13 de junio de 2015

El sonado caso del perro mestizo que quiso jugar en la Liga de Lanús

EDUARDO MOLARO -.

/ Del Atlas Desmemoriado del Partido de Lanús

En la antigua cancha de Pellerano (de la Liga Barrial de Lanús) se tejieron miles de historias futbolísticas, policiales y esotéricas.

Muy recordado fue el desempate a balazo limpio entre los jugadores y directivos de Pellerano y de La Maquinita allá por el año 79.

También se recuerda (de las épocas en que la cancha era ¨la del Halcón¨) las gloriosas hazañas de ¨EL solitario¨, más conocido como ¨El invicto de triunfos¨ (aclaramos que sus hazañas tenían más que ver con salir vivos de la cancha que con cuestiones resultadistas y estéticas, dado que aquel legendario equipo conserva –gloriosamente– el récord de no haber ganado jamás un partido)

Pero lo que pocos pueden olvidar es la existencia de una mascota sucia y querible; un perrito miserable que cada tanto se mezclaba entre los futbolistas y entretenía mucho más a los espectadores que los propios jugadores.

Su nombre era Lebioso (en claro homenaje a un Número 9 que vistiera la camiseta del glorioso Lanús) y tenía la particularidad de quitarle la pelota al jugador que la llevara y comenzar a gambetear rivales (todos lo eran) y -cuando parecía encarar hacia el gol de todos los tiempos– finalizar su derrotero llevando la pelota hacia el banderín del córner donde –mirando hacia la nada y levantando siempre su pata trasera izquierda– depositaba sobre ella una abundante meada canina.

Los Viejos Sabios de la calle Piedras aseguraban que Lebioso se manifestaba de ese modo en clara rebeldía contra los que manejan el Universo, la Iglesia, la F.I.F.A. y los demarcadores de las líneas de cal de las canchas de fútbol.

Nadie discutía las conjeturas metafísicas de los Viejos Sabios de La calle Piedras, mitad por falta de argumentaciones superadoras y mitad porque los Viejos eran muy duchos con el revólver.

Algunos espíritus ambiciosos intentaron llevar a Lebioso a algún circo para aprovecharse del talento del animalito, pero cada intentona fue un verdadero fracaso. Lebioso no hacía nada en esos casos.

-¨Dale, perro de mierda!... mostrale a este señor lo que hacés con la pelota!¨

Pero Lebioso se limitaba a mover la cola y hasta parecía poner la mejor de cara de tonto.

Cuando lo devolvían a la cancha de Pellerano, lo primero que hacía nuestro perro era mezclarse con el piberío que jugaba a la pelota.

Varias veces se salvó de morir bajo las ruedas del infernal colectivo 526 corriendo tras una pelota que cruzaba la calle. Pero más allá de burlarse de la muerte tantas veces, lo que no sabía Lebioso era que su carrera de futbolista estaba a punto de terminar.

Era una tarde lluviosa. Los jugadores apenas podían tenerse en pie en el lodasal. El sol solía abrigar gratuitamente aquel potrero, pero a veces el cielo se ensañaba con escupitajos pluviales que hacían peligrar la continuidad del juego. Aquella tarde el cielo parecía más enojado y escupidor.

Pellerano perdía por un gol y sólo faltaban 5 minutos. Lebioso decidió que era el momento indicado para poner las cosas en equilibrio con el Universo y se metió en la cancha a quitarle el balón al número 10 del equipo rival (Los Ceibos). Fue así que comenzó una mágica gambeta, pero esta vez, en lugar de ir hacia el banderín del córner, encaró de manera directa hacia el arco de Los Ceibos. La gente se mantuvo en silencio, conteniendo incluso la respiración. Los jugadores Ceibales miraban azorados. Ninguno podía quitarle la pelota y el árbitro no encontraba en su limitada mente un resquicio reglamentario para suspender la jugada.

El negro Pico (el 9 de Pellerano) nunca dejó de correr paralelamente a Lebioso. Su olfato goleador lo hacía creer que en cualquier momento llegaba el pase salvador. Incluso llegó a gritarle a Lebioso:

- Largala, morfón!


Hasta que la eterna gambeta de nuestro querido Lebioso encontró su final: El fullback de los Ceibos, Carlos ¨el hachazo¨ Romero, no se anduvo con proteccionismos zoológicos y lo cruzó de un tremendo patadón que mandó a Lebioso dos metros fuera del área.

Pero el Negro Pico tuvo su premio y la pelota le quedó a medio metro de su botín derecho, con el cuál despachó un brutal puntinazo que casi le arranca la cabeza al arquero.

-¨Gol! Gol!¨- gritaba Pico, corriendo hacia el abrazo de nadie y mientras el árbitro miraba al juez de línea para corroborar que Pico no estuviera en posición prohibida.

Pero el público asistente no gritó el gol (que fue válido) . Casi todos se dedicaban a cagar a trompadas a ¨El hachazo¨ Romero. Incluso, al tano Brazzutto (uno de los Viejos Sabios de la calle Piedras) tuvieron que sacarlo a empujones cuando le apoyaba la 38 en la sien derecha al criminal fullback de Los Ceibos.

