11 de marzo de 2013

Las noches sin luna

ROBERTO ÁLVAREZ QUIÑONES -.

Magaly está muy intrigada con la conducta de su hija Arelys. No entiende por qué tanta insistencia de la muchacha en saber qué días hay luna llena, o nueva, y cuándo no va a salir. Para colmo, ha notado que cuando hay luna su hija se viste de colores vivos, alegres, y cuando el poético satélite no se presenta lo hace con colores oscuros, o de negro. 

--¿Mami, tú sabes si hoy sale la luna?

-- Ay, mi’ja, otra vez con eso. No lo sé, pero ¿por qué ese empeño tuyo de saber su hay luna?, exclama ya nerviosa su madre.

--Ay Mami, nada, no me hagas caso, es simple curiosidad...

La extrañada Magaly no atina a engarzar aquel misterio con su obsesiva preocupación de madre: que alguno de los moscones que su niña tiene al acecho se la vaya a templar, pues aunque Arelys es muy madura y responsable, está demasiado desarrolladita para sus 15 años, con aquella popa que tanto da que hablar. Además, la muchacha trae de fábrica una sensualidad demasiado marcada y temprana, seguramente heredada de su tía Margot, su hermana, de quien no es posible ya saber cuántos marindangos ha tenido. 

Lo cierto es que Arelys tiene alborotados a todos los adolescentes del barrio y sus cayos adyacentes. Por ser una bestia en celo, Magaly no se atreve a comentarle nada de la curiosidad lunática de Arelys a Rodrigo su marido. Pero cavilando y cavilando una duda se la come por una pata: ¿Estará vistiéndose de oscuro sólo para escabullirse en las tinieblas e irse a gozar del sexo con alguno de sus sitiadores en los matorrales que están cruzando la calle?

Rechazando erizada dicho escenario quiere creer en la posibilidad, inocua, de que Arelys está en la onda de los astros y el cosmos, algo que le gusta cada vez más, según le ha dicho su amiga Lala, la astróloga.

--Arelys, ¿Lala te ha dicho algo de la Luna y los colores de la ropa?

--No, mami. Pero no cojas lucha, no me estoy volviendo loca, lo que pasa es que hice una promesa al revés, y quiero cumplirla...

--¿Cómo que una promesa al revés? ¿qué es eso? –pregunta Magaly

--Mira, uno siempre pide primero algo y paga después, pero yo le dije a San Judas Tadeo que si hace que nos saquemos el "bombo" y nos den la visa para la Yuma, yo por adelantado le voy a pagar vistiéndome según la Luna, y que cuando lleguemos a Miami cumplo la segunda parte, más fuerte, que por ahora es un secreto.

Magaly no se traga la píldora. La promesa está traída por lo pelos. Su inquietud se dispara.

La atribulada mamá teme que vayan a engancharle un sidazo a su hijita, que la preñen, o que Rodrigo descubra cualquier desatino carnal de su tesoro y ardan Troya y todo el Peloponeso. 

Tiene su razones para temer. A ella misma, en sus 38, con el trasero voluminoso a lo Rubens que Dios le regaló, es objeto constante de hostigamiento sexual callejero, sobre todo en los largos apagones. Y mientras rechaza cada intentona tiembla al visualizar la sangre que correría si su Yeti se enterara.

--Pero que yo sepa Arelys no tiene novio, ni ningún enamorao ladilloso, salvo el descomío ese de Carlitos, al que ya ella ni le habla, reflexiona Magaly dándose oxígeno.

Luego, al hacer un repaso puntual de cada moro costeño, Magaly se percata de que quien puede que esté disfrutando a su niña es el bonitillo de Silvio, el del piso 10, que anda siempre con una guaricandilla al retortero. O tal vez el resbaloso de Jota Jota, ofreciéndose siempre a llevar a la muchacha en su bicicleta a donde sea, pero sentada delante para, rozándole las firmes nalgas, jamonearla sin miseria. O el figurín de Pilín, un mosquita muerta tipo Gatica de María Ramos. Pero no, éste último es poco probable pues casi nunca se le ve el pelo.

Y así, automatraquillándose, Magaly se alarma. Poco antes del arribo del hoyo negro galáctico cotidiano le pide prestada la linterna a Cunda “la jabá”, su gran amiga y vecina. 

La luz fallece a las 6:00 pm en punto. Resucitará, con mucha suerte, pasada la medianoche. 

Tras el eterno arroz blanco con chícharos, boniato hervido, y medio vaso de Cerelac, la jovencita, vestida con un refrescante "baja y chupa" carmelita muy oscuro y una ancha saya marrón, agarra su mechón de kerosene y le dice a sus padres que va a bajar un rato al parquecito del edificio a oír la descarga del "Diente".

El desgarbado juglar, vecino del piso ocho, con su guitarra de mil achaques deleita a todos complaciendo peticiones, o develando alguna que otra melodía de su singular cosecha, con el peculiar matiz sibilante que dan a su voz los enormes dientes fríos, botados como la proa terrible de un barco pirata. Es el héroe de la muchachada en cada noche medieval.

