9 de diciembre de 2012

No te extraño, nomás me acuerdo

LILYMETH MENA -.

Siempre he tenido la idea de que todas las personas que tienen a bien o a mal cruzarse en mi camino, son solo energías transitorias y que debo absorber de ellas todo lo que pueda mientras tengo oportunidad. He tenido muy claro que nadie llega para quedarse y quizás por ello no sufro por las despedidas, las distancias o los desapegos. 

Los considero total y humanamente inevitables. Se trate de quien se trate. 

Hace algunos años un amigo mío que es muy viejo y muy sabio (si lees esto no te ofendas, solo tu y yo sabemos lo viejo que eres), me dijo que debemos intentar llevarnos siempre bien con nuestros hermanos biológicos. Pues son seguramente las únicas personas que estarán con nosotros a lo largo de nuestras vidas, aun de manera intermitente, y son los únicos que siempre sabrán de donde vinimos. Juro que lo he intentado.

Es como no desear nunca despegarte por entero de tu raíz, como un árbol que quiere andar por el mundo pero no muy lejos del agujero que dejen sus pies cuando se arranque él solo de la tierra.

Es curioso como algunas personas nos dejan sin darse cuenta, una marca indeleble del contacto que hayamos tenido con ellas; aunque con el tiempo lleguemos a olvidar su voz, su rostro e incluso su nombre. Algo nos dejaron que se quedara ahí.

A veces estos “Ángeles” (por llamarlos de alguna manera y a falta de una palabra menos religiosa), nos hacen las cosas duras mas llevaderas, nos muestran algo que no veíamos aun cuando estuviera debajo de nuestra nariz, o nos dejan una lección de vida, de esas que lo cambian a uno para siempre. Es verdad que se aprende de todos, aun cuando no queramos aprender ni sea su intención enseñarnos nada. Son de esas cosas que se dan “sin querer queriendo”.

No se si se deba a la cercanía del fin de año pero la melancolía me atrapa inevitablemente como al resto, recordé que el pasado fue quizá el mas crudo invierno que hayan sentido mi alma y mi cuerpo. Y que no encontrando consuelo en nada y casi en nadie, tuve la suerte de conocer a un hermoso rumano de ojos azules, que con su mal hablado español me decía “bonita”, me acariciaba el rostro y me plantaba un beso sobre el parpado de mi entonces ojo casi blanco.

Siempre he sabido agradecer la dulzura por que nunca la he esperado de nadie.

Este cierre de año me deja un inmerecido saldo a favor. No deteniéndome en la fatalidad de lo que ya no tiene remedio, y sin ninguna intención de elaborar esa lista mental de las cosas que pude haber hecho este año y que no hice, o de las que me gustaría hacer en el entrante, intentando no imaginar lo que será de mi en algún tiempo (por que el futuro no existe y el presente dura tan solo un segundo), me detengo frente a las luces del árbol cubierta por mi pequeña frazada a recordar personas, esa gente que me dejó huella, todos esos seres que parecen ahora tan solo un parpadeo, un destello en la oscuridad, y me vienen tantas memorias, tantos momentos, tantas frases, tantos besos, tantas risas, el sexo, tu sexo, siempre tu sexo, tus ojos tristes y tu uniceja poblada.

6 comentarios:

  1. Hermosa tristeza para este "fin de los tiempos".

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  2. Rolf Ohlendorf10/12/12

    Cómo olvidar, Lilymeth. Cómo mantenernos a flote. Sabias palabras las suyas. Un placer leerla.


    Rolf

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  3. Mmmm no sé, aunque está maravillosamente narrado. Cada uno busca su forma de salvación.

    Saludos

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  4. Suena muy bien, como el paraíso socialista de las emociones. Pero al menos yo no puedo ser así, aunque me esmere. Soy un maldito sentimental y mis batallas internas son feroces.
    Nos defendemos. Nos acorazamos. Pero en el fondo ninguna coraza es suficientemente resistente y los dardos entran igual.
    Un texto formidable, como todos los textos de Lilymeth. La memoria recrea una vida apropiada a la sobrevivencia. Es una autodefensa incomprensible.

    Un abrazo fuerte

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  5. "No te extraño, nomás me acuerdo." Ese lema me funciona, garantizo que sí se puede. He sido capaz de no pretender ser el centro vital de esas vidas y dejarles ir cuando así lo quisieran sin que ello significase para mí un dolor irreparable. Desde muy joven he sido consciente de la muerte como el fin de la presencia de alguien en mis días por lo que eso tampoco me afecta brutalmente. En esta vida quise mucho, quiero en demasía y cuando estoy en ese estado colecciono para mí infinidad de recuerdos que hacen a ese ser inolvidable sin importar si yo tenga o no la misma importancia. Recordar es la mejor forma de amar, de querer y saber reservarse la mejor forma de sobrevivir a las perdidas.
    Hoy sólo lloraría y extrañaría a nomás de cuatro personas.

    Muy buena reflexión para este fin de año que nos pisa los talones Lilymeth! Un abrazo y hasta la que sigue.

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  6. Todo es transitorio. Qué loco que sigamos desesperándonos ante esa certeza. Qué loco que sigamos prometiéndonos ser amigas para siempre, amarnos para siempre, visitarnos siempre. Presumo que esas palabras sólo son para darnos un paz al presente ante la incertidumbre natural del futuro. Muy buen texto, saludos!

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