Se armó una de las trifulcas más memorables. Doscientas personas (incluyendo jugadores, cuerpo técnico y hasta los médicos de ambos equipos) se trenzaron en una feroz batalla.

Piñas, patadas voladoras y hasta botellazos se lucían en el centro del campo, mientras Lebioso era llevado por los pibes a la veterinaria más cercana.

Infructuosos fueron los intentos de llamar a la comisaría 8va. para que interviniera, mitad porque no le andaba el teléfono y mitad porque la mayoría de los agentes se estaba agarrando a trompadas en la mitad de la cancha de Pellerano.

Hubo más de 30 heridos y sólo un detenido: Carlos ¨el hachazo¨ Romero, debido a una inmediata denuncia de la Sociedad Protectora de Animales de Monte Chingolo.

Lebioso no pudo jamás recuperarse del todo de aquella dura entrada del bestial zaguero. Sin embargo, la sabia sensibilidad popular sentenció que en un acto celebrado en las modestas instalaciones del Club Pellerano se lo nombrara Socio honorífico de la entidad y se dispusiera allí de un banderín para las aguas menores de Lebioso y de una hermosa y cómoda cucha donde nuestro héroe pudiera dormir y seguir soñando con el Gol de Todos Los Tiempos.

No creo que haya ningún espíritu insensible que se anime a desdecirme si yo abrigo la esperanza de que -antes de aquella mañana en que ya no despertó- Lebioso soñó este sueño que yo acabo de contarles.

13 comentarios:

  1. Pobrecito Lebioso. Un perro valiente.

    Me encantó. Besitos.

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  2. Ya hemos intercambiado varias impresiones en torno a las hazañas de Lebioso. Voy a conferirle el estatus de perro revolucionario, un Ché Guau.

    Buena historia, amigo. Escrito en argentino, con médula, con alma, com sentimiento.

    Un abrazo grande

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  3. Intervención divina la de este perrito. A él si que le pediría un autógrafo, no asi a otro jugador.
    Escribis encantadoramente Edu. Abrazotes :)

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  4. Es una de las historias más locas que he leído.

    Saludos

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  5. Travieso el perrito. Hay muchas hazañas de nuestros mejores amigos para contar despues de leer esto pues motiva como nada su forma de narrar.

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  6. Morfón. Estos argentinismos sabrosos los disfruto, pero no los entiendo a la primera, así que recurro a San Google y me dice que es algo así como el cabrón de la pelota, el comilón, el que no la entrega nunca.

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  7. Esa manía de querer sacar provecho económico de todo talento es demasiado argento. Debería no más disfrutar de las locuras del perrito cuando éste tenga ganas de dar su show. De mis tiempos de fan del fútbol, tiempos del Enzo y compañía, recuerdo varias incursiones caninas a las canchas de fútbol y divertidas correrías que luego eran exhibidas en el noticiero del lunes, esto siempre nos hace reir. Está muy bueno!

    Un abrazo Edu, un gusto leerte.

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  8. Muchas gracias a todos, de corazón. ME pone muy feliz que lean mis relatos.
    JOrge: MOrfar en nuestro lunfardo es ¨comer ¨; ciertamente es muy común entre los que cada tanto jugamos al fútbol gritarle ¨morfón! ¨al que no suelta la pelota.
    Y bella Lore: Inevitable que por mi cabeza pasen los vicios ¨argentos¨ ( aunque alguna escasa virtud también sobrevive cada tanto )
    Algún día les contaré - ya que se animalitos en el campo de juego hemos hablado - la presencia poco agradable de 2 teros ( y esto es real ) en el cesped de la cancha de Lanús. Los más acérrimos ¨granates ¨atribuimos años de sequías a dichas aves. ( así les fue, pobrecitas )...Créase o no, ¨eliminadas ¨ las malas aves, Lanús campeonó en el 2007. ( Ver Atlas desmemoriado, Página 35 ¨El ave del fracaso ¨ )

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  9. Lebioso, tan bueno para el fútbol, sólo podía ser argentino.
    Recuerdo la incursión de un perrito en el estadio Sausalito en Viña del mar en pleno desarrollo de un partido.
    Muchos jugadores, incluido el señor árbitro, trataron en vano de dar caza al animal y fue un defensor del equipo local (Gallina era su apellido y no era chileno) que no encontró mejor forma que sacar al perro con una patada infernal, lo que por supuesto como resultado de tan vil acción,generó el repudio de toda la concurrencia que esa tarde asistía al estadio.

    Buen ralato.

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    1. Seguramente, ese tal Gallina era primo de ¨El Hachazo ¨ Romero, querido Luis.

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  10. Leerte es viajar por la felicidad y la sonrisa

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    1. Gracias, pirugenia. Siempre generosa.

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    2. Gracias, pirugenia. Siempre generosa.

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