1 de agosto de 2011

Grandísima puta

JORGE MUZAM -.

Debe ser una puta- pensé. De buenas a primeras no entendía por qué tenía esa impresión. La muchacha caminaba apresuradamente calle arriba, esquivando hoyos y adoquines sueltos. No había nadie más a la vista a esa hora de la mañana. Yo estaba estacionado justo en medio de un enorme charco de agua lodosa acumulada con la lluvia de la anoche anterior. Mi mujer y mis hijos querían ir al mall a comprar un juguete de moda. No quise acompañarlos y me quedé en el auto, observando a las posibles almas solitarias que eligieran esa vía y leyendo un libro de Roberto Bolaño. No quise ir porque consideré que mi cara de antisocial muy enojado con el mundo no encajaba con las caritas alegres y distendidas que acostumbran recorrer los relucientes pasillos de los centros comerciales.

La muchacha se seguía alejando, casi al trote, intentando ponerse torpemente un chaleco para resguardarse del intenso frío. Era alta y esbelta y llevaba jeans ajustados. Era definitivamente hermosa. La seguí con la mirada intentando resolver el enigma de mi primera apreciación. Resolví que tenía culo de puta, largas piernas de puta, tacones de aguja de puta, pechos de puta, cabello largo, teñido y recién mojado de puta, manos finas de puta y rostro de puta (algo que es difícil de explicar, pero que es una cualidad casi pitonisa que nos atribuimos ciertos hombres y que nos permite identificar a las mujeres más licenciosas. Por cierto que el nivel de acierto suele ser bajo)

No obstante ser bella, la muchacha carecía de sensualidad, sus glúteos no iban danzando, sus caderas parecían rígidas y no caminaba dando pasitos de pasarela, sino que era más bien vulgar, como si no le importara ir matando hormigas o chanchitos de tierra. Pero qué diablos me importaba a mí lo que ella hiciera con su vida. Cada uno hace lo que quiere, o más bien lo que puede con su tiempo. Si yo hubiese sido mujer, lo más probable es que hubiese sido una grandísima puta caminando cuesta arriba por esa misma calle y a esa misma hora. Como hombre a veces he tenido mis deslices con más de una mujer a la vez (aunque nunca he cobrado ni pagado un peso) Pero eso no es lo importante ahora.

La muchacha tenía la edad de muchas de mis ex alumnas de secundaria. Pensé en cuántas de ellas se habrían transformado en prostitutas. Pocas tenían padres o parientes en condiciones de financiarles una educación superior. Varias andaban incluso desnutridas. La mayoría venía con la vida jodida desde la cuna. Imaginé la expresión que pondrían ante el señor profesor visitando de improviso sus lenocinios. Qué estupidez. De cualquier forma sabía que eran buenas personas. Nunca conocí malas personas entre mis alumnos.

Cabía también la posibilidad de que la muchacha no fuera formalmente puta, sino cajera, administradora o supervisora de un night club. Quizás hasta podía ser una enfermera o auxiliar paramédico que salía de su turno nocturno. Podía, igualmente, ser la solitaria esposa de algún minero, internado durante meses en la alta cordillera, que saciaba sus ansias sexuales con algún amante de turno. Era tan alta que también podía ser guardia de seguridad nocturna de algún banco o financiera. Talvez hasta era policía. De cualquier forma, todas las posibilidades estaban abiertas, podían conjugarse, ser todas ciertas a la vez o derechamente falsas, dada la debilidad con que mi brújula perceptiva se había manifestado durante los últimos años. Sin embargo, y no bien contemplar cada alternativa anterior, predominó en mí la sutil certeza de que esa muchacha era una deslumbrante puta.

Supuse que la muchacha iba a su casa, a dormir o a alimentar a su bebé. Quizás sólo a darse una segunda ducha descontaminante, a borrarse las huellas dactilares de sus últimos clientes, a desprenderse de sudores ajenos, humos de cigarro y alientos alcohólicos, a embetunarse con jabones desinfectantes, a hacer repetidas gárgaras con enjuagues bucales, a esparcirse espermicidas en las zonas ocupadas, quizás a jugar a creer que durante el día sería otra, disociada de la nocturna, más higiénica, más normal, capaz de sonreír a cambio de nada, otra muy diferente a aquella actriz que interpreta cada noche el mismo triste papel de fingidora de orgasmos, de aduladora de borrachos enfiestados, de saciadora de los puercos solitarios de la noche.

13 comentarios:

  1. Lucía1/8/11

    Qué duro se puso con una mujer que no conoce. No es raro que ciertos hombres juzguen a penas por los ojos.

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  2. Anónimo1/8/11

    MISOGINO? PARECE.