Tan pronto Arelys sale su mamá se asoma al balcón y mira hacia abajo. Aquello es una boca de lobo virginal, sólo violada por el aro de luz guajira que dibujan los apestosos mechones en torno al bardo, a quien corean sus desafinados fans.

Magaly le dice a Rodrigo que va un momento a casa de Cunda. Minutos más tarde baja las escaleras linterna en mano.

Ya en el lobby del edificio apaga el artefacto de la shopping, y avanza despacito en medio de las tinieblas, con sumo tacto para no tropezar y destimbalarse con tantos desniveles, canteros, huecos, banquitos y tarecos que hay por doquier. Se acerca sigilosamente hasta unos pocos metros de donde se hallan Arelys y demás jóvenes.

Se coloca detrás de un árbol por si acaso, y se pone a observar al animado grupo. La rojiza luz intermitente le permite atisbar a tres varones y cinco hembras, que rodean al juglar.

No puede escuchar con claridad el tema de la charla entre canción y canción, pero le llega clarito la “Yolanda” de Pablo Milanés, “Nací en el Meditarráneo” de Serrat, la Mariposa prohibida de Pedro Luis Ferrer, y logra distinguir la voz de su hija pidiendo el Usted popularizado por Luis Miguel. No aprecia nada fuera de lugar. Se ríen, hacen chistes, y cantan alegremente.

Magaly permanece en su misión especial más de media hora. Pero nada, no ocurre nada. Su hija no hace ni el ademán de irse a ninguna parte. Allí sigue pasando sanamente el apagón feudal.

El alma le vuelve al cuerpo a la nerviosa mamá. !Lotería!, mi hija no está en na’!

Mientras sube aliviada las abismales escaleras sin barandas del inmueble de 18 plantas se convence de que su hija es de ley. La promesa a San Judas Tadeo es rara, pero es verdad. Y si no lo es, al menos detrás del enigmático afán por el color de la ropa según la Luna no hay negros nubarrones.

De regreso en casa, mientras Magaly le comunica a su marido que según la jabá no van a dar huevos ese mes, y que el picadillo de soya extendido “está en el pico del aura”, abajo en el parquecito Arelys se disculpa para ir un momento a su apartamento, y promete que enseguida regresará.

La quinceañera, en vez de subir a su casa apaga el mechón y sigue de largo hasta un hueco arquitectónicamente inútil del edificio de apartamentos contiguo, un escondite perfecto, mejor que el de Hernando, donde más lobezna es la noche.

Allí, en la penumbra total, la está esperando Pilín, todo vestido de negro cual Zorro justiciero. El fuerte mocetón la conduce raudo, enloquecido, hasta lo profundo de la guarida. Arelys, como cada noche sin luna, no lleva pantaletas puestas.

Un rato después, más retozona y alegre, la chica es otra vez quien mueve la batuta de la tertulia entre número y número del "Diente", y pregunta: 

--¿Caballeros, ustedes por casualidad saben qué es de la vida de Pilín?


Cubanismos

Templar: hacer el amor
Marindango: amante
Bombo: sorteo de visas en la Oficina de Intereses de Estados Unidos en La Habana
Yuma: Estados Unidos
Guaricandilla: mujer vulgar que se entrega fácilmente a las relaciones sexuales con el varón
Automatraquillarse: darse cuerda uno mismo; preocuparse en exceso
Mechón: lata llena de kerosene con una mecha que sirve como farol
Baja y chupa: pieza superior de ropa femenina que con halarla un poco deja los senos al aire.
Jabá: mulata muy clara con ojos claros y pelo rubio o castaño claro
Descarga: cantar informalmente rodeado de amigos
Shopping: tienda en la que hay que pagar con dólares,
Destimbalarse: tropezar con algo, o caerse y golpearse fuertemente

8 comentarios:

  1. Musical y sabroso relato. La luna se tapa los ojos para no fisgonear el apasionado despliegue corporal de la naturaleza.

    Notable.

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  2. Si los viera la luna los encubriría, no la veo en el papel de delatora sino como complice de los amantes y los hombres lobos.. Supongo que tiene gusto por lo salvaje y la aventura en sí.

    Entretenido y picaresco relato.
    Saludos.

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  3. De verdad un relato muy sabroso y pícaro. La ladina naturaleza se las arregla para dar curso a sus impulsos y desmiente absolutamente el dicho "más sabe el diablo por viejo....". Para tener en cuenta.

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  4. La luna les guiña el ojo a los amantes. Me gustó mucho la historia.

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  5. Pícaras nínfulas como la adorable Lolita. Pobres madre y benditos de nuestros ojos admiradores de frágiles bellezas teens. Lo felicito por este relato ingenioso y adorable.

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  6. Bendita luna, amiga y complice de tantos amores.

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  7. Formidable relato, cuento o lo que sea. Se agradece especialmente la sección de cubanismos que acaba siendo sumamente enriquecedora.

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  8. Con luna o sin ella, el amor de verdad y la pasión nos ponen de la cabeza y como auténticos lunáticos orbitamos alrededor de nuestro objeto de deseo. La luna es símbolo de nuestras dependencias creo y nos acompaña en esos momentos de agonía amorosa como en el climax de lo hecho realidad.

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