4 de enero de 2013

Esa montaña


Por Pablo Cingolani

Esta montaña que está frente a mí mientras la escribo, no me hostiga

Esta montaña, abrazada a la última nube veteada de zafiro impalpable, este día de tormenta que no cesa y ahora que anochece, va anocheciendo, anochece
De tan oscura y tan blanca, esta montaña que brilla y que clama
Atiza las cenizas del alma, las más antiguas, y el fuego vuelve

Y el fuego se hace valle, el valle que se hace ángel,
Ángel que se hace río y va feliz hacia abajo, hacia el destino

Uno la ve siempre allí —siempre estándose esta montaña— tan incapaz de sangrar
Tan lejos de la muerte, tan por si acaso a alguien se le ocurra morir
Que piedra a piedra te va sanando; piedra a piedra la vas escuchando decir
Cada verdad que roe tus pies descalzos, tú andar errando, tu fatiga y tu afán

Es cuando adviertes que esa perpetuidad de la montaña es lo sagrado y nadie jamás podrá desmentirlo

Es cuando te das cuenta que esa montaña, está montaña que está frente a mí mientras la escribo
No sólo no me hostiga, sino que es el centro del mundo

Y que empeñarías dos o tres vidas y todas las vidas que hagan falta, contemplándola
Amando sus abismos, cantándola, cantando a sus abismos y a sus cimas sin nieve

Está montaña que está frente a mí, mientras la escribo y venero, no es cualquier montaña

Dentro de sus entrañas, hecho tesoro, hay un ardor, un dios invencible, imposible de olvidar, hecho de arena y silencio y gloria que se conjugan, que siempre siente, que siempre sentirá

No me pregunten su nombre y menos ahora que se ha vuelto noche y no llueve
Menos ahora que los motivos no importan
Menos ahora que la montaña me está hablando de otros mares, de sus huellas y osadías de montaña

Está montaña que está frente a mí mientras la escribo y adoro como al Machu Katantika, mi cerro guía
No es cualquier montaña
Es mi montaña
Son mis montañas
Mi vida
Hecha cerro
Hecha noche
Hecha piedra.

Dedicado a Leonel Luna (Q.E.P.D.),
allí donde se encuentre

 
Pablo Cingolani Río Abajo, 27 de diciembre de 2012
 
Fotografía: Cordillera Real, Bolivia.

2 comentarios:

  1. Los del este sólo las soñamos. Bello poema.

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  2. Ver el mar y una montaña, lo sueño.. lo deseo.. Es mi meta para este año.

    Me encantó, saludos.

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