17 de agosto de 2012

Quince de Agosto, Día de la Vírgen

Por Concha Pelayo

Ayer, 15 de agosto fui a Ricobayo, el pueblo de mi madre, para asistir a la misa mayor. Fui mucho de pequeña y, con cierta periodicidad, procuro ir cada año. Mi madre me acompañó porque es su pueblo y a ella le gusta encontrarse con sus paisanos y amigos. Era un día no tan luminoso como es habitual pues las nubes amenazaban lluvia pero no llovió. El cielo se fue abriendo y el día se serenó.

Como de costumbre y, para la ocasión, las mujeres se habían puesto sus mejores galas, al igual que los niños y los hombres. Todo era una fiesta de color y calor humano. El cura, Luís, un hombre muy joven y de gran vocación, celebró la misa con gran devoción, tanta que los presentes atendían al ritual y a la homilía completamente entregados. Nos habló de la fe, de la Vírgen, de las comunidades vivas como la del pueblo de Ricobayo. Alabó la implicación de las gentes: de las mujeres que limpian y adornan la iglesia, de las camareras de la Vírgen que limpian los trajes y bruñen los adornos para que todo reluzca. Me llamaron la atención los cánticos, nuevos para mí, de música pegadiza y letra fantástica en la que se repetía una estrofa que se me quedó en la memoria:


de pie a tu derecha está la reina,
enjoyada con oro de Ofir


Al terminar la misa fui a saludar a Luís, le dije que me había gustado mucho su homilía y que me había llegado hondo. Me dijo humildemente que no era suya sino del Papa. Es igual, le comenté, has sabido transmitir el mensaje y eso es lo que importa. Me cuenta una amiga que este cura joven, compañero de estudios de su hija, cuando jugaban de pequeños, él ya hacía de cura y les daba la comunión. En un botecito metía piedras y las iba sacando mirando al cielo mientras introducía cada piedrecita en las bocas de las niñas. Eso son vocaciones.

Mientras seguía el desarrollo de la ceremonia reflexionaba sobre lo que me había contado mi amiga y en el momento de la comunión, yo veía a Luis de pequeño, con su botecito y sus piedras.

La fe se nos va de las manos, huye despavorida y nosotros nos quedamos como embobados mirando su vacío. No sé si, en estos momentos de aflicción, desesperación y crisis mundial, sería conveniente recuperarla.

11 comentarios:

  1. Qué vocación la del cura Luis. Cuando se hace de conciencia, con buena fe y humildad, entregando parte de la propia vida a ayudar a los demás, pues qué bien que así sea. Lo importante es que predomine la generosidad. que no nos dañemos unos a otros gratuitamente. Vuestra madre debió sentirse muy contenta. Las tradiciones eran hasta hace un par de generaciones algo muy importante en la vida de las personas, una especie de fiestas para el alma.

    Bello escrito.

    Un abrazo grande.

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  2. Raúl de la Puente17/8/12

    Aunque no soy creyente, percibo un espíritu sano y vital en sus palabras.

    Saludos


    Raúl

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  3. La mesura y el perfecto equilibrio en el uso de las palabras consiguen transmitir en tus textos un gran equilibrio.
    Explicas con tanta precisión lo vivido, que casi hemos podido estar allí...
    Un abrazo amiga Concha.

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  4. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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  5. Más allá del tema religioso que no comparto por opción, me gusta el contexto.
    Excelente relato, gracias por compartir su experiencia. Un gusto leerla.

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  6. Ir a misa es un acto social imperdible, siempre junta a la vecindad y la familia. A mi me gusta aunque hace tiempo no lo hago. Buen relato, me gustó!

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  7. M Jesus17/8/12

    Me gusto mucho el comentario sobre la Misa, sigo tambien la trayectoria de Luis y veo que es una persona que vive para el sacerdocio y lo vive, hay cosas muy sencillas que llegan al alma.

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  8. Ashraf Qaseem17/8/12

    De pequeño asistí a abundantes romerías religiosas. En esos tiempos casi todo el mundo era católico. Discrepar era impensable.

    Eran cientos de miles de peregrinos que se congregaban y se siguen congregando en ciertos lugares de Chile, como Yumbel (donde hay una imagen de San Sebastián lleno de flechas enterradas en su cuerpo), Santa Rosa de Pelequén, la Vírgen de Lo Vázquez, la Vírgen de la Tirana, la Vírgen del Carmen, Sor Teresa de los Andes y alguna otra que se me escapa en este momento.

    Las personas marchan durante días. Algunas hacen parte del trayecto de rodillas para pagar las mandas que le hicieron a la vírgen o al santo durante el año. Se congrega tanta gente como comercio y artistas y los obispos marchan orondos con sus mejores pilchas.

    Hoy lo observo con ojos antropológicos, pues mi fe se perdió en el camino.

    Gracias por compartir su visión distinta y hablarnos de ese sacerdote niño. Saludos


    Ash

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  9. La moda de las misas siempre dan que hablar. En mi niñez fui a muchas porque iba a un colegio parroquial. En las horas que duraba la misa me costaba concentrarme.. miré y mucho con interés creciente sobre todo en aspectos que nada tenían que ver con lo litúrgico. Ahora que vivo en una provincia sumamente creyente no me pierdo chance de ir a estos encuentros de personas y su fe, por más que me haya separado definitivamente de la religión voy.

    Muy interesante y bellamente narrado, como siempre. Un abrazo enorme!

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  10. Muchas gracias a todos por vuestros comentarios. Como bien dice Lorena, aunque nos hayamos separado definitivamente de la religión, algo tienen estas ceremonias que nos conmueven y nos hacen sentir mejores personas, más tolerantes y más dispuestos a querer a los otros. Este tipo de fiestas es lo que más se parece a eso que llamamos felicidad. Un beso a todos.

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  11. Anónimo25/8/13

    me gusta todo mucho,pero hay que profundizar mas en la fe , no tanto infantilismun abogado del diablo.

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