31 de marzo de 2013

Porque escriben

GONZALO LEÓN -.

Uno puede dedicarse a escribir seriamente por muchas razones: fama, reconocimiento, dinero, vocación, amor a la literatura, ego. Y todas estas razones son igualmente válidas, pese a que haya personas –críticos, estudiantes de literatura o escritores– que señalen que escribir por dinero sea algo asqueroso y que los Pablo Simonetti o Isabel Allende deberían ser colgados en alguna plaza pública. La fama va de la mano del dinero, porque todas las personas que tienen dinero en esta sociedad son importantes y por tanto famosas. La calidad de un escritor –y ojo que hay muchos escritores mejores que los ya nombrados– no tiene nada que ver en esto. Va por otro carril. Pero muchas veces los escritores que aspiran a reconocimiento y que han hecho una carrera hacia allá se molestan con estos escritores de mercado, que son leídos por grandes masas y admirados, y que –quizá aquí radique la verdadera molestia– poseen dinero.

César Aira cuenta en “Fragmentos de un diario en los Alpes” que Julio Verne, uno de los primeros escritores masivos de la historia de la literatura, estuvo obsesionado con ser reconocido por “sus méritos literarios… Así fue como abordó temas más de ‘adultos’ y enfoques menos didácticos”. La historia era sobre una mujer invisible. El título de la novela fue “El secreto de Wilheim Storitz”,y Verne se demoró poco más de dos meses en escribirla, pero la corrección le tomó varios años más. Cuando por fin la concluyó, la envió a su editor, pero a los pocos días Julio Verne falleció. Y como la idea del editor era seguir sacándole jugo a Verne, le propuso a Michel, el hijo del escritor, algunos cambios; porque “el editor parece haber temido herir susceptibilidades religiosas”. Como ven, cuando los escritores de mercado quieren salirse del carril, los editores están ahí para encauzarlos.


Como escritores de mercado hay escritores serios, con talento y con una obra desarrollada a lo largo de los años. César Aira es uno, Hemingway fue otro (aunque él también cayó en las tentaciones del dinero al publicar “¿Por quién doblan las campanas?”, su primer supertiraje) y Germán Marín, el mejor escritor chileno junto a Diamela Eltit. Hace unos meses me tocó ir a una premiación en la Municipalidad de Santiago. Al lado mío estaba sentado Germán Marín, quien durante toda la ceremonia estuvo pendiente de José Luis Rosasco, el maestro de ceremonias. Yo hablaba con Marín y me sorprendía que le molestara tanto la presencia de Rosasco. Así es que le pregunté a qué se debía eso. “Mira muchacho, huevones como él no habrán matado ni torturado a nadie, pero se beneficiaron de la dictadura”, recuerdo que dijo. En ese momento le encontré razón, pero luego pensé y cuál es el beneficio que se puede tener siendo escritor: ¿dinero, fama, reconocimiento? Observé a Rosasco y me di cuenta de que a lo más tenía un poco de dinero, pero nada más. De hecho a la semana siguiente me tocó ir a otra ceremonia de entrega de premios, en la que Rosasco y yo éramos jurados, y cuando habló la típica autoridad de gobierno no supo pronunciar bien el nombre de Rosasco, y le dijo “Roscano”.

No quiero defender a “Roscano”, aunque a decir verdad me da un poco de pena. Sabe que el medio literario le es hostil. Él puede ser un mal escritor –de hecho yo creo que lo sabe–, pero no es ningún huevón. “Roscano” es un escritor de derecha, y en un país como éste, esto sólo demuestra su vocación. Pero igual hay otros escritores, no Marín, que lo juzgan y lo señalan diciendo “ese huevón escribe mal”. Decir que un escritor de derecha escribe mal no es ningún riesgo, es un lugar común que podemos compartir todos. Pero decir, por ejemplo, que Mariana Callejas es una buena escritora y que debería ser reeditada para recordar desde “el otro lado” lo que significaron la detención arbitraria, la tortura, la desaparición, es otra cosa.

Sin embargo, entre medio de las críticas a “Roscano”, a Callejas, y a muchos otros, puedo atisbar de dónde vienen las piedras. Y quienes las lanzan pueden ser aspirantes a escritor, escritores mediocres, escritores buenos: novelistas que, en el fondo, quieren abrirse paso en medio de lo que consideran mal escrito, carente de vuelo, muy chileno, sin lecturas, con poca prosodia.

