3 de enero de 2013

Valentino Babosi: el piropeador de la calle 9 de julio

EDUARDO MOLARO -.

/ Del Atlas Desmemoriado del Partido de Lanús

En la actualidad la institución del piropo parece ser un arte perimido. Acaso la masividad de la televisión y la escasa lectura de textos edificantes haya reemplazado aquella galantería por groserías tales como ¨¡Gorda, te chupo toda!¨, ¨Nena! Con esa delantera ganamo' el campeonato!¨ o el groseramente metafórico ¨¡Vení que te hago un camisón de baba!¨. 

Sin embargo, en los arrabales de un pasado no tan lejano, existía un personaje que del piropo hacía un culto y una razón de existir: Valentino Babosi.

Valentino había nacido en Italia, pero desde muy pequeño fue traído a Lanús. Nunca supo hablar una palabra en su lengua natal, pero sin embargo supo ostentar un sapiente manejo de la lengua española al sólo efecto de saber destinar sus elogios a las damas que ameritaran recibir un piropo de propia boca de Valentino.

Cada tarde se posicionaba frente a la misma galería comercial para ejercer su noble y gratuito oficio.

Al pasar un señorita rubia uno recuerda un clásico de Valentino: ¨Los trigales fenecen de envidia ante el oro ensortijado que cae sobre el edén de su espalda, bella señorita¨; o cuando una muchacha morena desfilaba frente a la mirada de Valentino, era tradicional que de los labios del galante floreciera un ¨¿Quién pudiera ser el artesano que con mano gentil convirtiera ese noble ébano en la obra de arte que se presenta hoy ante mis admirados ojos?¨ 

Algunos dicen que las damas pasaban de exprofeso por allí para sentirse halagadas, por vanidad o simplemente para levantar una autoestima que besaba los mosaicos.

Los pibes de La Barra triste admiraban a Valentino. Sospechaban que cumplía algún bello designio de las autoridades del Barrio Celeste.

La fama de Babosi comenzó a trascender y un día un editor ambicioso lo obligó a publicar algunos de los piropos más notables de Valentino. Aquel libraco se conoció primero como  Un susurro admirado, pero el editor no le encontraba mucho ¨gancho¨ a ese título y lo modificó por Pa´endulzarte los oídos. Después de dos meses con escasas ventas, el editor volvió a cambiar el título al que ahora llamó ¿Sabés lo que te haría, mamita?  A partir de allí las ventas mejoraron notoriamente, pero Valentino se sintió ofendido y renunció a la autoría.

Nuestro galante empezó a experimentar los cambios generacionales. Ya las damas no reparaban tanto en sus melindrosas palabras. Un ¨Cambiaría las anchas avenidas de todo mi pasado por un solo minuto en los senderos de tu alma¨ era calificado por las jovencitas como un gesto de viejo baboso, mientras saludaban con beneplácito expresiones más juveniles como ¨Qué hermoso ojete que tenés, bombonazo!¨. 

Sin embargo, Valentino insistía y cada día mejoraba su lenguaje un poco más. Buscaba todas las formas eufemísticas posibles para expresar una idea elemental del modo más edificante.

Pero los hechiceros de la calle Oyuelas ya lo habían sentenciado y tenían su jugada preparada.

Una tarde pasó frente a Valentino la Mujer Más Hermosa del Mundo. Sus caderas invitaban al pecado, su rojo cabello señalaba en su descenso los caminos de la perdición y el desenfreno; sus labios brillaban carnosamente en un rostro misteriosamente artesanal. Valentino no pudo contener su vocación y despachó uno de sus piropos más logrados:

- ¨El cielo de tu boca es un infierno… al que habré de condenarme si es preciso¨

La dama susurró un ¨deseo concedido¨y besó a Valentino, cuya figura –mientras era besado se fue desvaneciendo hasta desaparecer por completo. Dejando una tenue humareda, también se desvaneció la bella figura de aquella mujer infernal. Era Salomé, un ángel caído que cumplía siniestras comisiones para los Hechiceros de la calle Oyuelas.

Nunca nadie volvió a ver a Valentino. Se dice que cumple tareas indecorosas en los infiernos de Valentín Alsina. Otros dicen que su castigo fue mucho peor y que purga la tediosa condena de ser bufetero en el Club Banfield.

Y ya nadie se para frente a la galería comercial a decirle bellas cosas a las damas, porque acaso el piropo galante haya pasado a ser casi un anacronismo.

Sin embargo, cada tanto, alguno de los muchachos de la barra triste aparece detrás de una muchacha para susurrarle sus oscuras intenciones pero con dulces palabras que bien suenan a poesía.

A lo mejor -quién sabe- alguna vez una de esas chicas que no nos comprenden se apiade de nosotros y nos regale ese beso redentor que nos libre por fin de la muerte y el olvido.

Será cuestión de insistir con nuestro ¨Mi boca ansía desveleda descender tus serranías hacia el valle de tu goce más profundo¨... y por las dudas, llevar siempre con uno las nuevas y toscas técnicas de un a veces efectivo ¨Te parto en cuatro, negra hermosa!¨.


Fotografía:  Ruth Orkin

5 comentarios:

  1. O sea, si le dices algo hermoso a una mujer, probablemente te conviertas en una leyenda de su memoria. En el diablo que metió su cola en sus sueños inconfesables. Y la metió para siempre, porque al hacerlo alentó la gracia de sentirse viva, plena y luminosa, y esa sensación no la olvidará nunca. A menos que sea muy grosero el aliento.

    Como siempre, único en su estilo, amigo Edu.

    Un abrazo grande

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  2. Muchas gracias, Amigo Jorge! Yo dejaría para la intimidad las palabras puercas. Como miembro exiliado de aquella Barra triste, prefiero seguir cultivando el melindroso arte de Don Valentino.
    Las mejores damas son las que simulan creer en las bellas palabras y luego actúan como la lujuria manda.

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  3. Leo piropos y me acuerdo de las guarangadas.. qué mal.. me estoy olvidando de los clásicos que son los que valen la pena recordar.

    Comparto con uds. los que encontré en Google a modo de rescate emotivo.

    - Adiós corazón de arroz el año que viene me caso con vos.
    - No camines por esa vereda que el sol derrite los bombones.
    - Andá por la sombra que el sol derrite los bombones.
    - Quisiera ser lágrima para nacer en tus ojos, rodar en tus mejillas y morir en tu boca.
    - Si la belleza fuera pecado no tendrías perdón de Dios.
    - No cierres los ojos que se me apaga la luz.

    Muy bueno tu relato Edu, abrazos!

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  4. El trabajo del editor me recordó una realización de la TV chilena, la que llevó a un grupo de trabajadores de la construcción, famosos por los piropos que gritan desde los andamios a las niñas que suelen pasar cerca de ellos mientras están laborando,con el objetivo de que mostraran sus habilidades al público televidente.El resultado: UN DESASTRE.Piropos totalmente faltos de ingenio,sin gracia y carentes de poesía.Parece que el mérito está en lo espontáneo del piropo

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    1. Sucede que Valentino era talentoso y no un impostor. Acaso por ello lo suyo era un arte.

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