12 de octubre de 2014

Intimas solemnidades

JORGE MUZAM -.

Frank Bascombe y su hijo, personajes recurrentes de Richard Ford, recorren mansiones de estrellas del rock, de celebridades del cine, de la política y de la televisión. Les interesa particularmente averiguar cómo esas personas adornaron sus refugios, cómo se acomodaron y vivieron durante su paso por este mundo. Para ellos es un viaje lleno de solemnidad, una secuencia de rituales con los que buscan en el fondo reencontrarse a sí mismos, recapturar sorprendimientos y alegrías perdidas, porque qué es una admiración por otro sino una admiración hacia lo que despierta en uno mismo ese otro.

Hace unos días, Juan Pablo Jiménez, el escritor curicano, describió en Plumas Hispanoamericanas los sinsabores de su periplo a la tumba de Benedetti. Pocos lo comprendieron, varios lo maltrataron, e incluso yo me lo tomé a la broma en un primer momento, pues la frescura y el humor de su autoflagelante estilo está presente hasta en sus pasajes más dramáticos. Sin embargo, a poco andar recapacité y comprendí que el asunto era mucho más profundo, que ese viaje no tenía menos sentido ni importancia que quien va al Vaticano, a La Meca, a Cannes o a visitar la tumba de un padre o una madre. Reírse de las escenas descritas por nuestro amigo Jiménez era burlarse de uno de los motores esenciales de su ser.

El asunto de las cosas que son muy importantes y hasta solemnes para cada persona me siguió dando vueltas. Es cierto que como no creyente suelo desacreditar la religiosidad de muchas personas, y es algo de lo que me arrepiento. Nadie tiene derecho a hacer eso. De alguna forma, incluso los no creyentes nos vamos fabricando un sinnúmero de ínfimas religiones a lo largo de cada día. Religiones personales que a veces pueden ser muy extravagantes, rodeadas de un aura infantil, primigenia, como una reverberación adulta de ese niño pequeño que se quedó en nosotros, ese niño que estaba totalmente convencido de que el mundo mismo era un baúl atiborrado de sorpresas mágicas.

He preguntado a personas cercanas sobre aquellas cosas que más les importan en la vida, y todas han quedado sorprendidas con la pregunta y me han hecho la promesa de pensarlo mejor para responder adecuadamente. Me he hecho esa pregunta a mí mismo y no ha sido fácil dar con respuestas inmediatas y categóricas. Como no creyente, las religiones y sus aditivos y mentiras no me tocan. Tampoco me seducen las reencarnaciones ni espíritus ni histerias apocalípticas. Pero hay cosas frente a las que me detengo arrobado, mudo, agradecido, como ver a un conejo entrar y salir despreocupadamente de su madriguera, gozando de la hierba, del sol y de la brisa. También me inclino solemnemente al contemplar las aves chapoteando en los humedales, al leer poemas de Rolando Cárdenas, o al compartir la ternura protectora de alguien que ama a una flor. Puedo experimentar incluso un instante de profunda solemnidad ante una hormiga que camina solitaria y sin rumbo, y sobretodo al oír las risas y griteríos de los niños que compiten con los cachorros en alegrar la vida de quienes les rodean.


8 comentarios:

  1. Tendría 10 años cuando mi mejor amiga me reprochó el ser muy reservada y me propuso que le escribiera. Desde entonces escribo deshinibidamente todo lo que pienso y siento, expreso todas mis confusiones me diante cartas. Entre carta y carta, se me hizo costumbre leer y asociar (a veces innecesariamente) para expresar lo que me pasaba a mí. Lo que sucedió a J.P. Jimenez es algo tan típico, lo leo y lo repienso desde mi necesidad otros lo leen y lo reinterpretan desde su postura al momento. Me nace decir que los escritores no deberían mostrarse sensible a las reinterpretaciones impredecibles de los que le leen, deberían conformarse con entregar su escrito al mundo.. pero es eso posible?? Es una sugerencia hipócrita.. cómo no importarle.. A mi me importa y aún a 20 años de haber empezado a escribirle a mi amiga me sigo molestando cuando no me contesta o me malentiende.. Uff.. Pero bueno a seguir dandole a teclado siempre, siempre pese a todo!
    Mi religión? No tengo. Mis tesoros son mis recuerdos de momentos familiares, mis tardes al sol, mis caminatas solitarias que obsesivamente organizo y clasifico mentalmente. También junto cartas, imágenes, frases y pensamientos de gente a la cual leo... y muchos libros virtuales que leo desprolijamente.

    Ya dije de más ¿no? Ahora se sabe el origen de tamaña mala costumbre.. siempre autoreferencial.

    Saludos

    ResponderEliminar
  2. Anónimo25/9/11

    Eso es, justamente, lo que dice Lorena: ahí está, es un trozo de mí, un pedazo de mi carne. Ya hice lo mío. Los demás verán si entienden o putean sobre lo que uno escribió. Uno ya hizo lo suyo. No hay trampas.
    A Muzam le agradezco porque cada vez que me lanzo al campo de batalla con mi metralleta, él está tras los sacos apuntando por si aparece alguien a dispararme. Así uno se siente acompañado y sobre todo, entendido. Y claro, es parte del juego, porque de todas maneras cuando salgo al campo de batalla, siempre vuelvo con una bala en el tórax. Pero por ningún motivo me moriré. Se los advierto.
    Abrazos a todos.
    JP JIménez

    ResponderEliminar
  3. Julia Sanchez25/9/11

    Hay que salir a la calle con chaleco antibalas, ya sea uno comerciante o escritor la hostilidad está a la orden del día.

    ResponderEliminar
  4. Como dice el querido Cacho Castaña en Garganta con Arena: Canta, (ESCRIBE)la gente está aplaudiendo, aunque te estes muriendo no conocen tu dolor.

    Siga blandiendo la pluma cual si fuera espada¡¡
    Saluditos

    ResponderEliminar
  5. Sutiles reflexiones, comparto plenamente.

    ResponderEliminar
  6. Mis solemnidades son mis ahijados, todo lo que vivimos juntos es un tesoro invaluable y tengo por ellos una devoción que nadie puede comprender. Interesantes apreciaciones de la vida. Saludos.

    ResponderEliminar
  7. Inigualable, tan suya esta manera de expresar sensaciones y crear emociones. Besos.

    ResponderEliminar
  8. Jorge Muzam... sigues creciendo cuando escribes. Tus textos son geniales. Magistralmente escritos.
    Adoro a Benedetti, es mi maestro en esto de escribir. Combinaba de forma perfecta pensamientos y escritura.
    Esa necesidad perentoria de exponer los pensamientos y sensaciones en palabras es un arte...

    ResponderEliminar

*