6 de agosto de 2012

Vagabundo

LILYMETH MENA -.

Traías los bigotes con olor a hogar ajeno, yo me daba cuenta cuando te besaba y tu beso me sabía a otra. Tú me decías esas cosas, yo asentía con la cabeza y ponía cara de interés como si te creyera, era el intercambio perfecto de mentira-falsedad que nos mantuvo a flote por bastante tiempo, no es que fueras tan malo ni que yo fuera tan tonta, es sólo que en ocasiones es mejor callar y sonreír, siempre he sostenido que para que exista una discusión hacen falta dos, y yo no discuto.

Por esa razón te permitía todas tus andanzas, siempre te vi como un espíritu que debía dejar libre, jamás te armé escándalos porque trajeras tesoros de no sé dónde ni te dije nada porque te llevaras algunos de mi casa para dar a no sé quién. Me gustaba cuando volvías después de no haber llegado a dormir varias noches seguidas y con cierto arrepentimiento te volcabas en atenciones, eras deleitoso, tierno y mimosamente no te apartabas de mi lado hasta que me dormía acariciando tu pecho peludo.

Algunas otras veces llegabas muy tarde a casa con aliento sospechoso y el cabello todo despeinado, yo me hacía la dormida para que no te mortificaras dándome absurdas explicaciones de los lugares donde te habías metido o de con quién diablos te habías revolcado. Siempre fue mejor para ambos fingir que nada ocurría. Por la mañana al despertar desayunábamos juntos y escuchábamos música con esa mirada de complicidad compartida que significaba "aquí no ha pasado nada".

Fueron contadas las veces que de verdad nos enojamos y realmente no sé ni por qué se dieron si siempre supe que eras de moral distraída y corazón enamoradizo. Desde que te conocí y miré aquel brillo en tus verdes ojos, adiviné tu naturaleza y supe que no eras de los que viven aprisionados en un solo par de brazos. Eres de esos que ruedan y ruedan como monedita de diez centavos en el suelo bajo los pies de una multitud, una monedita que luego de rodar bastante y sin que nadie antes le haya hecho caso, un día sirve para completar un peso.
Creo... que te quise desde que te ví.

Así de mujeriego como eras, así de despistado, incluso así de loco, nada me daba mas placer que escucharte llamándome desde lejos, como diciéndome que me querías a la distancia sin que te importara que te escucharan los vecinos o despertar a mi madre que dormía en el cuarto de junto.

Hace poco me preguntaron si alguien me ha roto el corazón. Respondí que no, pero mentí. Tú y solo tú has sido el único que ha llegado tan adentro mío como para partirme el corazón en mil pedazos. Fue aquella tarde que te fuiste para no volver, no te despediste ni dijiste nada, te espere durante días, noches, ansiaba escuchar tu voz llamarme a lo lejos... y nada. Hace apenas unos días, tuve valor de deshacerme de tu cama. Encontré en la sábana algunos pelos tuyos, negros como los míos.

No sé por qué te fuiste de mi lado luego de tantos años compartidos. Por la tarde, cuando me siento en la ventana para mirar el ocaso, me digo para mis adentros que ningún atardecer es realmente hermoso desde que me faltas tú. Extraño el sonido de tus cuatro patas sobre el piso de madera, tus maullidos haciendo eco en mi habitación y sentir tus bigotes en mis pies cuando salgo de la ducha. Ahora sólo queda tu platón sin leche debajo del comedor. Nunca me importaron tus malas acciones, ni aún cuando te comiste el canario de mi tía.

 Si supieras como te echo de menos, maldito gato.

5 comentarios:

  1. Increíblemente bueno!!!

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  2. Precioso relato y emotivo recuerdo para tu gato.
    Un 29 de junio de hace varios años, a mi también se me fue una gatita preciosa, una siamesa y nunca regresó. Después tuve otra conmigo durante 20 años hasta que enfermó y tuve que sacrificarla. Sufrí mucho. Insisto, preciosa historia.

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  3. Es que me lo he sufrido todo hasta que nuevamente me he encontrado con una vuelta de tuerca al final. Cómo iba a saber que esos bigotes oliendo a hogares ajenos eran los de un gato.

    Muy buen escrito.

    Un abrazo grande.

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  4. Amamos a nuestras mascotas como si fuesen personas, a veces proyectamos en ellos lo que sentimos en otros ámbitos de nuestra vida. Son cosas que pasan. Como decimos por acá: al que le quepa el saco que se lo ponga.

    Me encantó, un abrazo.

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  5. Sorpresita me llevé al final. Muy bueno :)

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