4 de marzo de 2013

La montaña y yo


Por Pablo Cingolani

Me hundo en la montaña

Que está allá afuera

Y me ampara


Es de noche

Noche negra y sin estrellas

Pero no tenemos miedo

Porque estamos juntos


Voy, me hundo, somos uno

Ella me va contando

Sus sueños de piedra

Sus sueños de cosmos

Sus sueños inmóviles, de eternidad


Estoy, somos dos

Yo le cuento de mis sueños

Mis sueños de nómade

De mis andares, de otras tierras

A ella que está siempre allí

Que siempre se estará allí

Para ampararme


Cuando cantamos

Cuando le cantamos a los sueños

Ella canta siempre más fuerte

Con voz de grieta amable


Cuando bebemos agua ardiente

Ella recuerda, la nostalgia se entra

Por sus abismos y peñas


Y se acuerda del primer hombre que vino a verla

Y que ese hombre era su amigo

Y que volvía siempre

Hasta que un día, no volvió más


Ay, me dice, mirá las cosas que te cuento…

Entonces, cerramos los ojos, los apretamos fuerte

La montaña y yo

Y nos abrazamos

Y sentimos esto:


Que ese hombre

Que aquel hombre

El primer hombre

Ese hombre que amaba a la montaña y un día partió

Cumplió su destino de hombre


Que ese hombre

Son todos los hombres

O deberían serlo


Y que cada montaña es singular y es preciosa

Y que nos recuerda, habita y ampara

En sus sueños inmóviles

En sus sueños de eternidad.



Pablo Cingolani
Río Abajo, 3 de marzo de 2013


Nota: el ajayu de este poema está inspirado en otro poema de Carlos Drummond D´Andrade, para quien va, allí donde se encuentre, todos mis respetos y agradecimientos.






2 comentarios:

  1. Finalmente el hogar, el que todo lo escucha, comprende y ampara. Bello poema.

    Saludos

    ResponderEliminar
  2. Es nuestra propia iglesia, querido amigo. Ahí dialogamos, muy a nuestra manera, con el universo, y agradecemos la maravilla de existir contemplando tanta solemne belleza.

    Un abrazo fuerte.

    ResponderEliminar

*