31 de octubre de 2012

A Ricardo Solíz


Por Pablo Cingolani

Compañero de huellas y de estrellas,
 te saludo, hermano, ahora que has retornado

Compañero del pan elemental de las montañas, aún nos espera anhelante toda la nieve de la cordillera de Apolobamba, todo el horizonte de las sagradas apachetas de Yagua Yagua, toda la carne ardiente del volcán Iruputunku y sus siete salares, todas las brújulas que claman por los mil cerros verdinegros de Inquisivi y por esos tepuis del Chaco donde los Ayoreo aguantan, aún nos espera cada piedra que nos ampare, cada tuscal, un puma-duende y un cóndor macho

Compañero del vino en crepúsculo de la selva, y ese fervor sin domar por la serranía que se angosta, mientras la luna se eleva y los tapires nos saludan a coro y las hormigas danzan y nos muerden en sus afanes y nos reímos

Compañero de esos árboles que nos habitan, de esa madera, de la más dura, estás hecho, de umbrales y vicuñas también

Compañero de esos ríos que nos navegan, como el Tambopata, ¡bravo nomás el Bahuaja!, que te acaba de acunar de mecer de revolcar como si hubieras nacido de nuevo, bautizado en sus aguas, mágico Jordán de nuestros destinos mágico el destino

Compañero de esa gente como espejos, que están allí, en sus casas de piedra o caña, con las manos llenas de abrazos, con sus ilusiones colmadas de sueños, compañeros con piel de compañeros, voz y corazón de compañeros, sus historias son las canciones que nosotros también cantamos, reflejados nosotros en ellos, ellos en nosotros, compañeros todos, compañero

Compañero de hallazgos, de guitarras sin tregua y campamentos de arena, de amigos nuevos y peces rojos de labios blancos y tesoros que sólo brillan al amanecer, en el silencio conjugado en el medio de la nada, entre karisiris y toros, y el ángel de la guarda y los apus y la eternidad momentánea que nos agasaja en el medio de la nada, todo, a todo o nada, siempre y sin dolor

Compañero intrépido de noches de frío y ninguna copa a la vista, compañero sin distancias y sin moradas que no sean las patrias amadas y andadas –Bolivia, Argentina, Perú, Brasil, los Andes, la Amazonía- a pie, el barro, el abismo, el azul, la pasión, la fragua, la memoria, los mártires

Compañero de nunca jamás tantas cosas –la traición, el miedo, tantas cosas- y tanto por venir, compañero de libertad y nunca odiar, compañero de construir, arreciar, resistir, te doy la bienvenida con este canto, celebro con alegría que seas mi compañero, simplemente eso

Dime, Ricardo, amigo: ¿Qué más recompensa puedo desear en este viaje de ida que es nuestra vida? ¿Qué más que lo vivido? Tal vez, que no olvidemos. Eso, yo sé, nos bastará.

Pablo Cingolani
Río Abajo, 31 de octubre de 2012

3 comentarios:

  1. Amigos, hermanos, camaradas, náufragos, sobrevivientes, juergueros, luchadores, niños, caminantes cósmicos.

    Extraordinario, amigo Pablo.

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  2. Las demostraciones de amistad y compañerismo siempre me conmueven. Nobleza pura.

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  3. Dos autores poderosos, con sus universos propios y ficciones entrañables. Gran y novedoso tratamiento del tema. Mis sinceras felicitaciones, amigo.

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