14 de octubre de 2012

Made in China

ENCARNA MORÍN -.

La noticia burlona del día 25 de septiembre fue que unos buceadores turcos habían rescatado a una muñeca hinchable en las aguas del Mar Negro, pensando que se trataba de una mujer. Meses atrás, la otra noticia que recorrió medio mundo fue la proeza de dieciocho policías chinos, que se empeñaron en salvar de la corriente del río de la ciudad de Shandong a una dolly, ante una multitud curiosa y expectante. Cerca del lugar hay una fábrica de estos juguetes sexuales -se añade en la reseña-

Aunque se trata de crónicas aparentemente banales, se hace eco de ello toda la prensa internacional. En todos los casos, el reportero indaga acerca del origen de las “doll sex”. ¿De dónde han salido? ¿Quién las poseía? ¿Cómo llegaron hasta el mar o hasta el río?


Todas ellas representaban a corazas sin alma. Una vez capturadas, les hicieron fotos. De alguna manera había que justificar las energías gastadas en su “rescate”.

Una señora también china, optó por atar a un árbol a una de estas chicas de plástico, para que los conductores redujeran la velocidad en el paso de cebra que había ante su casa. Consiguió no solo su objetivo, sino además ser noticia por su ocurrente idea.

En una manifestación de protesta en contra del gobierno ruso, los manifestantes concentrados portaban muñecas hinchables, a modo llamativas pancartas. Al parecer todo lo que se relaciona con las Dollys es motivo de sorna.

Aunque la verdadera historia de la doll-sex china que flotaba en el río solo la saben sus protagonistas. Estaba en la cadena de montaje, había pasado por distintas secciones, ya tenía el pelo castaño incrustado en su cabeza, lucía una hermosa melena. Su cuerpo era una perfecta armonía mitad silicona y mitad plástico. La habían vestido con ropa de colegiala. Aunque bajo sus faldita a cuadros y su blusa blanca llevaba provocativa lencería de encajes y hasta una mariposa tatuada en la ingle. Tenía un sensor que le producía una voz seductora, cuyo repertorio grabado era escueto y simple. Todo consistía en exclamaciones y gemidos.

Le tocaba finalmente pasar por la peluquería y el maquillaje indeleble. Ahí, mientras se encontraba a la espera, escuchó la conversación casi banal de las operadoras de la fábrica. Todas ellas desaliñadas y con ropa de faena, llevaban una jornada de casi doce horas de trabajo.

-Tráela para acá, a ver si acabo de una vez. Ya es hora de irme a casa. Estoy cansada. Hay que embalarla para el próximo pedido que sale mañana a Francia. Esta vez el encargo ha sido muy curioso, han solicitado gran variedad de ellas. Algún excéntrico quería una monja. Hay que ver, con lo que cuesta una de estas allá en Europa, nosotras podríamos tener una casa para toda la familia. ¡Qué suerte tienen! Estas no se preocupan de nada, no sienten ni padecen, ni tienen que trabajar catorce horas. No envejecen y sus cuerpos no se caen, como los nuestros. A veces, me gustaría ser una de ellas por un tiempo y hasta las envidio un poco-

Tomaban té verde, en un jarro de aluminio, al tiempo que la acicalaban para dejarla hermosa. Mucho más bella de lo que ninguna de ellas había soñado parecer en sus momentos de esplendor de juventud.Se imaginaban viajando a lugares lejanos, saliendo de la rutina de la fábrica y de la frialdad del invierno. Conversaban acerca de las ciudades de destino de sus muñequitas, a sabiendas de que ellas jamás se moverían de Shandong. Como muy lejos, visitarían Pekín con la familia.

Una vez la tuvo maquillada y a punto, esperó a que secara la pintura. La trabajadora china procedió a terminar de inflar la parte hinchable de su dolly. Y le dio por mirarla… en el momento en que se cruzaron sus miradas, se encontraron sus almas. Y el mensaje claro que le llegó de aquella muñeca fue:

-Déjame morir, no me sometas a esto. No quiero irme en esa caja de madera a un almacén. Pasaré mucho miedo ahí adentro. Quiero ser libre. Soy tu obra, me has creado con dedicación y mucha paciencia. No deseo ir a parar a un escaparate de Europa, ni formar parte de un catálogo de mascotas sin alma para terminar siendo la esclava de algún extravagante. Necesito al menos morir dignamente.

Y el compresor que llenaba sus pulmones vacíos de aire, siguió funcionado, mientras la operadora lloraba calladamente, pensando en sus propios deseos de salir de su vida miserable.Cuando superó el tope siguió tensando su cuerpo hasta que dio un estampido, explotó como un globo, saliendo disparada por la cristalera que daba al río.

Una vez en sus aguas, se dejó llevar corriente abajo. Iba plácida a su encuentro con el mar cuando fue avistada por unos transeúntes que cruzaban el puente.Tras la voz de alerta, vino todo el despliegue policial. La rescataron dos horas más tarde. En ese momento ya le habían reservado la primera plana de los periódicos de máxima tirada.