Aunque muchos no lo crean, hoy el principal requisito para ser narrador no es contar buenas historias, sino contar con buenos codos. La calidad no es un valor. Por ejemplo: a mí me gusta X, lo comentas en una mesa, y no faltará quien te salga con que “sí, pero quién es X”. Del mismo modo, un escritor Y es mal criticado, y se te ocurre comentar la crítica al cretino, y te sale con que “bueno, pero tú aún le sigues creyendo a esa crítica”. Podrías argumentar que X es bueno por esto, por esto y por lo otro, y el mismo cretino te diría que “el problema es que no vende”. Y como ese mismo cretino es el que ataca a los escritores que venden, se lo recordarás y él te dirá que “un escritor no debe vender veinte mil ejemplares, pero debe ser capaz de vender al menos mil, ¿o no?”.

Ante este escenario, quiero anunciar que me margino. No me interesa entrar en discusiones por qué uno sí, y por qué otro no, sino simplemente sugerir que sería mejor dedicarnos a escribir, cosa mucho más difícil y provechosa. Después de todo de eso se trata el oficio.

Publicado en el blog del autor el 31/03/2011

3 comentarios:

  1. Un buen escritor debe escribir por compulsión, habrá de exigirse tener un poco de autodisciplina para organizar su producción y no más. El reconocimiento en el mundo de las letras es algo muy difícil de señalar dada la dispersión de los lectores y la torpeza de los que están llamados a criticarles y categorizarles. Es vital para el escritor no convertirse en escribiente y jamás dejarse direccionar por las necesidades del mercado, si el exito llega o no no será consecuencia directamente proporcional de su talento. La vida no es justa, ni con ellos ni con nadie.

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  2. La verdad es que hay escritores muy malos que tienen lo que nunca tendrán otros que destacan y deslumbran cuando publican por su cuenta.
    Yo no me quejaría con Allende, me quejo por las superventas de Cohelo y Bucay que son 100% autoayuda- autoengaño.

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  3. Es cierto que un buen escritor escribe sus cuentos o novelas y abrasan una bohemia tan real como literaria. Por ello estoy:

    Estoy promoviendo la obra literaria de un escritor insólito e irreverente puede visitar el portal donde está su obra literaria http://www.bookrix.com/books;user:jesusicallejas.html

    Visita el portal donde puedes bajar gratis su trabajo literario.

    He encontrado a este escritor marginal en esta época llena de prebendas, un escritor iconoclasta e irreverente con un lenguaje exquisito, conocedor tanto de literatura como de cine, lo cual se ve a través de su obra literaria. He tenido la suerte de subir a la red todo su trabajo literario y varios tomos sobre reseñas y anécdotas de cine. Quiero compartir con ustedes al que es , según los conocedores de la literatura aquí en la Florida, uno de los mejores narradores de la lengua española en el sur de Estados Unidos. Les regalo el enlace de su obra literaria por si quieren visitarla.

    Gracias por tomarsen el tiempo de leer este mensaje de prensa y por visitar el portal.

    http://www.bookrix.com/-jesusicallejas/

    Luz E Macias

    Escritora y editora

    http://www.bookrix.com/search;keywords:luz%20e%20macias,searchoption:all.html

    Cito Este nuevo Callejas que escribe en español es un escritor audaz, de garra y de profunda vocación, cuya pasión por la escritura impregna cada palabra, cada cláusula, cada apretada página. Un escritor que sufre un nuevo "mal del siglo" y, como aquel de Muset francés del siglo XIX, abraza una bohemia tan real como literaria. Un autor cuya labor creadora revela una no menos intensa y cultivada amargura que la del poeta. Aquí el vocablo "cultivada" puede leerse de dos maneras; porque este escritor cubano desterrado es hombre "de varia y voluptuosa lectura", como dijera Lezama Lima de sí mismo, y porque en sus relatos el sedimento amargo de la experiencia (y de lo imaginado) está plasmado con la minucia amorosa de un jardinero que irriga puntualmente sus "flores del mal" .

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