21 de noviembre de 2011

¡Oh montaña poderosa!



PABLO CINGOLANI -.

Puedo convencerme casi como si nada, como ahora que te escribo ¡oh montaña poderosa!
Que estás viva y que tu piel me estalla y lo celebro y me conecto y me haces bien
Me liberas por saberte allí sentirte allí tan fuerte
Y entonces rebroto en ese no demorarme en nada más que tus arcanos
tus silencios que suelen ser los míos
Tu presencia hasta donde pueda verte y cortejarte y saberte siempre ahí aconteciéndome
En tus arenas que bailan y brillan y tus lunas en su quietud eterna
y esa felicidad brevísima pero felicidad al fin
De saberte piedra, de sabernos piedra nomás, piedra inmortal

Yo que sé de palacios sino son los tuyos
De otros amparos que tus tormentas y culebras bienvenidas
De esas nostalgias que se parecen mucho a tu geología
De tus abrazos tan colosales que son un mundo
Levísimo y potente, como todo lo que ya no cuenta

Por eso será que lo canto, por eso será que sin llanto
Te vuelvo a acariciar y mi alma gira va girando
Ensimismada y azul trepando al cielo
Donde los dioses sólo te nombran a vos
Y a los caballos salvajes de tus laderas
Y a las micas que son la diadema de una reina olvidada

Puedo a veces dejar a un lado las heridas y tus abismos
Y convocarte como ahora que te escribo ¡oh montaña poderosa!
Y olvidarme de lo absurdo de los motivos y serte fiel
En la insondable comunión del viento y las estrellas
En la unidad perpetua del desatino y la gloria
En la ceguera que te hace ver sólo prodigios
Y tus espejos que inflaman la dicha al sol de la lucha
Titánica osadía de saberte noble y en pie y que durarás mil embates más
Frente a tanta sangre que aún no es cauce
Pero que se lame y se relame en tu voluntad de ser así

Así, como eres, ¡oh montaña poderosa!
Así como el destino
Así como si ahora mismo estuvieses volviendo a nacer
Adentro mío.

Pablo Cingolani
Río Abajo, 20 de noviembre de 2011

3 comentarios:

  1. Nuestras hermanas mayores, siempre presentes, indicándonos con sus cumbres y pendientes que todo horizonte es un caos.

    Sublime, Pablo.

    ResponderEliminar
  2. Las soñé y no me detuve hasta verla con mis propios ojos. Una vez que las tuve enfrente las respiré! Magico, nunca las olvidaré aunque las playas cálidas no tengan nada que envidiarle a estas maravillas. BBs

    ResponderEliminar
  3. Mi padre, hombre que vivió en los montes primero y luego en la gran ciudad, me heredó la nostalgia por las montañas. En uno de los muchos empleos en que se ocupó, el viajar fue una constante a la que saco provecho abriendo los ojos y el corazón al mismo tiempo para atrapar la belleza del paisaje. Cuando era niña solía contarme con gran entusiasmo de cada detalle vivido, recordaba con extrañamiento que sus otros compañeros se ocupaban en otras cuestiones y depodricaban por la soledad y el aburrimiento.. Aburrimiento! Exclamaba y me prometía llevarme a conocer todos los lugares que vió... Te leo y me ensueño, quiero ir! quiero ver!
    Tu poema es maravilloso y me trasmitió con mucha emoción.

    Saludos

    ResponderEliminar

*