De la noticia triste, se pasó a la burla. Para que quedara constancia de las horas invertidas, se le hicieron fotos que ocuparon las primeras páginas. En todas tiene sus ojos muy abiertos y hasta expresivos. Sus ropas se fueron corriente abajo. Posteriormente, pasó al olvido. Dejó de tener interés alguno, quedó abandonada al borde del río, cubierta de basuras.

Un alma misericordiosa que volvía a casa, después del trabajo, la reconoció al instante. Había salido disparada ante sus ojos horas antes. De la belleza que fue quedaba bien poco. Sin aire, con el pelo sucio y medio rota, no parecía la hermosa dolly que debía salir con destino a Europa a la mañana siguiente.

Esta vez desde el suelo la buscó con la mirada, para terminar conectando con ella de nuevo.

-Por favor, devuélveme al agua. Espero alcanzar el mar y allí nadie podrá volver a molestarme.

La operaria de la fábrica, como si estuviera cometiendo un delito, regresó al anochecer y empujó a la muñeca hasta el río, dudando por un instante si debería irse con ella. No dijo nada, ni siquiera adiós. Pero entre ellas sobraban las palabras.

Un azaroso viaje hasta el mar le devolvió la libertad. Ahora convertida en sirena, era la musa mitológica. Allí pudo atisbar a otras tantas, que cantaban cada noche en la ruta de Itaca para alentar a sus valientes amigas cuando sus almas que retornaban a su propio encuentro, se ataban al mástil del barco de sus vidas, para no volver jamás a sucumbir al escuchar las falsas promesas de amor, los falsos “te quiero” y especialmente los certeros “te necesito princesa”. De prestar atención a alguno de esos reclamos, las almas de las dollys que avanzaban  hacia Itaca, estaban perdidas: por eso emulando a Ulises se sujetaban con cuerdas hasta lograr pasar la nube de halagos.

A veces a la deriva, otras contra el viento, nadaban y reían en busca de navegantes perdidos a los que indicar la ruta. Sin tener que caer en la tentación de ser sus musas. Eran las musas de sí mismas.

8 comentarios:

  1. Raúl de la Puente15/10/12

    Una muñeca viva es el sueño del pibe.

    Interesante narración. Lo divertido o grotesco decanta en lo reflexivo.

    Saludos

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  2. Tal como las bellas mujeres de pechos desnudos, que como mascarones de proa guiaban los barcos.

    Debilidad masculina, banalidad informativa, el frío ensamblaje de la usina china, saltos sutiles entre realidad pura y realidad mágica, y una Dolly sensible que anhela ser una digna muñeca, mujer y sirena, todo a la vez.

    Excelente narración, querida Encarna.

    Un abrazo grande

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  3. En el momento en que terminaba la historia de Dolly, y tras estar imbuida de ella varios meses, me resutó curiosa la noticia de las doll-sex en los noticieros...tanto tiempo interactuando con mi personaje, que casi forma parte de la familia.

    Un abrazo amigos.

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  4. Desconozco la cultura matrimonial en esos lugares, pero puede ser que las mismas esposas las boten al río para sacarse una competencia de encima. Los celos carecen de toda lógica.

    Extraña historia que se lee con mucha atención.

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  5. Y que se pude decir de la prensa que busca cualquier excusa morbosa para llenar planas.
    Creo que las muñecas inchables se dividen hacia dos cauces. Sólo para el goce animal o sólo para la contemplación pura.
    Da para largo.

    Saludos

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  6. Cuando leo sobre esas hermosas Dollys, mi mente se traslada a las primeras chicas que conocí en la adolescencia, a la Dolly de Lolita, y a la Casa de las bellezas dormidas, de Yasunari Kawabata. Es la contemplación del pétalo, el éxtasis ante lo que recién empieza a aflorar. Algo parecido a lo que sucede con las flores o los breves amaneceres.

    Saludos, Encarna.

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  7. Debiera haber más variedad de formas, de colores, de tamaños. Diseños más avanzados, porque es un arte, y existe porque hay una gran demanda. Una extrañeza del ser humano. No sé si alcance a llamarse preversión.

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  8. La primera Dolly de mi historia, era un juego de palabras, para emular a una mujer que siendo la amante, se sentía una muñeca hinchable en aquella relación en la que era un cuerpo y poco más...

    Cuando quise ampliar aquella historia, he descubierto un mundo paralelo. Aunque en honor a la verdad, los clientes de las Dollys hinchables, no suelen ser los mismos que los que las quieren de carne y hueso.

    Al sumergirme en los personajes, he logrado armar un relato que es casi una novela corta. Para ello, casi ni he inventado demasiado.

    No sé si es bueno o mediocre, pero es lo que más me gusta de lo que he escrito (mi Dolly aún inédita).

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