24 de noviembre de 2012

En la muerte de Solzhenitsin

CLAUDIO FERRUFINO-COQUEUGNIOT -.

Leo los reportes acerca del fallecimiento de Alexander Solzhenitsin. Todos confluyen en el rol que le tocó jugar como ‘la conciencia de Rusia’. El premio Nobel sigue la tradición de los literatos rusos, que, casi siempre, o eventualmente, tuvieron papel en el desarrollo de las ideas políticas del país, desde Pushkin, pasando por Herzen y Tolstoi, hasta hundirse en la profunda y amarga marea que significó la república de los soviets para el arte, y de la cual surge este autor, matemático y capitán del Ejército Rojo, con letras de denuncia e irreverencia, además de la reinstauración del adecuado lugar para el escritor en Rusia.


Lo que se obvia en las noticias de hoy es que con Solzhenitsin muere el último gran realista ruso, en la tradición -otra vez- de Dostoievski, Turgueniev y Tolstoi, de Chejov e ¿Iván Bunin?; una figura que rescató las letras rusas de cinco décadas de humo. 
Luego de un efímero estallido de creatividad, después de Octubre de 1917, los escritores de Rusia, ya Unión Soviética, resbalaron por la viscosa barranca de la mediocridad hacia el olvido y la muerte. El fusilamiento temprano del marido de Ana Akhmátova, el poeta Nicolás Gumiliev, en 1921 por actividades "anti-soviéticas", previó la masacre que sobrevendría: Babel, Pilniak, Meyerhold, Mandelstam sucumbieron entre otros. Maiakovski se suicidó, quiero creer hastiado por un previsible futuro. Pasternak fue acallado; Shklovski eligió el ‘exilio’ y retornó; Merejkowski encabezó combatientes ‘blancos’ contra los bolcheviques; Ehrenburg derivó su arte en notables trabajos autobiográficos; Sholojov representó al régimen; Alexei Tolstoi lo asimiló; Gorki fue asesinado por órdenes de Stalin. 
Después el silencio, largos años de letra insulsa, de loas al régimen, de culto a la personalidad, de aburguesarse en lo cotidiano, detalles ajenos a la imagen del escritor ruso, a la sátira imbatible de Gogol, al elogio de la individualidad de Andreyev. Allí emerge Solzhenitsin, de aquella larga sombra que se tendió por sobre los abedules como un triste poema de Esenin.

El GULAG, acrónimo de la Dirección Principal de Campos de Corrección Laboral soviética, aparece primero, algo velado y con la anuencia de Jrushov, en "Un día en la vida de Iván Denisovich". Pero son las novelas "El Primer Círculo" y "Pabellón de cancerosos" que sitúan, fuera de sus altas connotaciones políticas, a Solzhenitsin en la primera línea de los grandes realistas rusos. 
Bastaron para su gloria literaria, pero él, viejo monje medieval que parecía ser, no se arredró ante el desconcierto de las autoridades y prosiguió una campaña crítica acerca de la falsía del Estado. Páginas del "Archipiélago Gulag" aparecieron subrepticiamente en el extranjero y su expulsión de Rusia sobrevino al desenmascarar la parodia criminal del comunismo de la que ya habían hablado Margarete Buber-Neumann en 1948, Vassily Grossman relatando la política genocida del Holodomor en Ucrania o, dos décadas más tarde en el campo literario, los magníficos "Cuentos de Kolyma" (el campo de concentración) de Varlam Shalamov, poeta sobreviviente del Gulag y conocido del escritor.


¿Era ambiguo Alexander Solzhenitsin, o solamente controversial? Un autor que dedicó su vida a combatir el totalitarismo, desmereció la política de Gorbachov como ‘irresponsable’, al igual que la de Yeltsin, y modeló una amable relación con Vladimir Putin, puede ser ambas cosas. Pero ése es el hombre. No olvidemos que el gran Gorki, durísimo crítico de los errores soviéticos, tenía, al igual que Isaak Babel, cierta relación con Yagoda, jefe de la NKVD y uno de los fundadores del Gulag.
Solzhenitsin denigra el papel de octubre del 17 como punto culminante de la revolución. Arguye que la verdadera revolución fue la de febrero, que instaló al gobierno provisional de Kerensky, en cuyas deficiencias el novelista encuentra los gérmenes del posterior ‘golpe de Estado’ bolchevique, brillantemente concebido, eso sí, por la mente de Trotsky, y afianzado por el no menos brillante Lenin. Pero fue febrero la ruptura con el antiguo régimen, no octubre. Afirmación que se puede discutir y que no es necesario validar ya que la historia puede verse desde distintos ángulos sin que uno opaque al otro.


