14 de noviembre de 2011

Yo pecador

LILYMETH MENA -.

La maestra nos llevaba a misa tomados todos de la mano y separados por sexo. Las niñas llevábamos una especie de pañuelito con encaje que debía cubrirnos la cabeza sujeto por prendedores. Lo que a mi me gustaba mas de esas salidas, era precisamente eso, que salíamos y veíamos el mundo desde una perspectiva abismalmente distante a cuando sale uno con sus padres. 

Los autos se detenían para dejar cruzar a nuestros grupos. Las señoras en la calle nos dedicaban tiernas miradas que yo no lograba entender, pero que disfrutaba como deben ser disfrutadas siempre las miradas de ese tipo, vengan de quien vengan y a la edad que sea.

La dureza y frialdad con la que nos trataban las maestras dentro de la escuela y especialmente dentro de las aulas, se tornaba en una curiosa especie de autoridad sumisa mientras estábamos fuera. Seguramente por temor a los testigos ojos del mundo exterior, siempre juiciosos. Aunque ninguno de nosotros se podía desprender por completo del recuerdo de aquella regla enorme detrás del casillero de la maestra. La misma con la que nos daban en las sentaderas cuando no rezábamos en silencio, con las manos cruzadas sobre el tosco pupitre de madera astillada y vieja.

Dentro de la iglesia nos tocaba estar más callados y quietos que nunca, supuestamente pidiéndole a dios padre que nos limpiara de nuestros pecados y que perdonara todas nuestras ofensas. 

¿Que pecados y ofensas puede cometer uno a los siete años?

Yo, de reojo miraba a los demás niños con los ojos cerrados, sin moverse, como si estuviesen en una especie de trance hipnótico.

Me gustaba pensar en si realmente estarían rezando y pidiendo perdón, desde luego yo no lo hacia, nunca tuve talento para dejarme asustar por el infierno o el diablo; en todo caso me era mas de temer la maestra con su regla, o tener que cargar diez libros con los brazos extendidos hasta la hora del recreo.

Pero no, parecía que todos los niños estaban bien concentrados en su dulce ejercicio y solo yo me divertía mirando como se asomaba el fondo de la anciana directora por debajo de su vestido siempre negro, y como sus medias en tono “Ala de mosca” se arrugaban justo donde se termina el pie y comienza la pierna. Medias tan arrugadas como toda ella.

Al final de la misa nos colocaban en fila según la estatura de cada quien para ir pasando al altar a que el padre pusiera sobre nuestra lengua la ostia. Las niñas debíamos poner la manita debajo de la barbilla en forma de plato sopero por si la ostia llegase a caer, o un poco de baba nuestra, supongo.

Nos habían dicho que la ostia era el cuerpo de Cristo. Para mi era un papelito insípido, pero me divertía mucho dejármelo sobre la lengua hasta que se desintegraba. 

¿Entonces, Cristo está hecho de papel?

Mucho menos iba yo a temerle a un dios de papel. Era como la quema del Judas, una especie de juego para los adultos que solo querían asustarnos y que nos portásemos bien.

Hoy en día, cuando entro a una iglesia en plena misa; mis ojos se pierden en aquella misma observación. ¿De verdad estarán rezando? ¿Estarán arrepentidos de corazón por sus pecados? ¿Son sinceros en lo que están haciendo?

Quizá se divierten por dentro como yo, mirándole las piernas a las señoritas y los escotes de las madres. ¿Y que hay de esa muchachita que voltea cada tanto a mirar al hijo de aquella familia, y que entre rezo y rezo le ha guiñado el ojo?

8 comentarios:

  1. María Laura14/11/11

    Se entra en una iglesia y sentirse perdido es lo más lógico.
    Excelente! Encantada de haberlos encontrado, un blog muy variado y dinámico el de todos ustedes!

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  2. Lucía14/11/11

    Lúcidos y lúdicos recuerdos de la infancia. Poco ha cambiado conrespecto a la iglesia y su formación, al menos en lo escencial que es lo que importa.
    Saludos

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  3. Curas y monjas controlando con la mayor severidad nuestra conducta. Eso es lo que se me viene primero a la memoria de aquellos años infantiles. Mucha represión y un tufo a muerte exhalando de sus fauces.

    Pero tu escrito tiene belleza, ternura y un ojo memorioso muy certero para reconstruir esa parte de tu vida.

    Quien sabe de qué están hechas las hostias, quizás de adormecedores de la voluntad.

    Un abrazo mi querida Lilymeth. Se te extrañaba por estos lados.

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  4. Excelente pieza de literatura herética e impía. ¡Cuántas falta nos hacías, Lilymeth!

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  5. Como ex-alumna de colegio católico a partir de lo que nos contás recuerdo mis propias aventuras y desventuras ..

    Me encanta leerte!! Se te extrañaba demasiado!

    A propósito del asunto religioso recordé una frase de Pessoa (y dónde la tenía apuntada):
    "Solo esta libertad nos conceden los dioses: someternos a su dominio por voluntad nuestra. Más vale que así lo hagamos porque solo en la ilusión de la libertad, la libertad existe."

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  6. Yo pecadora.. Siento culpa, culpa de lo que hice y lo que no, de lo que pude haber hecho, de lo que creen que hago que pienso o siento. ¿Qué hago? Me atormento constantemente y pido perdón. Para colmo de males nací mujer y si me miran o me rozan mi novio me dice que tengo la culpa, si hablo seduzco y miro propongo. Dios mío, qué bueno que dejé de cree en vos porque ahora no temo al infierno como castigo eterno, sólo me quedo penando por el juicio de los que me rodea. Algo es algo. Ya no me considero pecadora, a penas la peor de las personas. A caso el problema no sea la religión, ni la institución o negoción que se monta con los monstruos y fantasmas que habitan en nuestro ser, sino nuestra propia naturaleza. Yo soy una tormenta y mi mayor sueño es ser una dulce brisa de primavera, tendré que hacer algo para liberarme de mis males para poder vivir en paz.

    Encantador escrito.
    Saludos.

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  7. Que detalladamente que recuerta, con cuanto tino critica" Está genial"

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  8. Por cosas como estas opté por dar a mis hijos una educación laica. Es lo mejor, son más libres y se les nota más felices.

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