25 de enero de 2012

Una playa

Por Pablo Cingolani




Tal vez nos desoigan las piedras
Desentendidas de crueles maldades
Observan cómo nos despojamos de magia
Y arrojamos al azar la condición humana

Tal vez las piedras se aburrieron de nosotros
Necios, glotones y vanos; secos de esa luz
Que antes se reflejaba en cada cuarzo, todo topacio
Había un diamante en cada ser humano

Tal vez suceda que nos quedamos solos en el barro
La angustia nos carcome, la ansiedad nos cincela
Somos el eco de una trompeta ciega, una playa

A donde van a parar tóxicos desechos, pus y sangre
A donde a veces concurre el llanto a mitigar
Que tal vez las piedras, ya no nos quieran más, ya no nos hablen más
                                                                    Ya no nos sientan.


Pablo Cingolani
Río Abajo, 24 de enero de 2012


Vista del rio Amazonas. Fotografia de Mayte Luque

2 comentarios:

  1. Un poema del tiempo. Los ecos inútiles se estrellan contra cualquier pared. Las piedras ya se hartaron. Esperan su propio estallido, su propia disolución. El resto, poco importa a estas alturas.

    Magistral, amigo Cingolani.

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  2. Precioso poema, me encanta.
    Te felicito y un abrazo fraternal donde quiera que estés.

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