrevivir dentro de ese acotado esquema.
    ¿Y qué hay de los millones que no son profesionales ni calificados ni emprendedores ni desean ser empleados baratos? ¿Dónde se aparcelan los que nadie estima necesitar?

    No puedo dejar de resaltar un aspecto que es poéticamente duro, devastador, un golpe de la vida y la literatura, como es Marquitos volviendo cada día al trabajo de donde fue despedido, para ver, caminar, saludar, oler y seguirse sintiendo parte de ese lugar que ya no lo necesita.

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  6. Anónimo29/5/11

    Qué buen relato, sin duda que Marquitos nos identifica a muchos que sabemos que la clase política más allá de sus denominaciones particulares son más de la misma podredumbre, que una u otra variante en el gobierno de turno no hace ninguna diferencia en nuestras vidas comunes y corrientes, porque no es lo particular lo que le importa al sistema , sino las cifras macroeconómicas, en las cuales basan el cumplimiento de sus promesas electorales, pero que ya sabemos que a quienes terminan beneficiando no es a nosotros, entonces si el sistema te pone en la disyuntiva de elegir sobre alternativas cerradas de gobierno, los Marquitos no tenemos opción y no tenemos como manifestar nuestra opinión disidente y mientras tanto, continuamos esclavizados a los designios arbitrarios del modelo sobre nuestras vidas. La libertad finalmente es una utopía en la mal llamada democracia.

    Caroline

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