14 de marzo de 2013

Prostitución al servicio público

GONZALO LEÓN -.

Los discursos públicos sobre la prostitución en Argentina son tan cambiantes que uno ya no sabe qué pensar. En julio del año pasado la Presidenta Cristina Fernández prohibió el rubro 59, que permitía difundir publicidad de escorts y prostitutas en los medios de comunicación. Muchos aplaudieron la medida, porque consideraron que cuando hay prostitución se abre la puerta para el trabajo esclavo; sin embargo las organizaciones de trabajadoras sexuales rechazaron la medida porque les impedía, según ellas, continuar laburando de manera independiente, esto es sin cafiches o intermediarios.


El tiempo pasó y hace un par de semanas el municipio de Comodoro Rivadavia, perteneciente a la provincia de Chubut, anunció a través de su directora de salud su deseo de reglamentar la prostitución en la ciudad, con el fin de generar un atractivo “turístico” para así posicionar a la ciudad como la Ámsterdam de América Latina. Según señaló la funcionaria, “hay muchos países que generan estos espacios que desarrollan los aspectos turísticos, como Holanda”. En otras palabras, por un lado se prohibía la publicidad en los medios de comunicación y por otro se creaba un barrio rojo y se promovía la prostitución en una provincia gobernada por un kirchnerista. Confieso que no entendí el cambio de opinión o la incongruencia, y más aún cuando la misma funcionaria detalló los alcances del proyecto: “Legalizar la prostitución, blanquearla. Y ponerle el marco sanitario que necesita para proteger desde el aspecto de la salud y lo social a quien ofrece sexo retribuido y a quien lo consume”.

Intuyo que las organizaciones de trabajadoras sexuales podrían estar de acuerdo con la medida que se lanzó desde Comodoro Rivadavia, pero como es sólo una intuición, recurro a la memoria para recordar que el gobernador de esa provincia (Martín Buzzi) fue uno de los primeros en anunciar la quita de las concesiones de yacimientos petrolíferos a la empresa YPF, con el argumento de que era necesario “recuperar la soberanía” de esos yacimientos. Me pregunto entonces qué querrá este intendente (equivalente a un alcalde en Chile) recuperar con esta medida: ¿la soberanía del comercio sexual? ¿Está al tanto el gobernador de esto, comparte el anuncio? Sé que el kirchnerismo es pragmático y lo que ayer fue bueno hoy puedo ser malo y viceversa. Sin embargo, el asunto sigo sin comprenderlo del todo.

Bueno, pero quizá al tratarse de una ciudad de 175.000 habitantes, emplazada en la Patagonia, con una población con inmigración sudafricana (bóeres u holandeses instalados en África) sea una explicación. Claro, ¡ahí está! La influencia bóer es lo que ha llevado a las autoridades de esta ciudad a intentar convertirse en la Ámsterdam de América Latina. Es una vuelta a los orígenes, por así decirlo, con un leve golpe de tirabuzón. Como cuando uno entierra el sacacorchos y luego tira y abre la botella. O quizá no, y haya otra explicación.

En su último libro (Wachiturros, editada por Spiral Jetty) el escritor argentino Alejandro Rubio constata en relación al rubro 59 que “en la red puede comprobarse que la oferta de servicios sexuales, lejos de desaparecer o bajar, subió”, pero luego se hace la pregunta de por qué existe el negocio de la prostitución y por qué su proletariado, las prostitutas. Para Rubio el negocio satisface una necesidad masculina; sin embargo no es la de tener sexo -ya que muchos hombres casados o con pareja acuden a ella-; el negocio consiste en vender “una situación en la que el hombre puede explorar su tenebrosa sexualidad en condiciones controladas, exentas de las presiones de la concepción y el reconocimiento intersubjetivo, de la familia, la obligación de sostener una casa, el amor y sus difusas exigencias y displaceres”. Por último Alejandro Rubio se plantea la interrogante de cómo se puede proteger a este proletariado y responde que por la vía legal es imposible, ya que para ello habría que obligar a lúmpenes y policías a respetar una regulación en la que ellos participan; en el “servicio” que cobra la prostituta va incluida la protección del lumpen como del policía. La única salida para este escritor es entonces “estatizar el negocio de la prostitución y poner a las prostitutas en la situación de los empleados públicos”.

Rubio, un peronista de corazón y de mente, escribió esto antes de que Ernesto Laclau, asesor de la Presidenta, pusiera de moda la palabra soberanía como sinónimo de estatización. En términos kirchneristas lo que plantea ahora podría escribirse en estos términos: hay que recuperar la soberanía del deseo sexual o algo así. Y vaya que es importante esto, ya que quien controla la satisfacción del deseo sexual controla el ánimo de una sociedad. Bueno, y ya sabemos las revoluciones que se han hecho con el ánimo bien arriba.


Publicado en el blog del autor el 27/04/ 2012

No hay comentarios:

Publicar un comentario

*