8 de junio de 2015

Fracasados y entrañables

CLAUDIO RODRÍGUEZ MORALES -.

Mientras en la cotidianidad evito su compañía para que su decadencia no se sume a mi propio patrimonio, en la ficción cinematográfica los escritores fracasados suelen ser personajes entrañables o al menos muy útiles a la hora de llevar adelante una trama (según mi opinión onanista, eso basta para volverlos entrañables).

Aunque los hay de diferente tipo, cínicos, ingenuos, arrogantes y sicóticos, todos los escritores fracasados cargan consigo la fatalidad de que las cosas no resulten como se proponen. Cada párrafo escrito les asegura un lugar en el sobrepoblado mundo de los autores inéditos, independiente de la calidad, el esfuerzo y el aporte que signifiquen sus desvelos para las letras universales, pues las leyes de la oferta y la demanda se han ensañado con sus papelitos (o archivos computacionales), lo que hace que no logren la tan ansiada gloria literaria.

Dada mi costumbre de gastar energías en asuntos poco prácticos, siempre pienso en la clase de obras que escribirían estos personajes, en sus estilos, extensión e impronta, cosa que casi nunca se sabe en la película, salvo por uno que otro comentario a la pasada de un personaje secundario y por ellos mismos.

Veamos algunos de estos escritores escogidos por mi soberano arbitrio y que se suman al equipo de Gil Pender (Owen Wilson) de “Medianoche en París” de Woody Allen, ya comentada por este servidor hace algunas semanas.



Jack Torrance


Aunque el personaje pertenece a la novela “The shinning” (El resplandor) de Stephen King, la creación que nos interesa viene de la mano del cineasta Stanley Kubrick y del actor Jack Nicholson en la película del mismo nombre.

Alcohólico, aspirante a escritor, mal pensado, cesante y explosivo, Torrance consigue empleo como cuidador del antiguo hotel Overlook, ubicado en las montañas de Colorado, durante los meses de invierno. Dado que todo el personal se retira hasta la nueva temporada de visitantes, a Torrance sólo lo acompañarán en su estada en el Overlook su mujer e hijo pequeño, a quien él en el pasado había golpeado por desordenarle los papeles de su escritorio, etapa de su vida supuestamente dejada atrás.

Torrance decide aceptar semejante trabajo porque, según su criterio, le permitirá tener las condiciones suficiente para poder escribir su novela con tranquilidad. Pero esta aparente calma no contribuye a su concentración, sino que lo lleva, poco a poco, a perder el control sobre la realidad. Esto se ve reflejado en un manuscrito de su autoría con una única frase repetida página tras página, en diferentes órdenes, formando figuras geométricas, de izquierda a derecha y viceversa, lo que espanta a su acongojada, temblorosa y torpe mujer: “all work and no play makes jack a dullboy” (todo el trabajo y no divertirse, vuelven a Jack un muchacho aburrido).

Influenciado por las historias de asesinatos, parricidios, violencia, orgías y glamour que se acumulan en las décadas de existencia del hotel, Torrance comienza a incubar dentro de sí la idea que su familia le incomoda por lo que decide deshacerse de ella, azuzado por el fantasma de un antiguo empleado que liquidó con un hacha a su esposa y sus dos hijas.

Probablemente, Torrance tiene algunos cuentos y bosquejos narrativos a su haber antes de su ingreso a Overlook. ¿Cómo serían sus ficciones? Dudo que se asemejen a las de Stephen King, con esa escritura poco prolija, frases cortas y traducción insoportable. Más bien lo veo como una suerte de estilista, un autor de ficciones de hermosa prosa para relatar verdades terribles, como toda buena literatura. Una suerte de admirador de Vladimir Nabokov, con relatos de niñas nínfulas, escritores que escriben sobre escritores, reflexión sobre el lenguaje, enigmas literarios redondos y autosuficientes, herencia de Jorge Luis Borges, Salman Rushdie, Thomas Pinchon y David Foster Wallace.




Holly Martins



Personaje de la película “El tercer hombre” de Carol Reed, guión de Graham Greene, interpretado por el actor Joseph Cotten, acompañado por colosos como Orson Welles (Harry Lime), Alida Valli (Anna Schmidt) y Trevord Howard (el mayor Calloway).

Martins es un escritor de novelas del oeste quien llega a la Viena post Segunda Guerra Mundial, dividida como una pizza entre las cuatro naciones vencedoras. La motivación del viaje es la promesa de empleo que le hiciese por carta su amigo Lime. Esto hace inferir al espectador que la venta de sus libros no es lo suficientemente solvente como para dedicarse sólo a aquello y esto lo hace arriesgarse en tierras desconocidas.

Al llegar al departamento de su amigo, se entera que ha muerto atropellado hace sólo unas horas. Pequeños detalles lo hacen sospechar de lo sucedido y decide investigar, lo que no cae muy bien entre los que fueron cercanos a Lime, ya sea por afecto o desprecio. Tampoco entre los vecinos de esa Viena en ruinas. En el camino conoce y se enamora de Anna, actriz y amante de Lime.

Martins es reconocido por un soldado (el mismo que lo golpea en el mentón para tranquilizarlo cuando amenaza con agredir al mayor Calloway, luego que éste hablara mal de Lime) como su autor favorito y cita un par de sus obras. Lo mismo dice el propio Calloway al sumergirse en la lectura de uno de sus libros por recomendación del soldado. También coincide con este juicio un ex socio de Lime, lo que no será impedimento para que complote con el fin de liquitarlo. Todos le mencionan lo difícil que les resulta interrumpir la lectura una vez que se encuentran ante una de sus historias de acción. En definitiva, Martins es todo un maestro en el manejo del suspenso.

