1 de abril de 2017

La breve amistad de la señorita Chic Lee y la señora Sue Little

CLAUDIO RODRÍGUEZ MORALES -.





Cuando le quitan el vestido, la señorita Chic Lee no se puede reír ni menos mover. Está demasiado tiesa por el baño de azúcar que recibió en la pasarela donde desfiló junto a sus hermanas, todas compitiendo por ser la más dulce y la más linda que las demás. Separada del resto, al otro lado de un túnel, aguardan a Chic Lee unos sirvientes de punta en blanco listos para darle un masaje que le sacará toda la dulzura que lleva por dentro.

-¿Qué se supone que es esto? –chilla el Sirviente de Arriba.

-¿Acaso no se va a dividir nunca? –chilla el Sirviente de Abajo.

-¿Qué se creen ustedes que andan opinando de mí? –les dice Chic Lee para que se ubiquen y sepan con quien están tratando.

-Somos Dientes Incisivos y opinamos sobre todo lo que pasa por nosotros –dice Incisivo Arriba-. ¿Tienes algún problema?

-Sí, por supuesto que tengo un problema. No quiero que se detengan con el masaje –contesta Chic Lee-. Así que sigan con su trabajo. Para eso están aquí y no para opinar.

-¡Ja, ja, ja! –se ríe Incisivo Arriba-. Pero qué cosa más rara, chistosa y pegajosa eres.

-Soy le señorita Chic Lee por si no se han dado cuenta todavía.

-A nosotros eso no nos interesa –dice Incisivo Bajo-. Sólo queremos que te partas de una buena vez y te largues de aquí.

-¡Pero ustedes están locos! –dice alarmada Chic Lee-. Cómo que quieren que me parta, si yo soy así, enterita.

-¿Porqué no te comportas como una comida normal? Te cortas, te mueles y te vas por el pasillo –dice Incisivo Arriba.

-Porque soy una goma de mascar. Acaso no me conocen. Estoy hecha con lo mejores ingredientes…

-No, yo no te conozco –dice Incisivo Arriba-. ¿Tú la conoces, Incisivo Bajo?

-Tampoco –responde Incisivo Bajo-. Y ustedes, Colmillos, ¿la conocen?

-¡Noooooooooooooooooo…! -gritan los Colmillos-. ¡Grrrrrrrrr…!

-¿Te das cuenta? Ellos se ponen así de agresivos cuando no conocen a alguien –dice Incisivo Bajo-. Si no eres comida, no tienes nada que hacer acá. Te enrollas y te vas por donde viniste.

Un monstruo rojo, sin ojos, húmedo y resbaladizo se aparece frente a Chic Lee y la empuja, sin consideración alguna, contra la pared.

-¿Quién me llamó? ¿Me necesitan? ¿Alguien está molestando? –pregunta el Monstruo que salpica enterita a Chic Lee con su líquido tibio y espeso.

-Sí, Lengua. Tenemos trabajo para ti –dice Incisivo Arriba.

-Esta cosa rara que no se quiere partir –dice Incisivo Bajo-. Échala de aquí.

-Encantado, señores dientes –dice la Lengua-. No hay nada que me guste más que mandar a los intrusos fuera de nuestra casa. Pero hay un pequeño problema. No tengo autorización para actuar por cuenta propia, sino que debo seguir el conducto regular. Primero, obtener la aprobación de las señoras Muelas. Si ellas lo permiten, pongo de patitas en la calle a esta cosa rara, de origen desconocido.

-¡Cómo que cosa rara! –protesta Chic Lee-. ¡Qué te has creído, monstruo feo! Soy la señorita Chic Lee y nadie me falta al respeto, ¿entendiste?

-¡Silencio! –grita Incisivo Arriba, avivado por los otros Incisivos y también por los Colmillos-. Si las Muelas son más importantes que nosotros, entonces, ¡que trabajen!

-Siiiiiií… ¡Que trabajen! ¡Qué trabajen! ¡Qué trabajen! –corean todos los demás Dientes.

