22 de agosto de 2012

63.000 Toneladas

JESÚS CHAMALI -.

Cada año se tiran a la basura en España 63.000 toneladas de alimentos perfectamente comestibles. Su único defecto es estar cerca de su fecha de caducidad o que su envase esté abollado o manchado, o si es fruta o verdura, que esté algo golpeada. Nada más. Y eso hace que según las leyes que regulan la sanidad en el comercio en España, no sean aptos para su venta, aunque sean perfectamente aptos para su consumo.

63.000 toneladas en un país y en un momento donde hay casi 2.000.000 de familias con todos sus miembros sin empleo y 11.500.000 de personas sumidas en la pobreza o en riesgo de exclusión social, según el último informe presentado por Cáritas.

Es decir, un 22% de los hogares españoles están por debajo del umbral de la pobreza mientras cada día se tiran a la basura casi 173 toneladas de alimentos perfectamente consumibles.

Pero con ser esto grave y un verdadero desatino, lo que me parecer una ofensa sin justificación y una verdadera hijo putada es que los dueños y encargados de esas cadenas de supermercados no sólo no se contenten con el evidente desperdicio e injusticia que es el arrojar a la basura tal cantidad de alimentos sino que, para evitar que las personas sin recursos puedan hurgar en sus contenedores y llevarse lo que ellos desperdician y tiran (supongo que para que sus ventas no bajen y así obligarlos a gastarse lo que no tienen en comprárselo directamente) han dado órdenes a los encargados de que trituren la comida antes de tirarla, y de que abran los botes de zumo o de leche para que no puedan ser aprovechados. Y además a que esperen hasta el mismo momento a que pase el camión de la basura para sacar los contenedores

Eso se llama humanidad y solidaridad.

Y cuando me entero de esto lo que me nace hacer es entrar con el carrito de la compra y empezar a tropezar en los pasillos donde tienen tan bien ordenaditas sus mercancías, esas que no están caducadas, esas con las que esperan hacer buen dinero y ganar sus beneficios. Y accidentalmente provocar el derribo de una torre de botes de mermelada y luego otra de leche.

Y mañana una de yogurt, que son tan frágiles...

Y si diez o veinte hiciéramos lo mismo cada día seguro que seguirían sin darle nada a nadie, pero al menos sus cuentas de resultados no seguirían engordando.

Y cuando nos prohíban la entrada a esos diez, que otros diez nos tomen el relevo.

Nadie está libre de sufrir un accidente.

Ni ellos.

A lo mejor se les ilumina ese bombillo que tienen apagado y empiezan a ser menos hijos de puta y a dejar que, al menos lo que van a tirar, lo aproveche quien nada tiene.


Publicado simultáneamente en el blog del autor "El rincón de Chamali"

5 comentarios:

  1. Hacia allá vamos, amigo Jesús. No eres sólo tú, ni yo, ni diez mil otros compradores, sino muchísimos más los que ya estamos explayando nuestro descontento a través reiterados días de furia.

    Ese egoísmo demostrado por los supermercadistas cruzó la línea de la perversidad.

    Suele repetirse en mi país. Y aún se repite a escala, en los hogares más pudientes. Botar lo que aún sirve es más cómodo que obsequiarlo a quienes lo necesitan para sobrevivir.

    Un abrazo, amigo mío.

    ResponderEliminar
  2. Hay tantas cosas inexplicables, querido amigo... que en el planeta hay comida para todos, y sin embrago tanta gente que muere de hambre.

    Ya sabes... las clases sociales aparecen junto con la necesidad de controlar con el excedente.

    Pero una cosa es segura: podemos y debemos pararlo. Removiendo conciencias... esa es una manera.
    Un abrazo Jesús...

    ResponderEliminar
  3. En Argentina cada vez que hay problemas de precio con la leche y sus derivados se vuelcan miles de libros de este alimento fundamental para el desarrollo de nuestros niños. Pasan cosas inexplicables en todas partes.

    ResponderEliminar
  4. En plena dictadura militar de Pinochet, cuando arreciaba el hambre en las poblaciones, hubo grupos que se armaron para asaltar camiones de empresas de alimentos y distribuirlos entre la gente más pobre. Cuando hay hambre todo puede suceder.

    ResponderEliminar
  5. Una costumbre horrenda. Qué sentirán los miles de hambrientos al ver esa comida destruida.
    Gracias por hacerlo público.

    ResponderEliminar

*