10 de junio de 2012

Mi hermana Toya

Por Concha Pelayo

Seguro que recordáis aquellos versos del gran Lope de Vega que dicen “un soneto me manda hacer Violante y en mi vida me he visto en tal aprieto”. Pues algo parecido me pasa a mí  porque mi hermana Toya, Victoria Pelayo, me ha pedido que le presente su último libro, EL ROCE, en la Biblioteca Pública de Zamora el próximo día 14. Y creedme que siento el mismo aprieto que decía el poeta.

De mi hermana Toya, yo podría decir muchas cosas porque la conozco desde que nació.


Yo soy la mayor de cinco hermanos y ella es la más pequeña. Cuando vino al mundo yo tenía 16 años y por tanto podría referir muchas anécdotas, de su infancia y adolescencia, de su carácter y personalidad, podría decir muchas cosas como por ejemplo, que no comía nada y que todos andábamos detrás de ella para que comiera. Recuerdo que yo misma le daba la comida mientras le contaba los cuentos que yo sabía, que eran todos los de entonces: Pulgarcito, Blancanieves, Los Siete enanitos, repitiéndolos una y otra vez y metiéndole la cuchara en la boca cuando conseguía que la abriera. Pero aquellos cuentos no eran suficientes y me obligaba a contarle los que me iba inventando sobre la marcha. Así surgieron El elefante de la trompa pequeña, La mariposa con alas transparentes como las puntillas, El viento del septentrión…Se los conté tantas veces que se los aprendió de memoria mientras yo los iba olvidando. Entonces ella me decía: no, no, no es así, a lo que yo le respondía, pues muy bien, cuéntamelo tu primero para que yo te lo cuente después. Otras veces, mientras la tenía en mi regazo me peinaba intentando colocarme rulos y horquillas. Yo la dejaba hacer para que se entretuviera. Sí, fue una relación muy estrecha la que tuvimos ambas en aquellos primeros años de la vida de Toya, pero como lo bueno acaba pronto, aquello también. Yo me fui a estudiar a Madrid y la dejé sin su Cuentacuentos favorito. Por lo visto, todas las tardes, al salir de la escuela,  lloraba amargamente, me contaba mi madre,  mientras decía: Ay mi Chitita, -Conchita quería decir- Tan sólo tenía tres años.

Se podría decir de Toya que es una escritora atípica porque en su trayectoria literaria ha habido un antes y un después. Empezó a escribir con 20 años y lo hace, nada menos, que con una novela, “Una amistad corriente”. Nunca habíamos sabido nada de su vocación literaria. Para nuestra sorpresa, esta novela obtuvo el Premio de Novela Corta Ciudad de la Laguna de Tenerife en 1.986. Recuerdo recibir la noticia como una de las mayores alegrías. A mí que me gustaba escribir  y que lo hacía desde muy temprana edad aquello me pareció algo extraordinario y que me llenó de emoción. 

La novela, "Una amistad corriente", trata  la historia de una amiga de la autora a la que abandonó el novio, desapareciendo de la ciudad, sin que nadie supiese nada de él hasta pasados algunos años. Toya utiliza este hecho para urdir una trama  en la que, en  cada capítulo,  recrea vivencias y conversaciones con su amiga, entremezclando el pasado con el presente. La novela, además de estar escrita de forma impecable, establece su propia lógica que como dice Hegel, escoge los materiales que le parecen más significativos y los organiza de una manera nueva y aquí la autora se maneja perfectamente con la estética. También, según Ortega, la novela debe producir múltiples impresiones y su  estructura debe atraer irresistiblemente al lector. Podría decirse que mi hermana Toya tiene una forma de escribir que engancha inmediatamente al lector haciendo que éste, una vez comienza la lectura no pare hasta el final.

En 1989, vuelve a sorprendernos con su segunda novela, “Los días mágicos” y vuelve Toya a cosechar una segunda distinción. Su novela fue seleccionada entre las finalistas del Premio de Novela Corta “Casino de Mieres”.

