15 de agosto de 2012

Doña Petrona

ENCARNA MORÍN -.

“Duró la tormenta hasta entrados los años ochenta cuando el sol fue secando la ropa de la vieja Europa. No hay nostalgia peor que añorar lo que nunca jamás sucedió mándame una postal de San Telmo, adiós cuídate y sonó entre tú y yo el silbato del tren.”

(De la canción de Joaquín Sabina “Con la frente marchita”)

He de decir en mi favor que soy una excelente cocinera. Aunque tuve unos comienzos deplorables. Mi primera tortilla española, llevaba las papas crudas. También hay que añadir que yo entonces tenía apenas doce años.  A partir de este fallido intento, adopté la buena costumbre de anotar por escrito  los ingredientes y los tiempos. El primer plato comestible fue un recurrente potaje de lentejas. A partir de ahí mi reputación como cocinera mejoró de forma notable.

Posteriormente fui atreviéndome con otros más complejos. Durante un tiempo, mis paellas y mi "ropa vieja" -este último afamado plato típico de la cocina canaria-, fueron muy alabadas. Y una fama de cocinera rápida y creativa me precede. Con lo que en cada momento tengo en la nevera, soy capaz de crear un delicioso menú. Claro que si luego alguien me pide ingredientes y cantidades, me cuesta repetir fielmente como lo he confeccionado. No por guardar el secreto, dios me libre, sino porque improviso en cada instante.


Con los postres no me esmero demasiado, supongo que se debe a que los dulces no son mi debilidad, ni lo han sido nunca. Pero si tengo que hacerlos, también están para chuparse los dedos. Mi mousse de chocolate es exquisito.

Alguno de los hombres de mi vida, admitió sorprenderse de mis habilidades culinarias. Al parecer yo no encajaba demasiado en el cliché de progre, hippie trasnochada, intelectualilla y, a la vez, ama de casa experta en el arte de cocinar.

Pero el ingrediente secreto de mis guisos es mi estado de ánimo. Si estoy optimista, descansada, y le pongo cariño a la tarea, soy capaz de extraer lo mejor de las materias primas que caen en mis manos, y dilucidar qué alimentos son compatibles o cuales han de permanecer para siempre divorciados. Me divierte que la química de la cocina no tenga grandes secretos para mí.

He estado de mudanza este verano, y entre mis objetos irrenunciables encontré la biblia culinaria: el libro de recetas de cocina de Doña Petrona. Llegó a mis manos hace más de veinte años, yo creo que al menos veinticinco. Me lo trajo mi suegra desde Mar del Plata. Es una edición catorce. ¡La de años que tendría ya entonces la versión original!

Por aquel entonces, yo intentaba desgranar los secretos de los panqueques con dulce de leche, las empanadas criollas, los canelones de humita y la  torta pascualina, entre otros. En parte era para aplacar un poquito la nostalgia de mi compañero exiliado de su Argentina natal.

Así que en uno de sus viajes, ella me trajo ese libro, que atesoro. Aunque en realidad lo consulte bien poco. Es una tranquilidad que esté ahí, para resolverme alguna duda existencial gastronómica. Si no sé como cocinar un plato pienso ¿Y cómo lo haría doña Petrona? Y echo mano del libro…

Al transportar ese libro entre mis manos, se me vinieron de golpe muchas escenas del pasado a la memoria, ahora también cargada de nostalgias. Compruebo que está quebrado, pringoso, y hasta medio hecho pedazos por algunos lados. Mi cocina de entonces ya no es mía... y recuerdo con nostalgia, que mi entonces marido, metro en mano, la diseñó a mi altura precisa. Tampoco está el niño, jugando con los calderos,  escondiéndose en los cajones, colocándose por casco un colador. Él es ahora un hombre y esos cajones ya no existen. Ni tampoco está Gardel, nuestro perro, que espiaba todos mis pasos desde la mitad superior de la puerta abierta de mi cocina que daba a su patio. Ni siquiera están las marcas pintadas en la puerta blanca que conectaba la cocina con el garaje, donde íbamos señalando las tallas de los niños mes a mes.

Es curioso… sé tantas cosas de Argentina, tengo un hijo argentino, dos abuelos enterrados en Argentina y unas hermosas mujeres recién rescatadas en mi vida que son mis únicas primas, a las que he querido antes de ponerles voz y cara… y, sin embargo, es un país que jamás he visitado. Aquí rememoro a Sabina: "No hay nostalgia peor que añorar lo que nunca jamás sucedió".

