28 de octubre de 2012

La Praga de Borges

CLAUDIO FERRUFINO-COQUEUGNIOT -.

Praga fue por mucho tiempo la ciudad judía por excelencia. Según el profesor checo Frantisek Vrhel, a diferencia de Berlín, Viena y Budapest, no contó con la masiva inmigración de judíos orientales venidos de Rusia. Los diarios de Kafka son claros al respecto. El autor observa a estos seres extraordinarios, que albergan posiblemente las respuestas a sus inquietudes de quién es él y qué hace como judío en un universo ajeno, como a bichos raros, con una mezcla de admiración, recelo y con cierta actitud de aquel que observa lo extranjero como folklore. Praga, al no haberse "contaminado" con esta gente de escasa educación y hábitos primitivos, portadora además de una cerrada ortodoxia, se presenta como el centro de la intelectualidad hebrea, en un rico medio donde se conjugan lo checo con lo germánico, un crisol de tres culturas.

La relación de Jorge Luis Borges es sobre todo con esa Praga alemana y judía, más que con la checa. En su obra, hace alusión de Jan Comenius, menciona al escritor Karel Capek y se detiene allí. En cambio, Franz Kafka le presta su mundo, y lo influencia en la construcción de sus textos referentes a la villa. En lo intrincado del ajedrez borgiano y sus múltiples reflejos de espejo se hallan los laberintos de Kafka, como también la tiniebla de Gustav Meyrink, asociada a los cuentos populares judíos sobre un homúnculo creado en la capital por el rabino Löw para defender su raza.

El Golem de Meyrink antecede al de Borges y asocia al escritor argentino con la penumbra medieval de la memoria judía. Bruno Schulz, a quien Borges parece desconocer, supuesto traductor y contemporáneo de Kafka, comparte el mismo espacio literario de leyenda y oscuridad. Schulz, quien vive entre Polonia y Ucrania en un habitat común con la judería oriental, se adscribe a Meyrink, Kafka -y Borges- debido a la influencia alemana. A diferencia de otros autores que escribieron sobre Praga, judíos o no, estos tres últimos permanecen en una ciudad de fines del siglo XIX, plena aún de alquimia. Otros, como Franz Werfel, Joseph Roth, Jan Neruda con sus cuentos de la Malá Strana, la ciudad chica, e incluso Rilke, nacido también allí, crecieron con el siglo, con la reestructuración de Europa y sus ideas, la guerra, la desaparición de imperios y el surgimiento de países nuevos. Su Praga es la de Masaryk, de la expedición checa en la Rusia bolchevique, del resurgimiento nacional y la muerte de Austria-Hungría.

La separación entre ambos grupos de escritores es marcada. Borges, adicto a las culturas judía y alemana, y erudito en ellas, intenta de algún modo conjuncionar las épocas. Su personaje Jaromir Hladík (El milagro secreto) que será muerto por la invasión nazi, resulta un tanto incongruente históricamente. Pero la belleza del texto hace superfluas las observaciones de que Hladík es más antiguo -kafkiano o meyrinkiano por decirlo así- que un hombre de mediados del siglo XX. Borges, anticuario de alma, no quiere un mundo dinámico, no aspira a la modernidad -ni yo tampoco-. Igual que Schulz, vive en un vaporoso mundo de mitos y rarezas.

28/04/03
Publicado en Los Tiempos (Cochabamba), abril 2003
Imagen: Jiri Votruba/Golem-Praha

9 comentarios:

  1. Claudia Bustos28/10/12

    La percepción sobre los judíos es muy variada en cada lugar. Creo que no hay otro grupo humano que genere reacciones tan disímiles.
    Muy bueno su artículo.
    Saludos

    Claudia

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  2. Pocos escritores hispanoamericanos con la excepción de Darío, han recibido la atención que la crítica ha otorgado a la obra de Borges. Se escribe copiosamente sobre Borges en los Estados Unidos, Francia, Alemania, Italia, Inglaterra y, menos, en países tan alejados del ámbito hispánico como Taiwan e Israel. Lo que leo acá ahora es excepcional como todo aquello, gran aporte este artículo.
    Saludos

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  3. He leido a los dos, desde mi perspectiva encuentro notable diferencias. A pesar de las semejanzas en el nivel de estilo (en ambos se ha subrayado la textura realista de la prosa, en ambos se ha notado una densidad y claridad de código) nada más desemejante en intención y alcance. Lo que digo es sensitivo no sabría cómo explicarlo de la manera que ud la hace, por eso el placer de leerte en esta entrada es MUY grande!!

    Le felicito

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  4. Mientras las parábolas de Kafka tienen su único contexto en esa realidad intuida por el propio Kafka, los símbolos troquelados por Borges encuentran siempre un contexto preciso en teorías y doctrinas creadas por la inteligencia humana.

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  5. Gracias. Muy interesantes sus observaciones. Borges supo captar como pocos la profundidad judía, pueblo que en la diáspora se ha nutrido de tantas y diversas culturas y, a la vez, ha aportado en ellas, paradójicamente formando parte suya sin perder su identidad, conscientemente o no.

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  6. Hace poco leí el prólogo que escribe Borges a la edición en castellano de las obras completas de Kafka. Dice allí varias cosas interesantes, como que Kafka, siendo judío, no menciona esa palabra (al menos que él lo recuerde) en su obra.
    Igualmente, que en la obra del escritor praguense nada concluye, que todo es un tránsito infructuoso hacia ninguna parte, una espera inútil. En definitiva, una fábula, quizá la más lograda, de una época sombría.
    Por mi parte, y entendiendo, tal como Borges, por dentro el proceso creador, suelo atribuír la forma y el fondo de cada obra a motivos muy personales de cada autor, a pequeñas revanchas con su entorno, a llamadas de auxilio, a la diseminación literaria de pequeñas y reiteradas dosis de resentimiento y sorprendimiento unidos en una extraña mezcla indisoluble.

    Un abrazo, amigo Claudio.

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  7. Cierto, Jorge. Lo que es real en los diarios de Kafka respecto a la "judería" es su llamemos descripción de los judíos del este, que en su diferencia le dan constancia de su propio ser como tal. Abrazos.

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  8. Uno de los relatos que más me inquietan de Kafka es El cazador Graccus. Es decir, fragmentos sueltos que fueron reunidos tras su muerte.
    Kafka (y esto es elucubración mía) es ese cazador que navega de puerto en puerto, y cuya muerte no le está permitida,a apesar de estar muerto.
    “nada, excepto su entorno hacía pensar que estaba muerto".

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  9. Raúl de la Puente30/10/12

    Salí asfixiado de El Proceso. La de Kafka es una obra para temperamentos duros.

    Muy bueno

    Saludos

    Raúl

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