El argumento de esta novela se sitúa en Madrid, durante el tiempo que compartió piso y habitación con una amiga norteamericana, rubia y guapísima, en un lujoso piso del Barrio de Salamanca, cuya dueña, vieja y fisgona, venida a menos, se vio obligada a alquilar una de las habitaciones para subsistir.  Ellas hubieran preferido una para cada una pero la vieja no accedió y tuvieron que conformarse con una, aunque la casa era una gran casa. La sorprendían a cada momento con el oído puesto en la pared de su habitación. Ellas, que lo sabían, abrían la puerta de repente y la vieja se llevaba sustos de muerte pero no se escarmentaba y volvía una y otra vez. Había un gato en la casa que se filtraba  por todos los rincones y ocupaba sofás, sillones y cualquier rincón confortable. Entre las páginas de esta novela de Toya supe yo que los gatos deben tener nombre bisílabo y, a ser posible, contener una erre. Nunca he sabido la razón pero, espero que la autora pueda aclarármelo.

Toya tiene en su haber, otras dos novelas, inéditas, que deben  reposar en el fondo de sus cajones. Yo no he leído ninguna de ellas pero al perecer, una es de corte policíaco.

Decía que en la trayectoria de Toya había un antes y un después. Tras esas dos novelas publicadas y dos inéditas, suspende su creación literaria durante veinte años, tiempo que dedica por entero al cuidado y educación de su hija Rebeca. Solamente cuando ya tiene todo su tiempo para ella porque Rebeca ha crecido y ya es una jovencita responsable y estudiosa, cuando Toya retoma la escritura y pasa, de la novela al microrrelato, de las, aproximadamente, 35.000 palabras a las 1000 con una facilidad y desenvoltura asombrosas.
Toya,  aunque es zamorana reside en Cáceres desde hace más de 20 años y es en esta ciudad, precisamente, cuando retoma de nuevo la escritura participando en diferentes talleres literarios donde ha publicado en el Blog Narrativa breve y en antologías de la  Universidad Popular varios relatos con títulos como La Vajilla, en 2008, El Hoyo, en 2009. La Mancha en 2010, donde la intriga el suspense y el humor no dejan al lector indiferente. Hay que destacar que Toya tiene un acusado sentido del humor y su sarcasmo y bromas la han llevado a situaciones surrealistas como en aquella  ocasión que llamó por teléfono a una amiga haciéndose pasar una empleada del Corte Inglés para decirle que en breve recibiría en su domicilio la barca con sus correspondientes remos,  que había comprado. Pueden imaginarse el susto de la amiga diciendo al empleado que ella no había comprado nada, que debía ser un error, pero ante su insistencia de que no había ninguna duda sobre el destino de la compra, la amiga comenzó, histérica, a llamar a sus desconcertados hijos que no sabían a qué venía tanto alboroto. Aunque todo quedó en una broma, más que pesada, su amiga se llevó un susto de muerte. Pero Toya es así, divertida y versátil, contradictoria.

En 2010 participa en una antología de relatos titulada “UN RATO PARA UN RELATO” con diez títulos, todos ellos de diferente calado en los que refleja situaciones mezcla de la realidad y de su portentosa imaginación. En uno de ellos, “EL HOYO” muestra  una potente carga de dramatismo, sadismo y frialdad que sobrecoge. O si no escuchen: “Después de tres días de intensa lluvia, la tierra se había ablandado. El barro había formado una especie de pasta endurecida que se ajustaba a su vestido como un guante.
Durante las cuatro horas que estuvo cavando, la perra no dejó de ladrar ni un segundo. Había tenido que atarla porque cuando Luís cayó al suelo se lanzó a lamer la herida de su cabeza, metió las patas en el charco y dejó decenas de huellas ensangrentadas alrededor del cuerpo. Empujó el cadáver hasta que rodó dentro del hoyo. A continuación tiró la maleta que horas antes él mismo había preparado tan meticulosamente. Sólo faltaba echar la tierra encima”.