Lo cierto es que su cocina, sus costumbres y  su acento se me han impregnado hasta casi hacerlos míos. El viejo ya gastado libro de recetas, con los secretos de doña Petrona, es absolutamente mío, y fue en su momento un regalo muy especial para mí. Como también lo han sido mis amigos Chabela, Mario, Fernanda, Chacho, Hugo, Francisco, la difunta tía Silvia, con la que a veces converso aunque algunos piensen que estoy loca…

 Tendré que "agarrar" un avión en algún momento, ya que deben haber innumerables secretos culinarios que aún desconozco. Estoy segura de que cuando pise esa tierra, sentiré que también es la mía...

13 comentarios:

  1. Me ha encantado este post, Encarna. Está tan impregnado de ricos olores y sabores, de su imprescindible pizca de nostalgia, de su sabrosa dosis de recuerdos y sorpresas, que logran hacer una obra redonda, como esos platos que Doña Petrona seguro que ayuda a preparar.
    ¡¡Un abrazo!!

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  2. Fue tomar el libro entre mis manos... y hacer un veloz recorrido por esa parte del pasado, sin pretender pararlo o incentivarlo... simplemente vino.
    Ese libro es algo más que un compendio de recetas culinarias...

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  3. Anónimo16/8/12

    No conozco todos los platos que usted menciona, pero si las benditas lentejas. Sabrosa historia.


    Luis

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  4. Me gusta el sincretismo culinario. Eso de conocer y probar lo mejor de cada cultura, para luego reescribirla en nuestra cocina a nuestro modo, mezclar ingredientes, confrontar especias, darle rienda suelta a uno de los mayores placeres de la vida.

    Hermoso escrito.

    Un abrazo, Encarna.

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  5. Debes ser una excelente cocinera amiga Encarna. Nos has dado una magistral lección de sabiduría y literatura.
    Coge ese avión y plántate en Argentina. Darás lecciones. Triunfarás.

    Un beso.

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  6. Amiga Concha, sin duda lo haré... es mi asignatura pendiente en la vida. Una curiosidad: ¿sabes que en Argentina, al igual que en otros lugares del Sur de América no dicen coger con el mismo significado que en España? por eso entrecomillé el "agarrar"... es una pequeña ironía para demostrar mi amplio conocimiento de la cultura de mi segunda tierra.
    Un abrazo

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  7. Anónimo16/8/12

    Querida amiga Encarna, tienes unos relatos, que realmente hacen viajar, a la mente, cuando te leo, sutilmente me llevo a tu letras, solo se interrumpe, con algunas palabras, como la que mencionaste, que despierta con otro sentido, pero todo esta bien, se comprende el decir, gracias por recordarme ,, besos mi querida amiga FMP.

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  8. Los aromas de la comida se impregnan en nuestro corazón y no hay nada que lo remueva ni queremos que eso suceda. Tengo muchos recuerdos queridos relacionado a lo culinario.
    Me gustó mucho, saludos.

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  9. El Libro de Doña Petrona de Gandulfo es un clásico de la cocina uruguaya y argentina, tiene recetas criollas y también platos de la cocina internacional, desde su primera edición alrededor de 1945 ha sido un referente para todas las mas de casa. Las ediciones mas recientes, han adaptado las recetas a al época actual, sin embargo prefiero las versiones mas antiguas. Tengo la dicha de contar con un ejemplar que era de mi bisabuela, una de las primeras ediciones, toda una joya.

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  10. El problema es que cuando Doña Petrona hacía una receta, le metía dos docenas de huevos, un kg de harina!!!!!!!
    Interesante, saludo

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  11. Me gustó mucho!!

    Y de paso me inspiró a buscar algo online de aquellas clásicas recetas. Gracias a tu evocación me hice de un pdf de Doña Pedrona con el que intentaré no ser tan mala cocinera (dios-ateo gracias que mi querido cocina más que bien).

    Espero que me sirva y poder hacer honor al deseo de doña Petrona tal como lo pone en la presentación de su querido libro: "Con este libro deseo ayudar a toda señora amante del arte culinario. Con él la persona más novicia puede confeccionar los platos más exquisitos"

    Hasta la próxima, espero leerte en breve. Abrazos!

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  12. "El libro de Doña Petrona" es una enciclopedia de recetas y de sugerencias sobre cocina y con el plus de tener consejos para la mujer moderna que incluían organización del hogar, y de las tareas de mantenimiento. Recuerdo también una sección para la mujer que trabaja y cuida de su hogar, algo muy de ahora. Publicó también "Las recetas económicas de doña Petrona", "Coma bien y adelgace" (en coautoría con el doctor Alberto Cormillot, medico argentino especializado en nutrición y obesidad) y "El placer de comer y adelgazar".
    La adoro, mi abuela me heredó el placer por la cocina y siempre estoy en eso.

    Interesante relato, saludos.

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    Respuestas
    1. Hola
      Me encantaria enviarte la página de Doña Petrona
      www.facebook.com/petronacdegandulfo
      abrazos
      Laura

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