Lengua, sin pedirle permiso, envuelve a Chic Lee como una bufanda y la traslada hacia el fondo del pasillo. Toda mojada, la deposita delante de varias señoras gordas y blancas que conversan juntas y ríen. Apenas Chic Lee se alza frente a ellas, bastante maltratada por los Dientes, empiezan a cuchichear.

-¿Qué es esto tan feo y sin forma, hermanas Muelas? –se pregunta una de las Muelas.

-Y no se parte con nada, más encima –comenta otra Muela.

-Yo no sé porqué nos mandan estos desechos de allá adelante –dice una Muela del Fondo-. Son tan desconsiderados.

-Siempre quieren que hagamos maravillas –dice una Muela del Otro Lado.

-Lo peor es que no se divide con nada –dice Primera Muela.

-Yo creo que hay que proceder, no más –dice Muela de Más Allá.

-Espérate. Debe haber un acuerdo general para eso –dice Muela del Frente.

El masaje de las Muelas le causa a Chic Lee más dolor que placer. Se siente cada vez más seca, sin energía ni dulzor.

-Yo no vine para que me botarán como una basura –dice Chic Lee con una voz desfalleciente-. Vine para quedarme.

Pero las Muelas no la escuchan. Todas corean la sentencia final:

-¡Pro – ce – der! ¡Pro – ce – der ! ¡Pro – ce - der!

-Si todas están de acuerdo, entonces, ni una palabra más –dice Muela del Frente-. ¡Lengua!

-Me llamaban.

De nuevo aparece el monstruo colorado, húmedo y sin ojos, enemigo número uno de Chic Lee.

-Hazte cargo de esto –le ordena Muela del Frente.

Seca, sin dulce y moreteada por todos lados, Chic Lee es rodeada por Lengua y llevada de regreso por el pasillo hasta donde los nada simpáticos Dientes.

-Miren a quién tenemos de nuevo por acá –dice Incisivo Arriba-. La cosa pegajosa que no se rompe.

-Viene rechazada por las Señoras Muelas –dice Lengua-. Ahora podré cumplir con sus deseos, señores.

-¡Siiiií…! –grita el Incisivo Arriba

-Fueraaaaa… -grita también el Incisivo Bajo, también los Colmillos y desde más lejos, las Muelas.

-No, por favor, esperen un poco –ruega la pobre Chic Lee-. No me pueden dejar así como estoy, seca, moreteada, sin azúcar. Al menos devuélvanme mi vestido.

-Buuuuuh… ya no debe quedar nada de tu vestido –asegura el Incisivo Arriba.

-Nunca debiste haber entrado –dice el Incisivo Bajo-. Ya, que la despachen los Labios, no más. En marcha operación escupir.

Un viento tibio desliza a Chic Lee entre dos rodillos rojos que la empujan hacia el otro lado del túnel. Agarrándose de ambos, les implora:

-Ayúdenme, por favor. De ustedes dependo para poder quedarme aquí dentro.

-Cuando está en marcha la operación escupir, nosotros no tenemos nada que hacer –dice Labio

Superior. Con su compañero le dan el último empujón a Chic Lee con el que la lanzan al vacío-. Chao cosa seca, dura, amarga, rara y fea.

Chic Lee cae y, en vez de cosquillas, siente mucho frío. Aterriza dentro de un cuadrado áspero, seco y duro. Mucho más áspero, seco y duro que ella. Aplanadoras gigantes pasan por su lado en distintas direcciones. Su cuerpo, rígido y frío, no le responde cuando intenta hacerse a un lado. Una aplanadora la hunde contra el piso y después la arrastra con ella. Chic Lee toma una nueva forma, mucho más delgada. Siente una liviandad reconfortante.

-¿Dónde estoy? –pregunta.

-Estás en mi casa ¿Quién eres tú?
-Señorita Chic Lee, goma de mascar –contesta.

-Mucho gusto, yo soy la señora Sue Little –se presenta-. Alojé una goma de mascar la semana pasada. Después tuvo que partir por otros caminos, porque ya no hay tiempo para amistades largas.

