11 de julio de 2012

Secreto… a voces


ENCARNA MORÍN -.

En un primer momento ella sólo fue una voz melosa a través de la línea. El súbito impulso de encontrarla le llevó a salir veloz a su encuentro.

Como si la conociera desde siempre, se lanzó a sus brazos. Un abrazo cálido de despedida, tras la primera y casi efímera conversación, le despertó una pasión incontrolada. Pura y simple lujuria. Quería recorrer cada milímetro de aquel cuerpo. Como un lobo tras su presa, según definió él mismo. Deseaba saborearla sin demora, con inmediatez.

Volvió a buscar a la propietaria de la voz al día siguiente. Su aplomo le daba algo más que seguridad, le inspiraba madurez, sabiduría… lo cual añadía morbosidad. Le atraían promesas de pasión verdadera.

La abordó a la salida del trabajo, con un par de absurdas preguntas como excusa. Primero le pidió un abrazo, tomándose licencia para un beso que no era precisamente fraternal. Al instante, ella casi cayó rendida en sus brazos. Él se llevó algo más que el sabor de sus labios. Su olor le acompañó por el resto del día. La urgencia de tenerla era cada vez mayor.

Buscó a Dolly en las páginas blancas de la guía telefónica y la observó en su casa a través de sus persianas. Precisamente era su aparente vulgaridad lo que realmente le interesaba. Prometía ser un volcán de fuego y lava. En realidad, no la precisaba para otra cosa. Nunca había tenido algo similar. De las muchas mujeres que había frecuentado en su vida. Innumerables, en honor a la verdad. Ella tenía su propio estilo. Inteligente sin ser pedante, hermosa, aunque decadente, sugerente, aunque discreta, lo suficientemente distante para que no le ocasionara problemas, y lo cercanamente necesaria para que estuviera presta a sus chasquidos telefónicos cuando él la reclamara.

El cuerpo de Dolly parecía hecho a su medida. Quería tenerla. Nadie mejor que ella para recibir sus caricias, para devolverlas en forma de amor fugaz pero recurrente. Un rápido recorrido por su geografía le daría material para imaginarla el resto del tiempo, cuando no estuviera, cuando la oficial trotara con él en un amor mesurado y sereno casi apto para adolescentes. El adolescente que él ya no era, desde hacía mucho tiempo.

El hallazgo de la voz melosa le trajo tranquilidad en su vida. Ya no necesitaba nada más. Con ella compensaba la balanza. Podía fingir incluso que se había vuelto un hombre cabal. Teniéndola a buen recaudo, no había ningún peligro de escenas de celos. La una por fingir ignorancia y la otra por sobreentendida complicidad.

Lo siguiente que dejó caer, tras relatarle lo de su trágica separación casi reciente, fue que la oficial estaba en su historia, al menos de momento. Nada más allá de un amor sereno y tranquilo, sin emociones especiales, sin fuegos artificiales, sin salir de la casi rutina plácida y serena de la vida en pareja. Sin salirse tampoco del guión en cuanto los encuentros sexuales.

“Este es nuestro secreto”- fue lo segundo que sentenció-, solicitando así la debida discreción que todo hombre casado debe pedir a su amante. Será el tuyo, pensó ella, porque yo no voy a dejar de contárselo a mi amiga.

(Este fragmento añade algún dato más a la historia de Dolly, un personaje que terminó fascinándome hasta el punto de que llevo ya varias decenas de páginas en su honor).

5 comentarios:

  1. Un trío de personajes que se mueven en el límite de la realidad y el ensueño, entre la patología y el hambre de afecto, entre la soledad y el egoísmo.

    No hay dónde aferrarse. Algo parecido a la vida.

    Todo indica que la historia se encamina hacia senderos impredecibles.

    Un abrazo mi querida Encarna.

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  2. Tu forma de relatar es cautivante. Te felicito, muy bueno!

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  3. Gracias Anita...siempre el arte de contar historias estuvo entre una de mis cualidades de madre...me gusta detenerme en los detalles, precisamente en esos que casi nadie mira. Un abrazo y mil gracias por el apoyo...

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  4. Anónimo13/7/12

    Insinúa que los hombres nos fijamos en cosas superficiales?
    Extraño relato, saludos.

    Raúl de la Puente

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  5. Hay gustos para todo Raúl. La imaginación es libre como el viento. Lo que ocurre es que el fragmento está sacado de contexto. Todos los juegos se hacen a dos bandas al menos (o a tres en este caso)...

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