"Agosto 1914", novela monumental de los inicios de la Guerra Europea, carga un dejo de nostalgia, del cual se ha acusado repetidas veces a Solzhenitsin, pero Joseph Roth escribía sobre el Imperio Austrohúngaro con similar melancolía. No es extraño cuando algo sólido termina, porque en la pérdida de esa seguridad, así fuere aparente, viene la resaca de la confusión y la tierra de nadie donde nada crece y nada se crea. Por ello Alejandro Solzhenitsin, hablando de la literatura rusa contemporánea, y justificando el inmenso vacío en Rusia, analiza que las grandes obras han sido creadas en vastos períodos de estabilidad. Si pensamos en el Quijote, sito en una poderosa España, o en el Shakespeare isabelino, o en el multifacético y grandioso Portugal de Camoens, creemos que tiene razón.
 El adiós a Solzhenitsin es un adiós a páginas que surgieron a mediados del siglo XIX, a la autoría y práctica de intensos hombres, gigantes en y por sí. Él pertenece a la esencia de Hugo y Tolstoi, a la estirpe rebelde de Dostoievski y Balzac.



6/8/08
Publicado en Brújula (El Deber/Santa Cruz de la Sierra), agosto 2008
Publicado en Fondo Negro (La Prensa/La Paz), 2008
Publicado en Puño y Letra (Correo del Sur/Sucre), 2008
Imagen: Portada de una edición norteamericana de sus textos breves

9 comentarios:

  1. Ricardo Mena24/11/12

    Gran conciencia política de su tiempo. *Un día en la vida...* me marcó entroncada como está con la herencia de *Memorias de la casa de la muerte* de Dostoievsky. Rusia tiene un problema: forma parte de Asia pero desea ser europea, 'chic', parisina. Hay una bipolaridad en ellos que los acaba por aislar. Y siguen, a día de hoy, igual. Parece que no ha pasado el tiempo por ellos. Lo de Putin es para llorar. *El Maestro y Margarita*, esa sí que es la gran novela antirusa del siglo XX. Bulhákov, el ucraniano!

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  2. De acuerdo, Ricardo. Y claro, la gran novela de Bulgakov, a quien Stalin nunca permitió que se tocara, dentro de ese reducido círculo en que estaban Ehrenburg, Shostakovich e incluso Pasternak.

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  3. Cuando murió Solzhenitsin lo sentí de una manera especial, dolorosa, solemne. Accedí tempranamente a sus novelas gracias a una paradoja de la historia. Eran los tiempos de la dictadura de Pinochet, y el país vivía bajo una feroz censura. Pero Solzhenitsin les servía ideológicamente, pues desnudaba al archienemigo de la dictadura, que era el imperio soviético. De esta forma, sus libros eran accesibles, y estaban en muchos hogares que necesitaban mostrarse favorables a la dictadura. Más tarde sucedió lo mismo con Milan Kundera. Para mí, ambos escritores, contribuyeron a formar mi propia visión del mundo. Fue la primera gran educación.

    Saludos cordiales, amigo Claudio

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  4. Cuando escuché la noticia del fallecimiento de Solzhenitsin, recordé al instante un pasaje de Archipiélago Gulag. Fue una relación muy personal, que quise dejar plasmada en un texto silencioso:

    Una nueva juventud nos cierra el paso

    Una gran estrella se ha apagado.El mundo es desde hoy más obscuro. Algún día me uniré a ese puñado de sombras que han visto y entendido demasiado.

    “¡Dios mío! ¿Habremos llegado realmente tarde para todo? ¿Cómo puede habernos sucedido tal cosa… mientras pisoteábamos el barro con las cabezas de puente, nos acurrucábamos en los embudos hechos por las bombas y nos apretábamos contra los matorrales para ocultarnos del enemigo? ¿Habrá crecido y estallado verdaderamente, entretanto, una nueva juventud? ¿Habrá estallado por añadidura hacia allá…? ¿Allá adonde nosotros no osamos ir… con nuestra educación, diferente de la suya?
    Nuestra generación retorna al hogar, deja las armas, lleva el pecho cubierto de condecoraciones, se vanagloria de sus experiencias en el combate…y, al encontrarse con sus hermanos más jóvenes, advierte en éstos meramente una mueca aviesa: ¡Bah, no sois poco majaderos…!”

    A.Solzhenitsin, Archipiélago Gulag

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  5. No puedo dejar de mencionar el valor de la obra (que por cierto sólo he leído superficialmente, pero conozco su contexto) de Varlam Shalamov, un protagonista, un transcriptor de otra bitácora del horror muy similar.

    O a Ivan Bunin, que sún estando lejos, registró a su manera los efectos de esta convulsión histórica.

    Hoy me deleito con los poemas de Yevtushenko, un poeta tan ruso como universal, y sigo adentrándome en el resto, escarbando en buenas traducciones. Sé que me encontraré con abundantes sorpresas.

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  6. Muy interesante esa relación del pinochetismo y los libros de A.S., Jorge.
    Esos paseos por Rusia en sus letras han sido siempre mis preferidos. A pesar del desasosiego y la desesperanza en muchos de ellos.
    Y qué decir del poderoso Evtushenko...
    Abrazos.

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  7. Muy interesante el texto y los comentarios. Saludos

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  8. Este escritor es inconseguible, lástima porque he leido citas y referencias tan encumbradas. Espero que algún día los dueños de la cultura permitan que ella sea verdaderamente patrimonio de la humanidad.

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  9. Ojalá lo consigas, Mariana. Pabellón de cáncer es una de las grandes novelas de la literatura. Saludos, y a Agostina también.

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