24 de enero de 2013

Hay selva


Por Pablo Cingolani

Quisiera darles cincel a estas palabras que escribo
Procurarles vuelo, brío, agregar espesor y belleza
Toda la posible, todo lo suficiente, toda la necesaria
Pero no puedo; me urgen
Me queman en las manos
Tan mansas, tan bravas, palabras.


Palabras que me acucian porque su motivo para escribirlas me subleva
Un compañero está acechado, hostigado, acaso sentenciado
Un compañero está bajo asedio
Y a quien –a quien digo yo y no es un decir
¿A quien no lo rebela eso?
¿A quien no le enciende el alma?
Al menos para buscar ampararlo, así sea con palabras
Así sea con el más mínimo y elemental acto de escribirlo
Así sea porque así debe de ser y por eso lo escribo
Pronuncio tu nombre a los vientos, Johnny –y te escribo, hermano, te escribo
Tan bravas, tan mansas, palabras.


Palabras que yo no quisiera volver a escribir nunca, pero igual las escribo
Palabras que se conjugan tan terribles y sin ángel como violaciones a los derechos humanos en la Amazonía
Pero igual hay que escribirlas


Como hay que escribir sicario, como hay que escribir matón en singular o en plural, como hay que escribir abogado amenazado de muerte, como hay que seguir escribiendo tantas cosas que uno quisiera no escribirlas jamás


Olvidarse de la violencia de arriba, olvidarse de la injusticia, porque ya no existen y no estar obligado a escribirlas


Olvidarse de tantas malas palabras porque la Amazonía es libre, libre de injusticias, libre de violencia, libre de las violaciones sistemáticas y permanentes a los derechos humanos de los más pobres, los más vulnerables, a los que vos defiendes


Siempre los más olvidados, siempre los más humillados


Los nietos o los bisnietos de los esclavos del caucho siguen siendo eso: sombras o invisibles en su propia selva, negados y desconocidos en su propio territorio, con sus propios tapires, con sus propios pájaros, náufragos en su río y con sus peces


Mendigos fugitivos parias en ciudades de donde nadie puede escaparse –y menos ellos, sin tapires y sin pájaros y sin peces; menos ellos sin sus soles y sus lunas de rituales y cacería; menos que menos ellos


Por eso escribo, porque me arrasa el dolor pero no quiero que me invada la tristeza
Por eso escribo, con ardor, con pasión, aunque me duela, aunque nos duela
Por eso te escribo a vos, en este momento tan duro, para conjurarlo, y vos con ellos, y todos nosotros juntos, a ver si lo logramos
A ver si convocamos a todos los jichis del Amazonas y lo logramos
A ver si convocamos al espíritu de nuestra Madre y Padre, el Caquiawaka, y lo logramos
A ver si ellos –que lo dejaron atrás cuando a sus abuelos los volvieron esclavos- lo vuelven a convocar y lo logramos


En la lucha, a veces se gana, a veces se pierde
En la vida, no
Lo que nunca debemos perder son los ideales, los principios y las convicciones
En la lucha, podemos perder un bosque donde antes hubo poesía y fogones
En la vida, no
No podemos perder la memoria ni menos los sentimientos
No podemos perder lo que canta
No podemos perder la alegría
No podemos perder lo que marcha, lo que ha marchado, lo que va marchando, marchista Johnny Cárdenas


Vos sos el compañero de la marcha, de la defensa del territorio y por la dignidad, vos sos mi compañero del compromiso, no el del discurso, no el de los libros, no el de la victoria
Tal vez nunca la encontremos, tal vez nunca haya victoria
Pero al menos que haya vigor, que haya valor
Al menos que haya vida


Si hay vida, puede que haya victoria, si acaso la buscamos, si acaso la queremos
Si hay vida, lo que seguro habrá es libertad –porque la llevamos dentro y de adentro, de adentro de nuestra serranía, de adentro de nuestro curichal, nadie puede nunca quitarte nada


Si hay vida, hay camino
Hay la voluntad de un camino
Y si hay camino, si caminamos juntos, si lo seguimos haciendo, hay todo


Hay huellas que seguir, compañeros que acompañar
Hay compañeros que encontrar, compañeros que aún no han nacido, compañeros que aún no encontramos
Hay derechos que respetar y hacer respetar
Motivos que celebrar


Hay fiesta, hermano
Una fiesta inmensa como nuestros sueños
Hay Amazonía
Una Amazonía verde como la esperanza verde del cedro verde
Hay selva por la cual luchar -¡aún está la selva!


Hay selva
Tan brava, tan mansa, como las palabras
Hay selva.


Pablo Cingolani Río Abajo, 24 de enero de 2013

4 comentarios:

  1. Gracias a tí, por tu grandeza, porque sabes valorar a los tipos que merecen ser valorados, porque amas las causas justas y luchas por ellas.

    Contigo en todo, hermano, y con Johnny, y con todas tus causas, que también son las mías, las nuestras, las de demasiada gente que está entre atreverse y no atreverse.

    Por acá no hay religión a quien encomendarse ni nada de esas vaguerías, ni policías ni organismos internacionales, sólo nuestras manos, nuestro deseo, nuestra convicción y nuestra voz, para decir que nada le pasará a Johnny, y si algo le pasa, desnudaremos a sus victimarios y sus por qués hasta en la luna.

    Un fuerte abrazo mi querido hermano.

    ResponderEliminar
  2. Las palabras que escribe dicen más de lo que se puede leer, creo que dicen lo que siento pero también intuyo que mucho más. Maravilloso escrito, saludos.

    ResponderEliminar
  3. Conmovedor. Gracias por este escrito.

    ResponderEliminar

*