Sin embargo, estos elogios no surten ningún efecto. Se muestra confuso en una conferencia sobre la novela contemporánea y reconoce su ignorancia sobre la vida y obra de James Joyce. Durante toda la película, el escritor se encuentra sólo, desorientado, enamorado, ebrio, no correspondido, pobre y despreciado. Anna prefiere a su cruel novio, ahora de verdad bajo tierra, que al vivo y lúgubre Martins esperándola apoyado en un árbol a la salida del cementerio.


Andy Farmer


Personaje interpretado por el comediante Chevy Chase en la película de George Roy Hill “Funny Farm”. Farmer es un cronista deportivo que decide abandonar su empleo y departamento en la ciudad y radicarse con su esposa en una casa de campo y así cumplir su sueño de escribir una novela. Pero los envíos a su editor no tiene buena recepción y la vida del campo le resulta más complicada de lo que jamás se imaginó. Al buscar una explicación, su dulce esposa no se atreve a darle una opinión sincera de esas páginas leídas por imposición más que interés.

Pero Farmer, como todo buen necio que se precie de tal, no se da por aludido. Insiste con su máquina de escribir y en hacerle frente a los embates de la naturaleza con trampas que lo asemejan al Coyote de la Warner Bross por el nivel de estupidez alcanzada en el metraje de proyección.

Mientras tanto, la esposa de Farmer escribe silenciosamente historias infantiles protagonizadas por ardillas, lo que causa primero perplejidad y luego envidia en su marido, al darse cuenta de la lluvia de ofertas que recibe de las mismas editoriales que a él lo desprecian. Una suerte de J. K. Rowlling, éxitosa y genial, con un fracasado de compañero.

¿Cómo escribe Farmer? Imagino que como mucho escritores y aspirante a escritores que me he topado en el camino de la vida y a los cuales me da pudor emitirles algún juicio o comentario sobre su trabajo.

¿Quién es uno para matar la ilusión de consagrarse en un gran fracaso?

12 comentarios:

  1. Genial, amigo Claudio, genial....

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  2. Mate ilusiones no más amigo. Hay que matarlas antes que sea tarde.

    Soy un fracasado consciente, autoasumido y voluntario. Sólo yo decido cuando triunfaré y si es que me da la gana que eso ocurra.

    Excelente compendio sobre el fracaso mi amigo.

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  3. Ludmila Alonzo20/12/11

    Los que se fregan en la vida son tan recordados como los más exitoso, personajes especiales como los primeros pero con menos suerte! Un text genial. Saludo!

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  4. Una radiografía impecable de personalidades más que complejas donde más de uno puede sentirse reflejado. Cabe a escritores como a cualquier otro creador, crativo o soñador. Recomiendo no matar ilusiones poque sin ellas no se vive bien sino que se muere en vida.

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  5. Algunos se fregan con sus propias manos mientras que otros nacemos jodidos y nos acomodamos al mundo con lo que podemos hacer. ni mas ni menos, a penas utiles.

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  6. Anónimo22/12/11

    Y usted, Claudio Rodríguez, ¿se considera un escritor fracasado?
    Muy bueno su artículo.

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  7. Poco de lo primero y mucho de lo segundo.

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  8. Un escritor escribe bien, ud escribe muy bien mi amigo. Mate ilusiones en lo que respecta al éxito que depende de tantas cosas que no están bajo la órbita de su control.. no todos los buenos tendrán exito ni serán debidamente reconocidos como lo merecen. Creo que la conciencia honesta y cabal de lo que se hace junto con el cómo y por qué determina que nos sintamos fracasados o no. Después el resto del universo puede pensar lo que quiera!

    Abrazos, desde ya que me encantó!

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  9. Ud sabe cómo escribe, espere que el éxito llame a su puerta. Eso sí pongase comodo porque "ese" se hace esperar y es muy solicitado. Y si no llega? Así es la vida. No es un fracasado entrañable, es un escritor esperando su opotunidad!
    Buen texto, de lo mejor!

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  10. difícil esto del éxito o el fracaso.Si fracaso fuera solo no publicar o no publicar como uno quiere es una cosa, pero y si se publica y nadie compra, y si publica y muchos compras, pero nadie critica , y si publica, lo compran y lo critican , pero aún así son libros prescindibles? quizás el éxito solo seá un espejismo, aunque el fracaso siempre es de arena .

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  11. La línea que separa el éxito del fracaso,en tu campo literario amigo Claudio, creo que
    la fija cada uno de ustedes, como también la fijamos los demás en otros ámbitos.
    De mi paso pòr la universidad conocí algún buen escritor con mucho éxito en los medios estudiantiles y creo que jamás en vida logró (o no quizo) publicar.

    Muy bueno su escrito, hacía algún tiempo que no lo leía a usted.

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  12. Creo en el éxito de saber que se escribe bien. Una conciencia autoasumida. Parece una actitud arrogante, pero estimo que sin esa base es difícil plantarse con los pies firmes en el mundo literario.
    Todo lo demás, lo que llegará a influir en un éxito sostenido o momentáneo de alguna publicación, pues todo eso es difícilmente controlable. Una significativa cuota de imponderables se abalanzan como guillotinas afiladas sobre las cabezas de los buenos, mediocres y pésimos escritores. Nadie está a salvo y a cualquiera le puede ocurrir cualquier cosa.

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