13 de agosto de 2011

Yo soy tu secreto

LAURA FERNÁNDEZ CAMPILLO -.

Me comí el secreto. Una incipiente necesidad de expulsarlo burbujeaba por todo mi cuerpo. Los leucocitos parecían generar lenguas independientes, ansiosas por segregar las palabras que informarían del acontecimiento al resto de órganos vitales de mi anatomía.

No quería hacerlo. Quería ser fuerte y mantener las puertas de la publicidad cerradas, recoger dentro de mí aquella delicatessen de sentimientos que encogen el alma, o bien la asquean.

Primero elegí un confidente, solo uno, “nada más que uno”, me dije, “en él resguardaré la semilla del parto inconcluso que llevo dentro, “será casi como una fecundación in vitro que no llega a ser nacimiento”. Con un único confidente resguardaría el pacto de mi secreto. Solo seríamos dos en conocimiento; o más bien tres, porque el secreto, en sí mismo, podría ser el uno pitagórico que simboliza el absoluto, y yo sería el dos que porta la gracia, aunque no logra comprender sus dimensiones. Mi confidente sería el tres sacerdotal, la vestal que guardara el fuego del misterio eterno, la que cerrase la puerta que quedaría oculta más allá del tiempo… Sería como el tres que fluye en la inspiración del artista frente a su obra, el necesario trino que hace posible que el pintor concluya el lienzo.

Me quise convencer de todas las formas posibles, con la única intención de arrancarme el deseo de las entrañas, para que no me doliera por dentro. Pero la tortuosa e insorteable conciencia acompañaba a mi cabeza en todo este divagar de pensamientos, y repetía en tono contundente de barítono italiano: “Mantén silencio”.

Finalmente, tras los sudores y la fiebre de la primera noche de vigilia, la decisión vino a mí como si se tratase de una ofrenda ritual que el propio secreto me entregaba. En el susurro del amanecer, y con los primeros rayos de sol atravesando mi ventana, comprendí que el secreto no era algo independiente, no era “algo” que expulsar o que arrancar de mi vientre; comprendí que el auténtico secreto era esta existencia que carga con el destino de callar y de abrazar el credo de los silentes….

Schhhh, Silencio… yo soy tu secreto…

18 comentarios:

  1. Luisa13/8/11

    Misterioso y tentador secreto.

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  2. Anónimo13/8/11

    No diga nada!! Guarde el secreto que por un instante de incontinencia puede perder eso tan hermoso que le da sentido a su vida. Que el sueño no se puede vivir, no despierte encargando a otro que le llame al amanecer.

    Mia

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  3. Anónimo13/8/11

    A medida que leía me sentía dando vueltas o flotando en ese secreto, que se mueve dentro tuyo, en tus entrañas y conciencia como se mueven las palabras de un buen texto.
    Y este es un buen texto.
    Saludos cariñosos:
    JP Jiménez

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  4. Anónimo13/8/11

    No logro dar en el clavo, pero se siente la fuerza de la historia. Todos tenemos secretos inconfesables.
    Muchos besos
    Clara Sandoval

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  5. Definitivamente no!!!! Hay que guardar silencio. Magnífica prosa, me atrapó por completo.

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  6. ¿Es acaso un embarazo impremeditado protegido con el silencio? La principal seducción del relato, aparte de estar muy bien escrito, es el resguardo parcial de un secreto que quema las entrañas a su portadora. Contemplé igualmente la posibilidad de que fuese un secreto a secas, un secreto en sí mismo, sin explicación, sin lenguaje, sin forma, sin origen, sin destino.
    Poderoso relato.
    Abrazo

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  7. No podría desvelarlo… Ya no tiene entidad en sí mismo. Se fundió conmigo. Abrazos y muchas gracias por la lectura y los comentarios.

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  8. Pienso en todos los secretos que nos vamos guardando, los secretos azarosos, trágicos, tristes, vergonzosos, humillantes o perpetuadores del sabor de la lujuria en nuestras sonrisas al vacío. Pienso en aquella vida secreta que nos vamos construyendo, ese fondo de iceberg, y que muchas veces parece ser el mayor atractivo de una persona, lo misterioso, lo potencial. Hoy releía, tras muchos años, La dama del perrito, de Chéjov, y allí, precisamente, Gurov reflexionaba sobre esa vida disociada que casi todos llevamos: “Juzgando a los demás a través de sí mismo, no daba crédito a lo que veía, suponiendo siempre que en cada persona, bajo el manto del misterio como bajo el manto de la noche, se ocultaba la verdadera vida interesante. Toda existencia individual descansa sobre el misterio y quizá es en parte por eso por lo que el hombre culto se afana tan nerviosamente para ver respetado su propio misterio…”

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  9. Hermético, desesperado, como un poema blindado con espinas de rosas.

    Abrazos, querida Laura.

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  10. Suele suceder que al confidente, ahogado de morbo, le urja encontrar otro confidente y así, sucesivamente, hasta que el secreto llegue a ser más popular que The Beatles.

    Salutaciones.

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  11. Sofía14/8/11

    Yo soy tu secreto? No, amor, soy otra de tus mentiras. Es una posibilidad ¿no? Me gusta darle esa lectura, se parece a la vida de muchos y por suerte no a la de todos.

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  12. La fuerza de tu escritura me arrastró hasta acá para leerte más de una vez. Pienso en lo que no confiezas y en cada uno de los protagonistas, las causas y las circunstancias. Ya he estabo en ese lugar y sé lo que se sufre. Y de repente quiero acabar con ese silencio con un grito feroz.. le pregunto por qué no oculta y como no me contesta como quiero me respondo que porque en realidad no me ama. Pero la mejor forma de acabar con la prisión de ser un secreto no es gritar, sino ir en silencio. Nos quedamos en ese lugar hasta que queremos, por locura quizá.

    Mis respetos y saludos.

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  13. Anónimo15/8/11

    uhh!! qué agonía!!! dilo!!

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  14. Qué fuerza la de tu escrito, qué fuerza tiene la protagonista en su alma para resistir.. Personalmente puedo guardar secretos pero si me vuelven un secreto la cosa cambia, no es fácil esconderme ni cerrarme la boca. Es sin dudas una posición incómoda que no puede sostenerse para siempre.. el desgaste es inevitable.

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  15. Anónimo16/8/11

    ¡¡¡ODIO LOS SECRETOS!!!

    Pitufo Gruñón

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  16. Andaluza16/8/11

    El secreto se guarda hasta la muerte. muy, muy bueno.

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  17. Qué dilema. No sé. A veces la verdad sólo hace daño, no siempre es necesario andar contando todo. Mejor reservarse algunos secretos para uno y para siempre, por ejemplo?? no me aguantaría que mi marido me dijese a cuantas quiso antes que a mi. Es una cuestion muy personal. De todas formas, el texto es en sí casi un poema, bellamente escrito.

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  18. Secretos. Qué durísimo resulta tener que guardarse algunos secretos, pero no hay más remedio que hacerlo. Todos vivimos con esa esclavitud.
    Personalmente he contado cosas que no debería haber contado y eso me desasosiega muchas veces porque somos dueños de lo que callamos y esclavos de lo que decimos. Y yo me siento esclava.
    Sigue con tu secreto para ti.
    Un beso.

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