-El gusto es mío –contesta Chic Lee-. ¿La molesto?

-Para nada –asegura Sue Little-. Pasa, toma asiento. Tengo muchos pliegues donde puedes descansar. El polvo y la tierra hacen bien para el cutis y el tuyo está un poco a mal traer.

Chic Lee, fina goma de mascar para paladares exigentes, acepta la invitación y, por primera vez desde que le quitaron su vestido, se siente en buena compañía, ignorando que pronto tomará nuevos rumbos, porque como dijo Sue Little “ya no hay tiempo para amistades largas”.

11 comentarios:

  1. Luisa25/6/11

    Viene bien para enseñar a los niños que su boca no quiere cosas raras y dañinas en ella. A la larga sería un ahorro significativo en odontología.

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  2. Caramba, Claudio, qué historia más triste a pesar de ir travestida de cuento casi infantil.
    Tiene un trasfondo tan triste, tan amargo, como esas bebidas que tras tomarlas te dejan en el paladar un sabor algo indefinible pero que no es del todo gustoso. ¿ Quién no se ha sentido en esta vida como un chicle que cuando se le acaba el sabor sólo es bueno para ser escupido y pisoteado?
    Profundo mensaje disfrazado de historia infantil y, como siempre, hecha con la maestría a la que tu genio nos tiene acostumbrado.

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  3. Se capta el mensaje. Qué triste sentirse identificado con esa sensacion de te uso y te deshecho. Saludos

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  4. Sofía27/6/11

    Es verdad!! A quién no le pasó alguna vez?? Ingeniosa forma de abordar la cuestión, tragicómica.

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  5. Genial, genial.. Divertido, tierno y tan tristemente real. Es parte de la vida te dicen, pero la pucha que da bronca y sobre todo angustia existencial que luego de que te quiten lo esencial te tiren como si nada. También te dicen que se aprende y uno se hace más fuerte ¿será? Yo nunca aprendo, pero eso es un problema de actitud que arrastro desde hace tiempo y creo que no tiene correctivo. Y bue...

    Saludos!!!

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  6. Es tiempo de amistades pasajeras o por conveniencia, de padres despreocupados e indiferentes, de políticos cada vez más cretinos y arrogantes, de futbolistas arribistas, etc. Es lo que hay.

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  7. ¿Un cuento para niños o una pervertidísima historia pornográfica? Literal o simbólicamente, el texto funciona de maravillas, y estoy seguro de que todas las interpretaciones darán en algún afortunado blanco.

    Entremedio de su laborioso trasiego cotidiano, Claudio nos ofrenda y divierte a ratos con estas seductoras rarezas narrativas.

    Mientras leía, no podía dejar de recordar la cantidad de chicles que me tragué sin querer queriendo durante mi infancia, y el temor que esto me provocaba, pues los adultos tenían un inventario del infierno para los tragadores de chicles.

    Tampoco podía sacarme de encima todas las bocas que besé con sabor a chicle de frambuesa, frutilla, sandía o menta. Mis compañeras de infancia, de primaria y de secundaria olían a chicle mientras parloteaban, mientras reían, mientras lloraban, mientras seducían o simplemente cuando pasaban por nuestro lado dejando su estela frutal.

    En la universidad ya no olían así, sino a cigarro, alcohol, café, galletas de coco o enjuague bucal.

    Excelente relato, amigo Rodríguez.

    Felicitaciones.

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  8. Anónimo29/6/11

    Chuta que estaba bueno lo que te fumaste loco.

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  9. Está copadísimo sin importar por dónde se lo tome o mastique. Saludossss-

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  10. Anónimo1/7/11

    jaja, de la buena, de la buena.

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  11. LUIS2/4/17

    Buena descripción de lo que es nuestra vida en esta sociedad de mercado. Entregamos toda la energía y la fuerza al mundo laboral,como el dulzor de la goma de mascar, para luego ser escupidos, cuando los que mandan determinan que ya no eres útil.
    Excelente ,estimado Claudio.

    Un abrazo

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