19 de enero de 2013

Debates americanos

ROBERTO BURGOS CANTOR -.

Uno de los signos que sirve para identificar la época en la cual vivimos es el que representa el estado de insatisfacción. Nadie esta conforme con nada. Ninguna de las propuestas para devolver la esperanza expropiada del imaginario común es suficiente para trazar, otra vez, una ruta a la tierra prometida.

La característica de los tiempos de insatisfacción es percibir todo como provisorio, cierta precariedad del deseo se toma la vida y se acepta la irrealización en su frustrante cotidianidad sobresaltada.

Por motivos que no son ropa de este baúl, me creí lejano al interés o la curiosidad que podían despertar los debates de los Congresos nacionales de nuestras tierras, las arengas presidenciales con sus conmovedoras imitaciones de lo que no se es, las retóricas calenturientas y pendencieras, y ese arrumaco de leyes de honor y deshonor que apenas si leyeron quienes las pagaron.

De un humanismo vanidoso de atropellados latinajos y tiros; después con el lenguaje de tecnologías que la realidad hacía caducas; y ahora con el silencio cínico donde apenas resbala la severidad ilustrada de quienes se oponen o las expresiones escandalosas de los oráculos con medallita; del largo, abundante y vacío palabrerío, se encalló en la postrada orilla de una maquinaria registradora de intereses baratos.

A pesar de esto, vecino es vecino, quise saber de la situación que se presentaba en el país de Miranda y Bolívar, de Bello y Ramos Sucre, de Montejo y la Billos, de Garmendía y González León, Borges y Reverón, Balza y Fina Torres, Margot Benacerraf.

La tal situación se derivaba de la enfermedad del Presidente electo quien, se conjetura, estaría en cuidados clínicos para la fecha de su posesión.

Peregriné por canales de la tv. Me encontré con un reportaje de excelente factura de los argentinos días después del golpe de Estado al presidente Chávez Frías. Pensé que era una repetición para afirmar en el público las ideas del caudillo.

Ansioso de actualidad di con un canal que mostraba el debate en la Asamblea Nacional sobre la situación a propósito del informe del gobierno. Daba cuenta de la ausencia del Presidente para la posesión por motivos de salud.

Me sorprendió que estas cámaras de representación, del pueblo o de la gente o de quienes compran los votos, mantenían la misma exaltada sensibilidad desde los años de la revolución francesa. A punto cada vez de la gritería, conteniendo con dificultad visible la intolerancia, zampando un objeto en la cabeza del orador, ¿orador? linda expresión, en este caso la edición de breviario de la Constitución, me recordó los manuales de Mao, exorcizaban sin matarse físicamente, siglos de incomunicación y diferencias.

América se debate en la búsqueda de la forma que aún no se tiene. Arrastramos la devastación y usamos la máscara de lo que se imita. Escuché con respeto esa discusión que se supone política. Me conmovió que citaron a Jorge Eliécer Gaitán. Y anoté en la libreta de lo inolvidable dos apreciaciones: Una de Chávez, dijo, luchamos por la independencia. Otra, de Diosdado Cabello, hay gente que no se ha dado cuenta que esto es una revolución.

5 comentarios:

  1. Raúl de la Puente19/1/13

    La revolución sólo está en la cabeza de quien la plantea.

    Complejo panorama y excelente texto.

    Saludos

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  2. Bien escrito, solvente. Todos los discursos acaban por disolverse.

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  3. Una espera infructuosa ante una serie de discursos vacíos. Un dejar hacer, a ver si por si acaso pasa algo, talvez, en una de esas. Cualquier cosa es mejor que mover un dedo.

    Notable, estimado Roberto.

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  4. No veo cómo andar con cara y actitud de satisfacción cuando a lo lejos se nota que las cosas andan de mal en peor. Nos caracteriza la insatisfacción.

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  5. Discursos inútiles, palabras vacías. Cuando llega la hora de evaluar los hechos nos encontramos con una contradicción insalvable. La actualidad reflejada por los debates nos desesperan y desesperanzan.

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