Al leer esta cruenta historia la imaginación nos lleva a algunas obras de Camilo José Cela o de García Márquez, donde muchos de sus  personajes, descarnados e inmisericordes no concedían tregua a la compasión. Sin duda, Victoria, amante de la literatura latinoamericana ha bebido de aquellas fuentes.

Y pasa del dramatismo de El Hoyo al surrealismo de  “Cosas corrientes”. No tan corrientes, diríamos, cuando leemos lo que escribe la  autora:” En medio de la discusión, él detuvo sus manos en el aire delante de la cara de ella, pidiéndole que parara. Llevaban más de una hora metidos en el coche, sin poder salir por la lluvia que les había pillado por sorpresa.
¿Qué pasa ahora?, preguntó ella al tiempo que de un manotazo apartaba las manos que tenía delante. Sabes que no soporto que hagas eso.
No podemos seguir discutiendo, arguyó él.
¿Y por qué no?, claro, no soportas las verdades, prefieres que todo se quede así, que nunca aclaremos las cosas, que no sepa si es verdad o no, no te importa mi sufrimiento, a ti que te va a importar si sólo piensas en ti y en tu banco….
-Me he quedado sin pila en el audífono.
¿QUÉEEEEE¿?
No llevo ninguna de repuesto, dijo.

Podía seguir más pero voy a dejarlo aquí. Quería compartir con vosotros y celebrar, la presentación del libro de mi hermana para que la conozcáis.

7 comentarios:

  1. Hay escritores que tienen una enorme facilidad para seducir al lector, quizás porque transmiten desde su alma con honestidad, como si siguieran viviendo a través de palabras, saltando de la ficción a la vida como quien pasa de una habitación a otra. Lo que expresas de tu hermana habla muy bien de las dos, las engrandece a ambas. Espero poder leerla. No es usual que en una familia nazcan dos grandes escritoras. Me recordó a las hermanas Brontë, y también a la película Big Fish, donde un padre narra los hechos de la vida tan hermosamente pincelados, que terminan transformándose en historias más queridas que las reales.
    Bellísimo texto mi querida Concha, y dale mis saludos a tu hermana Toya.
    Un abrazo grande.

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  2. Qué bello par de hermanas! Me encantó este texto, me gustó mucho el comienzo que como a Muzam me recuerda a la película de Burton. La admiración medida y respetuosa con la que se refiere a la trayectoria de su hermana Toya, la retratan de un modo tan especial que se la puede ver, como si estuviesemos leyendo el reverso de un libro, un prólogo impecable digno de antología.

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  3. Muchas gracias a los dos, mis queridos Sofía y Jorge. No sé si es muy común,como dice Jorge, que dos hermanas escriban pero es así. Mi vocación fue muy temprana, la de Toya más tarde. No tenemos a nadie en la familia escritor. Mi abuelo materno, con una cultura muy simple, al parecer, le debía gustar pues, según me contó mi madre, intentó escribir algo sobre mi abuela, su mujer, de la que estuvo muy enamorado. No tengo ninguna referencia más. Un beso a los dos.

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  4. Luisa López13/6/12

    Gracias por presentarnos a su hermana, impecable narración. Saludos.

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  5. La coincidencia de vocaciones dentro de una familia siempre me sorprende, y la de escribir más aún. De tu talento disfrutamos a través de las numerosas ventanas dónde podemos leerte, de tu hermana nos queda este impecable testimonio. Siempre es grato leerte, Concha.

    Abrazos!

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  6. Anónimo13/6/12

    Eso es nobleza humana, amor entre hermanos. Hermosa narración.

    Abrazos

    Raúl de la Puente

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  7. Muy buen escrito, ya quisiera leer a Toya también

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