22 de marzo de 2012

Buenas noches

JUAN PABLO JIMÉNEZ -.

“Me despido de los
amigos silenciosos
a los que solo les
importa saber donde
se puede beber
algo de vino”

Jorge Teillier

Las despedidas para mí son siempre un cáliz de amargura.

Me he despedido del frío, de las buenas intenciones, de las tristezas, de los vientos tibios en los descuentos del verano.

Cuando ella se fue, aquella noche saqué todas y cada una de las fotos de ella y los dos que en la casa colgaban en las murallas. Arrancaba en silencio recuerdos. Los clavos de esos cuadros eran ataduras al pasado. Como si estuviésemos crucificados en un madero. Esas imágenes: fotogramas de películas antiguas. Encuadres del pasado. Robos del tiempo. Imágenes congeladas de días mejores como testimonios de una felicidad fallecida.

“Pensé que eran menos, que me demoraría menos”, le dije a mi amigo que esa madrugada eterna me sostuvo de los hombros cuando quitaba las fotos de mi esposa para sostener mis piernas de títere. “Es el amor, hermano mío, que no lleva registros porque solo entrega”, me dijo y una lágrima gruesa y cómplice hizo un camino por mis mejillas cansadas.

Me despedí un día de un compañero muerto. En realidad se despidió su padre que depositó en su frente un beso, el último beso más eterno del que tenga memoria.

Me he despedido del pasado, de los delfines. Cada vez que la beso y la miro a los ojos, aun cuando la felicidad o eso que creemos es la felicidad nos envuelve, como un consuelo anticipado pienso que es una despedida de esos ojos, de sus dientes blancos. Que mañana ojalá un camión la atropelle para no tener que verla al día siguiente y odiarla por amarla tanto. 

Me he despedido de las imágenes de mi hermana chica en las fotos de antaño. De amigos entrañables que nunca lo fueron tanto. Del perro que con mi padre enterramos en el patio.

De los días sin sentido. De las mesas cojas de madera en patios fríos de invierno. De los besos de mujeres que me juraron el amor único, genuino. De alegrías momentáneas que creía mucho más que bálsamos que alivianaran la carga. De instantes que de tan contundentes, parecían el desafío perfecto al tiempo y al espacio, que son curvos de estar tan agotados.

Me he despedido de una mujer antes de darle un abrazo y decirle no hagamos de esto un drama. Me he despedido de una mujer mirándola a los ojos mientras la escalera eléctrica de una multitienda me consume como si partiera a otros confines después de siete años. Me he despedido de una mujer que alguna vez me regaló la ilusión más grande.

A veces me despido de nada. Del día que termina. De un camino de tierra del que supongo nunca más volveré a dibujar sus contornos. De la playa que visité en las vacaciones. De un familiar que se fue lejos para constituir otra vida en medio de la vida. De un libro que termino de leer.

Las despedidas siempre son como un licor fuerte que nos quema la garganta y las tripas. Como una comida que cae mal al estómago. Como el encontrarse con un amigo después de muchos años y tener que despedirse porque cada uno tiene su vida: ya no es lo mismo que el colegio.

Las despedidas casi siempre son como una enfermedad, que me tienen convaleciente por unas semanas al no entender la real razón del desgano.

Me despido del potrero del barrio, de las murallas antiguas del colegio, de la casa vieja de mi abuela muerta, de los juguetes abandonados de mi hermana, que llevan su esencia en el apego al tiempo.

Me despido por el gusto de despedirme. Del perro de la plaza, del mendigo que pide dinero en la esquina para comprarse un litro de pan, de un viejo ser querido que no me saluda en la calle, de la muchacha que en estado alfa se subía a la barca para desaparecer en el horizonte como proceso de sanación.

Me despido de los dolores de infancia, las bofetadas de mamá y las marcas de la violenta correa en mi espalda como testimonio vivo de la presencia del enojo de mi padre. De los enemigos, que tan bien hacen en aquellos procesos de osadía que se confunden con el crecimiento.

Las despedidas son postales del pasado: la pichanga de barrio, la primera amiga, los primeros bailes en fiestas ajenas. Del primer beso que di en labios de otras latitudes.

Me despido de todo y de todos. De ti, que te despides de estas palabras.

7 comentarios:

  1. Cada vez que le sonrío a la nada o a un extraño me despido de las penas que me acosan, de la nostalgia que siempre me ronda.. Siempre me despido de algo doloroso pero me cuesta decir adiós de verdad y cada tanto vuelvo a ver cómo están a través de los recuerdo.
    Qué extraña sensación me dio leer este post porque justamente estoy elaborando un despedida que me duele demasiado pero que significa para mí un retorno a una monótona estabilidad de las emociones.. Eso me tiene en las nubes, riéndole al infinito.. LocaMENTE-

    Saludos :)

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  2. Decir adiós y luego arrepentirse revela una actitud poco firme frente a la vida. Si dice adiós, si se despide sea firme y no vuelva. Eso lo aplico a lo general, al quehacer diario y mundano. En lo que respecta a los escritores siempre se espera el regreso para seguir deleitando con sus delirios. Saludos.

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  3. Andrea Sáez10/9/11

    Cada día se nos muere algo. Es casi necesario que así sea para renovar al fin y al cabo, lo que somos. También he matado y vuelto a matar recuerdos violentos y amantes fallidos. Algunos ni siquiera lograron darse cuenta que llegaron ya muertos a mi vida y es mejor así, han sufrido menos y yo también. Pero sin duda alguna es necesario despedirse y cerrar los ciclos, quebrar los apegos y des-pegar de una vez. Ahora, no sé si quisiera des-pegarme de todo lo que tengo importante, incluido el gusto que tengo por leerle, de la mirada sincera del hombre que amo y de otras aventuras repetibles en otro momento. Mientras tanto, lo sigo leyendo y le admiro.

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  4. Anónimo10/9/11

    poeta del universo
    artesano de la simplicidad
    profeta del valle central
    repartidor del pan de los sueños

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  5. Bernardita11/9/11

    Nuevamente con la lata de la esposa... ufff supéralo y deja de escribir y mencionar eso, ya todos sabemos los que te leemos lo que pasó... por ahora paso... prefiero tus textos donde hablas de música y rock .... y no donde dejas mal a todas tus mujeres...

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  6. Muy lindo, muy tierno y sensible, como un amante a la antigua, eternamente apasionado. besos.

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