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  3. Sofía1/8/11

    Lo será realmente? Da toda la sensación que proyecta su odio y frustración en un cuerpo cualquiera que pasa andando por así- Eso pasa mas seguido de lo que se cree y de lo que nos atrevemos a confesar.

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  4. Puede que le acierte y lo sea. Es probable que tenga la mirada experta y aguzada como para sacar al hilo lo que es en una persona. Eso suele darse en las personas muy observativas que se dan a la contemplación. Me animo a decir que me gustó. Políticamente incorrecto.

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  5. Anónimo1/8/11

    Yo creo que era puta, amigo Muzam.
    He estado con putas mil veces. Incluso desnudos los dos tirados en la cama solo conversando. Les he hablado de mis dolores con otras mujeres, con mis 3 y media esposas y siempre dieron en el clavo. Las putas tienen una nobleza difícil de explicar que nace de su trabajo despojado. No tienen nada que demostrarle a ningún hijo de puta.
    Me sentí un poco tú, amigo Muzam. Odiando el mall y sus felicidades inventadas. Sentado en mi auto con un libro esperando a mi amante. Me sentí mirando culos de putas y no putas.
    La última puta con quien estuve fue una chica muy culta que venía de Argentina. Hablamos de Cerati y me dijo que lo mejor era que dejara a mi segunda esposa.
    Feroz relato, amigo Muzam. Por favor, cuando haga el corto, contráteme del personaje que mira a la puta.
    Abrazos.
    JP Jiménez

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  6. Jorge. Eres como un Balzac chileno, tan conocedor del mundo femenino. En lo que relatas nos sumerges en el alma femenina con tal perfección que escandalizas. Imagino cómo debe sentirse una puta, una pobre mujer con bebé, sin dinero para alimentarlo, sola. Imagino a esa mujer que se ve obligada a ejercer la prostitución como salida, a la que no le queda otro remedio, sintiéndose así, sintiendo que se cuerpo debe ser desinfectado, arrasada su piel de malos olores y sudores para sentirse, de nuevo, ella.
    Magistral amigo. Qué ganas tengo de conocerte...

    Un beso.

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  7. Me encanta! Una mirada rabiosa, sincera, prejuiciada y desprejuiciada al mismo tiempo, acaso condicionada por un momento de ira o angustia existencial. Un pensamiento trascrito sin atender al garrote que se ve venir una vez publicado. Cuántas veces lo pensé de otra, cuántas veces lo habrán pensado de mí?? Cuántas veces imaginé a un tipo como un H de P con tal sólo verle pasar o interactuar con su pareja ?? De esos textos que cosechan protestas y silencios.. pocas adhesiones a viva voz, de los que merecen un 10 felicitado en el cuaderno donde apuntás!

    Saludos

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  8. Andrea2/8/11

    Una mirada de un grandísimo------ Queda el espacio a completar según el que esté leyendo. Buen blog.

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  9. Un grandísimo ..., efectivamente, todos los adjetivos pueden dar en el clavo conmigo.

    Agradezco vuestros comentarios. A veces, y simplemente tecleando, nos vamos conociendo a nosotros mismos a través de las letras. No sé si nos ayudará a ser mejores, pero hay esporádicos momentos de felicidad que hacen que este incomprendido oficio de escritor valga la pena.

    Abrazos

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  10. Buena, amigo! Un texto que refleja las reflexiones de cientos, miles de sujetos que deambulan por las ciudades. Los millares de Leopold Bloom que invadimos el planeta y que se dejan llevar por el vicio especulativo placentero y nada fecundo. Claro, con el mèrito añadido de un autor inclemente como es tu caso.

    Gracias.

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  11. Jorge, tengo un pequeño problema. Al intentar escribir, tanto en mi blog "quienmentiendeamí" como en Plumas, nada más terminar la palabra, verla escrita y pasar a la siguiente se convierte en un idioma extraño. Lo intento varias veces y no acierto a comprender qué pasa. Si tú u otro que haya pasado por la misma experiencia quieren decirme qué pasa, se lo agradezco. Besos.

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  12. Está muy bien escrito; es el otro lado de la moneda de Bukovski, de quien estoy hasta la trompa de falopio derecha porque bukovskeó a toda una generación de hombres que no pueden agarrar la pluma sin echar mano del Bukovski. Mariaeu

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  13. De acuerdo con pirugenia, es una visión muy proxima al mencionado escritor. Tan de moda que acaba siendo como componer a lo arjona. Las mujeres terminamos cargando en el siglo 21 con la misma mirada que en el 16. Qué poco cambiaron las cosas y nosotras que engañadas estamos al ceder a todas sus necesidades y demandas.

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