27 de diciembre de 2012

Mimetismo

ENCARNA MORÍN -.

Comenzó esta veloz carrera, allá en mi cabeza un buen día a eso de las seis de la tarde.

Tras darle vida, el personaje se adueñó de mis pensamientos. La encontraba por todas partes, me la tropezaba en el ascensor, en el anuncio de desodorantes, en el escaparate de lencería y hasta en la sección de menaje del supermercado.

Tantas horas compartidas terminaron por convertirla en mi musa. Comencé a observar a través de sus ojos, a medir mis pasos pensando en los suyos. Me impregné de su aroma y a veces de su desconcierto. No he querido dejarla sola, abandonada en el fondo de un cajón. Se merece algo más que una palmadita en la espalda.


Desde que las dos somos una, deambula conmigo, atisba mi horizonte y se plantea mis propias dudas existenciales.

Esta aventura la comenzamos juntas y aún seguiremos en ella. Desafiando temores e inseguridades, compartiendo pensamientos y reflexiones, bromeando acerca de asuntos trascendentales e incluso banalizando sobre temas serios.

Quizá se coló en mi vida sin que casi la percibiera, o posiblemente siempre ha estado ahí, en la voz de todas las mujeres de mi pasado y de mi presente. Incluso estuvo en mi escuela de niñas, sentada en el banquito de madera con tintero, memorizando las consignas de la enciclopedia Alvarez. Viene del pasado y camina hacia el futuro como si dependiera de un fatídico destino, del que le resulta difícil liberarse. Nos hemos cogido de la mano, con la esperanza de caminar hacia adelante sin que vuelvan a sangrar las viejas heridas.

Hay algo ancestral en nuestro devenir que escapa a la razón… la teoría misma bien asimilada sigue escapando a la lógica. Los sentimientos nos han condicionado la vida de generación en generación.

Ella y yo no pretendemos dar respuestas, simplemente planteamos dudas y preguntas. Nos mostramos sin tapujos, al descubierto.

Hacemos una apuesta fuerte por hablar sin censura, dejamos de ser convencionales y adecuadas. Vamos a llamar a las cosas por su nombre y a exhibir nuestros sentimientos y sensaciones, sin sentirnos por ellos vulnerables, ya que nos acompaña la fuerza de la razón.

Dolly es algo más que un personaje: es una manera de ver, sentir, amar, comprender, compartir, sanar heridas, es un grito desgarrado que clama por una vida plena sin dolor, sin mentiras… simplemente es auténtica, aunque su autenticidad parezca irreverente.

4 comentarios:

  1. Anónimo27/12/12

    Está genial Encarna, eres magnífica y Dolly también lo es, comparten belleza, sensibilidad, inquietudes, lo preocupante es que esta simbiosis puede ser explosiva. Habrá que estar atentos a los acontecimientos. No hay que bajar la guardia. Lo aconsejo.
    Chabela

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  2. Mímesis. Autor y personaje acaban fundiéndose.

    Tuve el honor de adentrarme a través de tus palabras en este personaje tan especial, tanto más humano y real que los mismos seres humanos.

    Un abrazo y felicitaciones mi querida Encarna.

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  3. Preguntas:

    ¿Por qué Dolly? ¿Por qué una muñeca destinada a la lujuria? ¿Cuánto hay de la autora en ese personaje?

    Lo que he leído me ha sorprendido gratamente.

    Saludos

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  4. Comenzó siendo un relato corto, que Muzam salvó del anonimato. Dolly es un juego de palabras: ella es la amante, pero se siente un objeto y poco más.
    Ante la insistente pregunta de algunos lectores "¿Y que más pasó?" decidí darle vida. El resultado fue un texto muy peculiar, que ganó al público por su frescura.
    Sin duda, como dice Jorge, al alma del autor se cuela por las rendijas de los textos. Pero lo mejor de Dolly es que refleja diversas almas. Todas de carne y hueso y absolutamente reales. A juicio de los lectores quien más o quien menos, se ha visto identificado en alguno de ellos.

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